¿Está preparado para leer solo?

La lectura en la primera infancia se disfruta a través de la voz de los padres y los abuelos, a menudo, antes de dormir. O en un círculo silencioso de personitas inmóviles alrededor de la voz de un profesor o una profesora de Educación Infantil. Así, antes de entrar en Primaria, todos esos futuros lectores son ya lectores-oyentes depositarios de innumerables cuentos que les van ayudando a crecer. Con esas historias se han reído, han pasado miedo y han entrado de lleno en los universos imaginarios creados por las palabras y las im.genes. Los juegos de estos pequeños lectores-oyentes revelan a menudo una distinción precisa entre el lenguaje del cuento y el lenguaje cotidiano, así como un hábil manejo del 'Érase una vez…', no solo como marca del pasado, sino también como marca de lo fantástico.

Y, después, vienen primero, segundo, tercero de Primaria… Mes tras mes, se aleja el tiempo de esa primera infancia. A los ocho años, ya se les oye decir: 'Cuando era pequeño…' y reclamar con verdadero interés que se les hable de aquel tiempo lejano. Crecer es un asunto serio, en el que pesan por igual la impaciencia y la nostalgia, la conquista y la p.rdida, sobre todo, cuando llega alguien más pequeño que personifica esa pérdida.

En el aprendizaje de la lectura, todo ese bagaje afectivo cuenta también. De repente, los niños tienen que desenvolverse solos y en silencio, ¡con lo que les gustaba la versión sonora y compartida! Los maestros se permiten leer en voz alta hasta el final de primero; a veces, aún en segundo, pero raramente más allá. ¿Y en casa? Los que tienen hermanos pequeños cuentan con una ventaja: pueden seguir disfrutando con ellos de la lectura compartida.Pero dejar a los niños solos ante la dureza del aprendizaje no es lo más prudente. Cuando balbucean valerosamente siguiendo con su dedito las líneas de su manual de lectura, se sienten 'mayores', pero ¡menudo esfuerzo les supone! ¡Y qué hazaña llegar a la lectura autónoma, tan fluida y viva como la de papá o mamá!

Las lecturas en voz alta son momentos maravillosos para compartir con nuestros hijos y no tienen fecha de caducidad. Además, no nos privan, en absoluto, del placer de verlos progresar en el aprendizaje a su ritmo. ¿Qué lectura compartir? Un cuento largo cortado en porciones repartidas a lo largo de varios días; el cuento de siempre que piden mil veces y en el que no nos permiten cambiar ni una sola palabra; un libro con un soporte sonoro incluido; un hallazgo descubierto al azar en la biblioteca; un reportaje o un cuento corto de esa revista que les llega a casa cada mes… ¡Hay mucho para elegir!

Marie Lallouet
Texto extraído del libro 'A mi hijo no le gusta leer, ¿qué puedo hacer?'
© Bayard Éditions, 2007.

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