¿Es bueno coger en brazos al bebé cuando llora?

Acunar al bebé es decirle 'Te quiero'


Publicado por Patricia Fernández, bloguera y periodista
Creado: 17 de agosto de 2017 14:46 | Modificado: 30 de mayo de 2026 08:11


Tu bebé llora y no sabes si cogerlo en brazos para no convertirlo en un niño caprichoso. Sin embargo, acunar a tu pequeño es bueno para él... ¡y para ti también!

Sigue tu instinto materno porque, además, numerosos estudios han demostrado que cuanto más se coge en brazos a un bebé cuando llora, menos llorará en los meses sucesivos.

Durante nueve meses vivió a un solo ritmo: el tuyo. Nada de ti le era ajeno: ni el más pequeño de tus desplazamientos, ni los latidos de tu corazón... Al acunarlo, lo ayudas a aterrizar suavemente sobre nuestro planeta "inmóvil", recreas en cierto modo esos momentos en los que él y tú eráis uno solo. Para que se desarrolle de manera armoniosa, tu bebé necesita sobre todo seguridad afectiva. El balanceo es una prueba intangible del amor que le profesas.

Por lo demás, tu pequeño ya es un ser humano de pleno derecho y su llanto tiene sin duda una explicación. Puede tener hambre o sueño. También puede estar angustiado o sentirse solo. Para calmar su pena, el mejor remedio es acunarlo. Al entrar en contacto con tu cuerpo, se relajará enseguida y se calmará. No hay nada como una caricia para favorecer el sueño.

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No dudes en añadir palabras y gestos: cántale y baila. Las nanas existen desde que el mundo es mundo y han dormido a miles de bebés.

Acunarlo también sirve para calmarte a ti

¡Qué estresante es para una madre oír llorar a su bebé sin lograr apaciguarlo! Sal de paseo: el movimiento del cochecito suele ser eficaz. O, si no, coloca al pequeño contra tu cuerpo, en el portabebés: él se sentirá seguro y tú podrás seguir con tus ocupaciones.

Conviene desmontar una idea que todavía pesa mucho en algunas familias: esa amenaza de "si lo coges, se va a acostumbrar" o "le estás malcriando". En los primeros meses de vida, un bebé no manipula. No tiene la capacidad mental de planear estrategias ni de llorar "para salirse con la suya". Lo que sí tiene es una necesidad enorme de regulación, porque su sistema nervioso aún está madurando. Y el adulto es, literalmente, su regulador externo: tu voz, tu olor, tu piel, tu manera de sostenerlo.

Cuando un bebé llora y tú respondes, le estás enseñando algo básico: que el mundo es predecible y que sus necesidades importan. Eso no genera capricho; genera confianza. Esa seguridad emocional es, precisamente, la base desde la que luego el niño podrá separarse y explorar. Paradójicamente, un bebé que se siente seguro suele volverse más autónomo con el tiempo, porque no necesita estar constantemente "confirmando" que alguien está ahí.

¿Y si llora y llora y sientes que nada funciona?

Hay días en los que, por mucho que acunes, el llanto continúa. Esto es especialmente frecuente en la famosa etapa del "pico de llanto", que suele aparecer hacia las 6-8 semanas y puede prolongarse algunos meses. No siempre hay una causa médica. A veces es simplemente inmadurez digestiva, cansancio acumulado o necesidad de contacto. Y sí: también existe el cólico del lactante, que puede desesperar.

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En esos momentos, ayuda tener un "menú" de recursos para no quedarte en blanco. No como un protocolo rígido, sino como una caja de herramientas:

  • Revisar lo básico: hambre, pañal, temperatura, gases, sueño.
  • Cambiar de posición: a veces el bebé solo necesita un ajuste mínimo en cómo lo sostienes.
  • Movimiento suave: balanceo, paseo, mecerlo en brazos o en portabebés.
  • Ruido blanco o sonidos repetitivos: secador a distancia, aspiradora, apps específicas, campana extractora... (siempre con volumen prudente).
  • Piel con piel: a muchos bebés les "reinicia" el sistema.
  • Un baño tibio, una luz más baja y un ambiente tranquilo, si notas sobreestimulación.

Y algo importante: si tú estás muy nerviosa, el bebé lo nota. No por magia, sino porque su cuerpo capta tensión en tu respiración, en tu tono y en tu manera de sostenerlo. A veces el paso más eficaz es bajar revoluciones tú primero, aunque sea con tres respiraciones profundas.

Cogerlo en brazos no significa estar disponible 24/7 sin descanso

Hay madres y padres que, aunque amen acunar, están agotados. Y ese agotamiento no se resuelve con frases tipo "aprovecha, que crecen muy rápido". Se resuelve con apoyo real.

Si estás sola y el bebé llora sin parar, está permitido pedir ayuda. Está permitido turnarse, salir a respirar al pasillo, pedir a alguien que venga un rato, y también está permitido hacer algo esencial: si sientes que vas a perder el control, deja al bebé en un lugar seguro (su cuna) y aléjate un minuto para calmarte. Esto no es abandono; es prevención.

Nunca está de más recordar el riesgo del "síndrome del bebé sacudido", que puede ocurrir cuando un adulto, al límite, sacude al bebé por desesperación. No hace falta ser "malo" para llegar a ese punto: basta con estar desbordado y sin recursos. Por eso, cuidarte a ti también es cuidar a tu bebé.

Señales que merecen consulta médica

La mayoría de los llantos son normales, pero hay situaciones en las que conviene consultar con el pediatra, sobre todo si:

  • El bebé llora de forma inconsolable y notas un cambio muy brusco respecto a otros días.
  • Hay fiebre, decaimiento marcado o rechazo de tomas.
  • Vomita con fuerza repetidamente o hay signos de deshidratación.
  • Te preocupa su respiración o su coloración.
  • Sospechas dolor claro (por ejemplo, se arquea, se pone rígido, parece sufrir).
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La idea no es vivir con miedo, sino tener un criterio: "llanto + algo más" suele ser el momento de pedir valoración.

El efecto invisible de los brazos: vínculo, lenguaje y calma

Además del alivio inmediato, acunar tiene un efecto a medio plazo que muchas familias notan sin darse cuenta. Cuando sostienes a tu bebé, le hablas, le cantas, le miras, le respondes, estás sembrando comunicación. Ese intercambio repetido es una de las bases del desarrollo del lenguaje y del vínculo. Y, aunque hoy parezca que el bebé "solo" se calma, en realidad está aprendiendo una lección profunda: cómo se vuelve a la calma. Con tu ayuda, su cuerpo va memorizando ese camino.

Por eso, si tu bebé llora y tú sientes el impulso de cogerlo, no lo apagues con miedo al "capricho". Puedes cogerlo con confianza. Puedes consolarlo con cariño. Y, cuando llegue el momento, también podrás ayudarle a dormir de otra manera, a separarse un poquito más, a tolerar pequeñas esperas. Pero ahora, en los primeros meses, el mensaje más importante es simple y poderoso: estoy aquí.

© Enfant Magazine

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