13 trucos que hacen más fácil mi vida de madre

Para que las tareas de madre no te desborden en muchos momentos. Sigue estos consejos.

¡Darse gustos es fundamental! Aflojar el ritmo sienta bien, pero no siempre es fácil cuando se es madre. Echa mano de estos trucos para planificar bien y ganar tiempo… para poder ocuparte de ti y vivir zen.

1. Me anticipo 

No dejo que los acontecimientos me arrastren. El secreto de las madres organizadas está en que siempre van un paso por delante. En sus casas, casi siempre hay un bonito calendario sujeto a la nevera en el que están anotadas todas las obligaciones personales y los encuentros familiares. La fiesta de la guardería o del colegio, el fin de semana en casa de los abuelos, las fechas de las vacaciones escolares… El domingo por la noche, esas madres hacen una lista de las actividades ineludibles de la semana y las obligaciones que implican: cumpleaños (comprar un regalo), unos amigos que vienen a cenar a casa (hacer una tarta), piscina (sacar los bañadores)… Son diez minutos robados al fin de semana que valen su precio en oro.

2. Me autoafirmo 

Es bueno para adquirir autoridad. Pronuncio frases simples, positivas y breves: “Quédate ahí”, “dame la mano”, no largos discursos explicativos. Digo esas frases en un tono tranquilo y firme, sin estridencias ni autoritarismo. Y no me justifico cada vez que pongo límites. ¡Es mi trabajo!

3. Aflojo el ritmo 

Nunca estoy en el momento presente. Mientras lleno la bañera de los niños, ya estoy pensando en la cena. Se acabó: voy a disminuir la velocidad de mis movimientos, literalmente. Escojo una actividad que hago mecánicamente, por ejemplo, ducharme, y ralentizo hasta el extremo cada uno de mis movimientos, como si flotara en la ingravidez. Me concentro en mis músculos, en mi respiración, en el guante de aseo que estoy sujetando. Tomo conciencia de un sinfín de detalles que generalmente se me escapan, como la sensación del agua al caer sobre mis hombros o el olor del gel de ducha. Este ejercicio me permite relajarme, apreciar el instante, aprender a escucharme.

4. Olvido la culpabilidad

Reservar tiempo para mí, estupendo, ¿pero para qué? Está bien ir al gimnasio o a ver escaparates con las amigas. Pero también puedo simplemente no hacer nada. Acostumbrarme a dejarlo todo cinco minutos al día. Sentarme en una silla y no hacer absolutamente nada: ni leer, ni escuchar la radio, ni ver la tele. Dejar que mi mente vague y sumergirme en mi interior, hablar conmigo misma. Mi cerebro tiene una necesidad vital de esos momentos de desconexión verdadera para recargar las baterías. Anoto esos cinco minutos diarios en la agenda, como si de una cita ineludible se tratara. 

5. Permanezco relajada cuando estoy haciendo cola 

¿Que no logro dejarme llevar en una situación así? Calmo el ánimo y bajo el ritmo cardiaco. En lugar de ponerme en lo peor, intento ser optimista: las personas que tengo delante de mí se van a dar prisa, no habrá problema con las etiquetas y la cajera se va a poner las pilas. En menos de un cuarto de hora, será mi turno. Al fin y al cabo, es tan probable que eso ocurra como que permanezca bloqueada en la cola durante una hora. Generalmente, el simple hecho de considerar el desarrollo de los acontecimientos con optimismo ayuda a relajarse y a dejarse ir. ¡Venga, respiro hondo!

6. Me río 

Lo tengo decidido: me voy a reír. En lugar de quejarme, me río a carcajadas a la mínima ocasión. Primero, porque así estoy más guapa y me gusto más a mí misma y a lo mejor también a los demás. Y no pierdo la ocasión de ir a ver una película divertida con mis amigos. Además, evito a los quejicas, que siempre están gruñendo y acaban por minarme la moral. En resumidas cuentas: aprendo a rodearme.

7. Evito el ahorro que consume tiempo

Correr hasta la otra punta de la ciudad para comprar el mejor pan de quince cereales o ir a la tintorería más barata acaba por ser un derroche de tiempo y energía. Doy preferencia a lo que está cerca de mi casa: actividades, citas… A menudo se ahorra tiempo (¡y dinero!) desplazándose a pie.

8. Hago que mis hijos mayores colaboren

función de su edad y sus preferencias, les confío unas tareas precisas: poner la mesa, recoger su plato, pasar la escoba después de comer... Si es necesario, hago una lista semanal de responsabilidades para evitar los sempiternos “¡te toca a ti!” o “¡siempre lo tengo que hacer yo!”.

9. No dejo que los objetos me invadan 

Una vez al mes, los clasifico, los ordeno o los tiro. Esa limpieza general permite ahorrar mucho tiempo durante todo el año (no hay que poner la casa patas arriba para encontrar la última factura del garaje) y ganar espacio. Para reducir la pila de cartas, las reviso enseguida y tiro la publicidad y el correo inútil en cuanto llega. Gestiono mis cuentas bancarias por internet y opto por recibir toda la correspondencia del banco en mi ordenador, para no acumular tantos papeles.

10. Pongo la mesa del desayuno

Por la noche, pongo los cubiertos del desayuno para el día siguiente. Si no tengo una cafetera de cápsulas, compro una cafetera eléctrica programable que me permite despertarme con el aroma a café. ¡Es un método muy eficaz que me ayuda a levantarme!

11. Congelo los alimentos

Cuando preparo platos elaborados (guisos, gratinados…) hago más cantidad de la necesaria y congelo lo que sobra. Esas porciones me sacan de apuros cuando no tengo tiempo para cocinar. Y cuando preparo las sopas y purés de mi bebé, congelo miniporciones.

12. Llevo siempre lo necesario para cambiar al bebé en el coche 

Al tener siempre a mano una toalla, toallitas húmedas y pañales de recambio, puedo cambiar a mi bebé en cualquier lugar, sin tener que dar la media vuelta.

13. Dejo preparada la ropa desde la víspera

Negociar por la noche, después de escuchar la previsión del tiempo, ahorra una minutos muy valiosos por la mañana. Con mayor motivo si escoger la ropa es un tema que crea tensión entre mi hija, que solo quiere ponerse “faldas con vuelo” o que se empeña en ponerse chanclas en pleno invierno, y yo. Además, así también evito volverme loca buscando un calcetín antes de salir. Y, una vez que se ha tomado la decisión por la noche, hay que atenerse a lo acordado.

© Enfant Magazine

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