¿Por qué hacen estas 17 cosas los bebés?

Descubre 17 cosas sorprendentes sobre los bebés. Son normales, ¡no te asustes!

Es mejor que lo sepas: los bebés babean, bizquean, saben contar y son capaces de hacer muchas otras cosas sorprendentes. Para saber reaccionar positivamente ante todas las sorpresas que te reserva tu bebé, más vale estar prevenida…

1. Los bebés pueden tener acné

El acné puede aparecer durante los primeros días de vida y persistir durante varias semanas. Se asienta sobre todo en los pómulos y, a veces, en la frente y el mentón. Lo padecen más los niños que las niñas. La culpa es del nivel de hormonas maternas que desciende progresivamente en su sangre. Debes lavar la cara del bebé con agua y jabón de pastilla, enjuagar y secar. En ningún caso hay que explotar esos granos, porque podrías provocar una infección mayor. La evolución es benigna.

2. Hay bebés que nacen peludos

¡Sorpresa! Al nacer, tu pequeño está cubierto de vello desde la parte superior de los hombros y la espalda hasta las mejillas y la frente: es el lanugo. Esos pelos tan poco estéticos que han protegido su piel durante el embarazo se caerán a lo largo de los primeros meses, al igual que el abundante cabello que tiene al nacer. Tanto las niñas como los niños pueden presentar esta pilosidad temporal sin que eso suponga problema alguno.

3. Los bebé se agarran a ti inmediatamente

¿Sabes lo que es el grasping? Es el reflejo más bonito de un bebé. Apenas han pasado unas horas desde que nació y su manita delicada ya se agarra a la manaza de su papá. ¡No intentes convencerle de que solo es un reflejo! Concretamente, al poner el dedo en la palma del bebé, hay que provocar el cierre de los dedos y luego un agarre tal que, a veces, es posible levantarlo con las dos manos. Este reflejo persiste hasta los 3 meses en la mano. El grasping demuestra que la necesidad de contacto está inscrita en los genes.

4. Los bebés sonríen sin razón aparente

La sonrisa refleja de los bebés nos entusiasma. Tu bebé generalmente tiene los ojos cerrados y reacciona a un estímulo: tu voz, la percepción de tu aliento, el contacto físico… Hacia las 6 semanasya es capaz de dirigir una sonrisa de verdad.

5. Los bebés a veces bizquean

¿Tu pequeño se mira a veces la punta de la nariz? No te preocupes, a esta edad, la “bizquera” es normal: se debe a la inmadurez de los músculos oculares. La adaptación a una visión binocular no tiene lugar hasta las ocho semanas. Pero no debe persistir por más tiempo. Si no desaparece, hay que realizar un examen oftalmológico.

6. Los bebés se mueven mientras duermen

¡Cómo patalea estando dormido! Durante las primeras semanas de vida, el 60% del tiempo que el bebé pasa dormido manifiesta agitación (que a partir de los 2 meses se convertirá en un verdadero sueño paradójico, poblado de ensoñaciones, como en los adultos). Durante ese tiempo se mueve, se retuerce, agita las extremidades y los ojos bajo los párpados medio cerrados y gimotea… Hasta tal punto que sientes la tentación de cogerlo en brazos, creyendo que le duele algo. No lo hagas, ¡está soñando! Si intervienes lo despertarás e impedirás que coja la costumbre de encadenar las diferentes fases del sueño. ¿Con qué sueña? Con formas, imágenes y sensaciones… ¡Es difícil saber más!

7. Los bebés pueden nacer con un diente

Mucho antes de nacer, en las mandíbulas se desarrolla el germen dentario, en forma de campana. Por eso no es imposible que a edades muy tempranas asome ya un dientecito. Fue el caso de Luis XIV y Napoleón. Pero esta precocidad no es un presagio del crecimiento futuro del niño… ¡ni de su glorioso destino! Si se trata de un diente neonatal se caerá por sí solo a los pocos días; en caso contrario, lo conservará hasta los 6 años. Y no causa trastorno alguno si le das el pecho.

8. Los bebés tienen agujeros en la cabeza

El cráneo del bebé está hecho de huesos cartilaginosos separados por suturas flexibles. Estas se expanden por delante por la fontanela anterior (en forma de rombo) y, por detrás, por la fontanela posterior (pequeña y triangular). Estas dos fontanelas permiten una cierta flexibilidad del cráneo durante el parto. La que puede preocuparte es la mayor, situada en la parte superior del cráneo. Cada vez que tu bebé llora, tose o grita, la piel que la recubre se tensa y se abomba. Es normal y, frente a lo que cabría pensar, esa zona no es muy frágil. La fontanela anterior se cerrará progresivamente entre los 8 meses y los 2 años, mientras que la fontanela posterior suele desaparecer a las 8 semanas.

9. Los bebés babean

Entre las babitas y las pompas de saliva, te pasas el día secándole la boca con una tela suave. No te preocupes, estas molestias de los primeros meses son pasajeras. Las glándulas salivares empiezan a funcionar entre 8 y 10 semanas después del nacimiento. Tu pequeño descubre sorprendido ese líquido que se forma en su boca, pero aún no tiene el reflejo de tragarlo. Por eso deja que la saliva salga hacia fuera. El pequeño no adquirirá el automatismo de la deglución hasta al cabo de un mes. A partir de los 3 meses, será capaz de controlar la saliva. De hecho, solo la produce en grandes cantidades durante las comidas, para facilitar el proceso digestivo. Fuera de esos momentos, el volumen de saliva es escaso y el bebé se la traga sin darse cuenta.

