El aspecto de un bebé recién nacido

La apariencia y el aspecto del bebé tras su nacimiento

Las leyes de la genética son complejas, sí, pero tienen una lógica. De qué color serán los ojos del bebé: ¿Marrones como los de su padre o azul claro como los de la madre? ¿El bebé heredará también tus pecas o el carácter alegre de su abuela? Nuestro cuerpo está formado por millones de células de tamaños, formas y funciones muy diversas, pero cortadas por un mismo patrón: todas tienen un núcleo y un citoplasma (todo lo que hay dentro de la célula excepto el núcleo). El conjunto está rodeado de una membrana. ¿Qué hay en el núcleo? 

El parecido del recién nacido con sus padres

El aspecto del bebé recién nacido

Los 46 cromosomas propios de la especie humana (22 pares idénticos más 2 cromosomas sexuales). Los cromosomas están compuestos de un filamento que discurre como un largo hilo en espiral. Esa larga molécula está hecha de una sustancia llamada ácido desoxirribonucleico, más conocido por su abreviatura: ADN. La cadena de ADN de un humano está formada por segmentos de entre 30000 y 40000 genes.

Todo se decide en el momento de la fecundación. Cada célula sexual tiene 23 cromosomas, es decir, la mitad de los cromosomas que poseen las demás células humanas. En la fecundación, los 23 cromosomas de tu óvulo se unen a los 23 cromosomas del espermatozoide del futuro padre. Esa fusión produce una combinación totalmente única de 46 cromosomas, surgida de entre las miles de millones de combinaciones genéticas posibles. Por eso ningún miembro de tu familia es el retrato idéntico de uno de sus padres o una réplica exacta de su hermano o de su hermana... excepto en los gemelos monocigóticos o idénticos, que proceden de un solo huevo compuesto por los mismos 46 cromosomas.

El color de los ojos del bebé

Los cromosomas van siempre de dos en dos: uno se hereda del padre y el otro de la madre. De modo que la mitad del patrimonio genético de tu hijo procede de su padre y la otra mitad de ti. Cada uno de vuestros genes está pues presente por partida doble. ¿Quién ganará? Tomemos, por ejemplo, uno de los temas más discutidos en cuestión de parecidos: el color de los ojos. Supongamos (¡simplificando!) que tu hijo hereda el gen paterno del color marrón y el gen materno del color azul. Hay más posibilidades de que sus ojos sean marrones, ya que el marrón es un carácter “dominante” y el azul es “recesivo” (porque no puede transmitir su mensaje, en este caso, el color azul). Si los dos tenéis los ojos marrones, reforzaréis ese carácter dominante. ¡Pero las sorpresas existen! Remontaos en la ascendencia familiar y acabaréis por encontrar un antepasado de ojos claros que podría haber dejado en herencia el gen portador del color azul que habéis transmitido al bebé. De modo que, aunque todo el patrimonio genético del hijo procede de los padres, es perfectamente posible que un niño no se parezca a sus progenitores. Pero, aún así, es por fuerza depositario de todos los caracteres de las generaciones que le han precedido.

La herencia genética de los bebés

Por supuesto que no, pero el debate entre lo innato y lo adquirido no está ni de lejos resuelto. Si en lo que a los caracteres físicos se refiere es relativamente fácil determinar la parte de responsabilidad que corresponde al ambiente y la que es fruto de los genes (la práctica de un deporte, por ejemplo, puede modificar la corpulencia de un niño cuyos padres tienen tendencia a engordar), en cambio es mucho más difícil establecer el papel respectivo de esos dos componentes en las funciones mentales. El ejemplo más citado en este terreno es el del pequeño Juan Sebastián Bach, en cuya familia había ¡más de cuarenta músicos! Para algunos, los Bach demuestran que existe un “don de la música”. Otros, en cambio, consideran lógico que un niño rodeado de músicos desarrolle su gusto y su oído de forma favorable a la armonía.

Por Marie Auffret-Pericone con el Pr Stanislas Lyonnet.

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