¿Qué ventajas tienen para los bebés los juguetes para apilar?

Jugar es fundamental para su aprendizaje. Con estos juegos aprenderá...

Cubos, vasos, anillos, ladrillos... A partir de los 3 meses, a tu bebé le gustarán los juguetes para apilar. Pero antes de convertirse en un auténtico constructor, irá explorando todas sus facetas.

La atracción del color y las formas

Cubos, vasos, anillos… lo primero que llama la atención de tu bebé cuando ve los juguetes para apilar son los colores y los contrastes que atraen su mirada, y sus formas geométricas, que provocan su curiosidad. De modo que puedes ponerlos enseguida en su campo de visión. Aún es demasiado pronto para que los manipule, pero, a partir de los 3 ó 4 meses, podrá coger los que tenga a mano.

El deseo de pasar a la acción

Hacia los 6 meses, tumbado de espaldas o sobre el vientre, en su alfombra, y rodeado de juguetes, tu bebé va a descubrir que merece la pena desplazarse para alcanzar esos objetos grandes de colores que tiene al alcance de su mano. Para cogerlos, extenderá el brazo o hará un movimiento de cadera para ir a su encuentro. La palma de su mano se apoyará en el objeto deseado y tu bebé recuperará el reflejo innato que en cierto modo había perdido: apretar fuerte cuando un objeto entra en contacto con la palma de su mano. ¡Puede agarrar un objeto!

Juguetes para descubrir también con la boca

Cuando tu bebé ya sea capaz de coger con las manos objetos para apilar, seguro que se los llevará a la boca. Sus papilas, que son muy sensibles, descubrirán todos los detalles de esos juguetes: su superficie lisa, sus bordes redondeados, sus pequeños relieves… ¡son descubrimientos apasionantes!

Atrapar, soltar, tirar… ¡cuántos progresos!

Si coger los objetos forma parte de los reflejos innatos de tu bebé que posee desde que nace, hacia los 10 meses, entra en una etapa en la que coge y suelta los objetos de forma voluntaria, realizando un movimiento totalmente consciente. Está progresando. Después del “soltar” vendrá el “tirar”, un gesto fascinante para tu pequeño, que aún no lo domina totalmente.

Su primera torre… paciencia.

Le enseñas cómo se meten los anillos por esa divertida barra con un gran redondel en el extremo o el cubito rojo en el azul, más grande. Pero hasta pasados unos meses (hacia los 12-18 meses) no se interesará por imitarte.

Un día, por casualidad, mete el cilindro gordo rojo en el enorme cubo azul… y el cubo pequeño verde sobre el cilindro rojo. ¡Anda! Eso le recuerda algo que te ha visto hacer y le interesa. Entonces empieza a intentar apilar y derribar. Al poner el cilindro verde y hueco sobre el pequeño cubo rojo, este último desaparece. Y colocando el cubo naranja sobre esta torre… todo desaparece.

Por supuesto, el niño lo intentará una y otra vez, porque le encanta aprender por sí mismo, pero sobre todo nos va a observar, hasta que comprenda el mecanismo. Como en cualquier aprendizaje, todo es cuestión de trabajo y paciencia.

Pero una vez hecha la demostración, déjalo que experimente por sí mismo. Si consigue montar correctamente dos cubos uno sobre otro o encajarlos perfectamente, manifiesta tu entusiasmo: “¡Muy bien, lo has conseguido!”. Pero no intervengas, sus intentos –si realmente ha decidido construir la torre, aunque puede que tenga intención de hacer algo muy diferente con el juguete- le enseñan mucho más sobre “cómo funciona el mundo” que el ejemplo de su mamá (o de su papá) que encaja perfectamente los cubos.

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