10. Los bebés lo tiran todo al suelo

¡Plaf! ¡Otra cucharita al suelo! Con el jueguecito de “tirarlo todo” el bebé aprende a controlar la ausencia. Cuando lanza un objeto lejos de él, crea una distancia, una ausencia que también percibe cuando te apartas de su lado. Es como si “domesticara” su angustia. Simultáneamente, tu hijo explora el mundo: una cuchara que cae al suelo no produce el mismo sonido que un peluche. Pronto se dará cuenta de que algunos objetos se rompen, rebotan…

11. Los ojos de los bebés cambian de color

El color de los ojos viene determinado por las células pigmentarias o melanocitos del iris. Estas células producen un pigmento castaño, la melanina, el mismo que da color a la piel o al cabello de tu hijo.

Al nacer, los bebés suelen tener los ojos azules, porque su iris todavía no posee melanocitos. Con el tiempo, estos van produciendo pigmentos y entonces el iris cambia de color. Una capa fina de estas células produce un color amarillo. Al combinarse con el azul, aparecen otros colores: verde y marrón claro. Cuando hay muchos melanocitos, el iris se vuelve castaño o negro.

Ten en cuenta que los ojos claros suelen oscurecerse, pero los ojos oscuros no se aclaran.

12. Los bebés se pasan el tiempo chupando

La punta de la oreja de su peluche, la etiqueta de tu chaqueta… Tu bebé se pasa el día chupando y mordisqueando todo lo que cae en sus manos. Ya en tu vientre, tu hijo tenía el reflejo de chupar. Ese movimiento de succión no tiene nada que ver con el que le sirve para comer. Es más rápido y menos regular. Hasta los 4 o 6 meses, esa succión no nutritiva es indispensable, porque permite regular la deglución y la respiración. A partir de los 6 meses, chupar, deglutir y respirar se convierten en acciones coordinadas y voluntarias.

13. A los bebés les gusta el rojo

Hacia los 2 ó 3 meses, la agudeza visual de tu pequeño es de 1/10. Su campo visual todavía parece un túnel que se va a ir abriendo poco a poco como un cono. A los 2 meses, el campo visual a una distancia de 60 centímetros es de unos 30º. A los 6 meses, pasa a 60º. Es el momento en que tu bebé se apasiona por todo lo que tiene color. Primero le atraen el rojo y el verde y luego el verde y el amarillo. La retina del lactante ya tiene 6 millones de conos que le permiten distinguir los colores y 100 millones de bastones responsables de la visión en blanco y negro. Estas células nerviosas todavía están demasiado espaciadas entre sí para desempeñar su papel de forma eficaz. A los 3 años habrán recorrido un tercio del camino y no lo completarán hasta los 8 ó 10 años.

14. A los 3 meses, un bebé es categórico

Existen muchos tipos de gatos: grises, negros, etc. Sin embargo, esa diversidad no desconcierta a un bebé de 3 meses. Enseguida comprende que todos pertenecen a una única categoría, la de los mininos. Esto se comprobó a través del siguiente experimento: en una pantalla, se mostraron a unos bebés unas parejas de gatos, cada vez diferentes. Luego les proyectaron una pareja curiosa: un gato y un pájaro. Todos los niños miraron más detenidamente el pájaro. El gato no les interesaba, porque no era una novedad: lo habían asociado a las imágenes anteriores y colocado en la misma categoría. ¡Qué gran hazaña!

15. Los bebés saben contar

Nada más nacer, tu bebé ya es sensible a las cantidades. ¿Cómo lo sabemos? Si a un recién nacido le enseñamos varias veces una imagen compuesta de dos puntos, acaba acostumbrándose y perdiendo el interés por ella. Pero si después le enseñamos una imagen con tres puntos, el pequeño espectador se anima: ha percibido la novedad. De lo que se deduce que sabe diferenciar entre un conjunto de dos elementos y otro de tres. Pero no debemos esperar demasiado: si queremos que diferencia entre cuatro y seis puntos, ¡no da abasto!

16. A los bebés les encanta estar en brazos

Es una auténtica necesidad. “¿Otra vez lo coges en brazos? ¡Lo vas a malcriar!”. ¿Te molesta este comentario? ¡Pues dilo! Porque, antes de los 6 meses, aunque acudas a coger a tu hijo en cuanto se pone a llorar y pase mucho tiempo en contacto con tu cuerpo, no harás de él un tirano. Al contrario, lo ayudarás a sentar las bases de su seguridad interior. Tu pequeño necesita ser “comprendido”. Para consolarlo y tranquilizarlo, la solución más eficaz es cogerlo en brazos. Ese cuerpo a cuerpo contigo durante los primeros meses lo ayudará a despegarse de ti en el futuro. Pero no hay que excederse. Hacerle mimos, está bien, pero tu bebé tiene que aprender a dormirse sin ti.

17. Los bebés se pegan a ti

Es una situación típica: hasta hace poco, tu bebé pasaba de unos brazos a otros la mar de sonriente. Pero, hacia los 8 meses, tu pequeño avestruz se ha vuelto temeroso frente a los desconocidos y esconde la cabeza en tu cuello. Si pudiera hablar, te preguntaría: “¿Quiénes son estas personas y qué quieren de mí?”. Esta crisis es la primera manifestación de una larga serie de avances y retrocesos. El bebé toma progresivamente conciencia de que su cuerpo está separado del de su madre y descubre el mundo. La angustia que siente se manifiesta a través de una “crisis de apego”. ¿Cómo puedes ayudarlo? No vas a renunciar a ver a otra gente, aunque tu hijo sea un poco salvaje. Pero tampoco escatimes los mimos. Curiosamente, el pequeño necesita ese cuerpo a cuerpo para aprender a despegarse de ti.

© Enfant Magazine

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Comentarios (1)

08 sep 2017 15:48 Franklin Briceño

Excelente