Proteger los ojos de los niños del sol

En verano se habla mucho de insolaciones, de quemaduras en la piel, pero menos de los efectos nocivos del sol en los ojos, especialmente delicados, de los niños.

De toda la radiación solar que atraviesa la atmósfera y llega hasta la Tierra, solo percibimos los rayos que nos dan luz y calor. Pero los rayos infrarrojos y los ultravioletas, los más nocivos, no dejan de estar ahí por mucho que no los sintamos, y su energía es superior a la de los rayos visibles. Cuanto más “bombardean” nuestros ojos, mayor es el peligro de estos rayos, que alcanzan su máxima actividad entre las 12 del mediodía y las 4 de la tarde en verano.

Rayos UV en 3 frentes

Los rayos ultravioletas, como todos los rayos del sol, llegan a los ojos de 3 maneras: el ataque directo contra nuestra pupila, de forma difusa cuando son filtrados por las nubes o la bruma y a través de la reverberación desde las superficies que, como el agua o la arena, los reflejan.

Lesiones en 2 tiempos

Los rayos infrarrojos son de efecto inmediato. Queman instantáneamente la retina. Las consecuencias de los ultravioletas, por el contrario, tardan más en aparecer. Pero unos y otros provocan daños tanto en la zona externa, como en el cristalino, o en el fondo de ojo, cuyas consecuencias aparecerán en la edad adulta en forma de cataratas o degeneración de la retina. Un reciente estudio americano, realizado entre 5 000 personas de entre 45 y 75 años, ha demostrado que quienes durante su juventud se exponen durante mucho tiempo al sol sin protección sufren el doble de problemas de retina que los demás. Resulta imprescindible, por tanto, proteger los ojos de los niños cuanto antes. Una precaución más importante aún debido a que la capa de ozono que filtra los rayos UV se está debilitando y disminuye.

Los tres “puntos débiles” de los ojos de los niños

· El cristalino. Apenas filtra los rayos del sol: antes de los 10 años deja pasar casi el 75% de los rayos UV. · La pupila. Más dilatada que la de los adultos, deja pasar fácilmente la luz. · Fondo de ojo. Muy claro, se va pigmentando con los años. Esa pigmentación, como el bronceado de la piel, actúa de pantalla protectora. Por eso los niños necesitan, más que los adultos, una protección eficaz, especialmente los rubios de ojos claros. La gorra con visera no es suficiente: no protege de la reflexión de los rayos.

Cinco medidas contra los UV

Para escoger unas buenas gafas de sol para los niños hay que tener en cuenta unas sencillas recomendaciones: 1) Asegurarse en una óptica de la calidad de las gafas. Todos los cristales solares no filtran correctamente los UV. 2)Elegir cristales que lleven la marca “Filtro UV”. 3) Verificar que las gafas llevan el indicativo CE y la categoría de protección, de 0 a 4. Los índices 3 y 4 están especialmente indicados cuando hay mucha luz. 4) Añadir un filtro UV a los cristales de las gafas correctoras, si el niño tiene que llevarlas. Así tendrá un único par válido para todo. 5) Elegir una montura que proteja bien, para evitar que los rayos UV pasen por los lados.

Cuidado con el plástico

Una superficie transparente tintada no es garantía en absoluto de filtro solar. Unos “cristales” de plástico (no confundir con lente orgánica) pueden ser más peligrosos que la falta de gafas: molesta por esta pantalla, la pupila se dilata desmesuradamente para buscar luz y deja así pasar una cantidad aún mayor de rayos nocivos.

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