¿Los niños y las niñas son iguales ante la lectura?

Se ha convertido en la cantinela de moda: los niños leen menos que las niñas; y los hombres, menos que las mujeres; hay más no-lectores que no-lectoras;  es más difícil conseguir que lea un niño que una niña… Y las estadísticas lo corroboran. Así que, en este tema, parece que las niñas tienen menos problemas. Entonces, ¿qué hacemos con un niño que se escabulle en cuanto oye la palabra libro? Tengo una amiga que, en su desesperación, llegó a ofrecer una pequeña paga extra a su hijo por cada libro que leyera; otra que hizo de la lectura una tarea obligatoria bajo amenaza de quitarle el ordenador… ¡Hasta dónde se puede llegar!

Colette Chiland, profesora de psicología clínica, nos recuerda que los chicos y las chicas abordan la lectura de forma diferente. Los niños, por lo general, necesitan moverse, gastar más energía y, en la primera infancia, dedican más esfuerzo a los juegos de exterior y de actividad física. En cambio, las niñas están más acostumbradas al lenguaje y a los juegos de interior. Hacia los seis años, en primero de Primaria, parece que las niñas están mejor preparadas para el aprendizaje de la lectura: con frecuencia, su vocabulario es más rico, y su capacidad de concentración está más desarrollada. Entran en la lectura con menos dificultades y, por ello, descubren más rápido y de forma más natural el placer de leer. En el día a día, esto quiere decir que es importante que se siga leyendo en voz alta durante más tiempo con los niños, para compensar la sensación de mayor dificultad que experimentan.

Además, chicos y chicas no leen necesariamente lo mismo. Los libros documentales y los cómics suelen ser los primeros con los que los niños se sienten a gusto. Lo real, por un lado; lo imaginario, por otro. Mientras no se rompa el contacto con el libro, todo es válido. Los álbumes ilustrados y las revistas documentales los llevarán un día a libros inscritos en lo real, como las novelas de animales o de aventuras; los cómics los conducirán a la ciencia ficción, a lo fantástico y a la fantasía heroica, géneros que sabemos que los niños saborean con placer. Basta con que un profesor, un hermano mayor o un amigo les den el empujoncito necesario.

De manera que los chicos que quieren leer pueden muy bien encontrar material más que abundante. Ahora bien, en su entorno, la imagen de la lectura les puede parecer más cercana al universo femenino: las madres leen más que los padres, hay más bibliotecarias que bibliotecarios, las clases de lengua las imparte una profesora… y, a decir verdad, el área de la edición para niños y jóvenes también está plagada de mujeres. ¿Les influye esta percepción de la lectura?

La imagen que damos de nosotros mismos está formada, en cierta medida, por las actividades que elegimos. ¿Qué imagen estereotipada otorga con frecuencia nuestro mundo actual a los hombres y a los chicos a los que les gusta leer? Intelectuales, con gafas, tímidos, incluso un poco torpes… El cine, la televisión y hasta los libros (lo cual no deja de ser paradójico) siguen reproduciendo este cliché que contribuye más de lo que parece a apartar a los niños de la lectura y contra el que debe luchar su círculo familiar y social. 

Marie Lallouet
Texto extraído del libro 'A mi hijo no le gusta leer, ¿qué puedo hacer?'
© Bayard Éditions, 2007.

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