Las lecciones que hemos aprendido de la pandemia del COVID19

Aprendizajes de las familias en esta situación.

Nuestro ritmo de vida, en ocasiones frenético, se ha parado en seco… el mundo que conocemos ha cambiado… Aquellas cosas que considerábamos imprescindibles ya no lo son y al contrario, lo que no apreciábamos ha pasado a un primer plano. La pandemia nos está dando lecciones para aprender de esta experiencia y nos está otorgando la oportunidad de ver las cosas desde otra perspectiva muy diferente a la que estábamos acostumbrados. Por tanto, aunque parezca lo contrario, hay ciertas lecciones que podemos aprender de la actual situación de pandemia que estamos viviendo con el coronavirus. Debemos ser capaces de extraer algunos aprendizajes que nos provocarán auto-reflexiones interesantes sobre nosotros mismos y el tipo de educación que ofrecemos a nuestros hijos.   

Las neuronas espejo de los niños están muy desarrolladas, ellos nos conocen muy bien, por lo que, durante estos días de confinamiento nos pueden enseñar mucho y dar muchas lecciones.

Giacomo Rizzolatti, galardonado en 2011 con el Premio Príncipe de Asturias de Investigación, descubrió que las neuronas espejo se activan tanto cuando realizamos una acción determinada en primera persona como cuando vemos que otras personas las realizan. Eso explica por qué captamos de manera inmediata el significado de los gestos y emociones de los demás y comprendemos, inconscientemente, sus intenciones y acciones.

Las neuronas espejo nos permiten explicar la imitación, así como el desarrollo del lenguaje, la empatía, el altruismo y el comportamiento social. Este tipo de células neuronales, ubicadas en la corteza frontal inferior del cerebro, cercanas a la zona del lenguaje, (área de Broca) han permitido a los investigadores el estudio de la relación existente entre lenguaje e imitación de gestos y sonidos. Constituyen la explicación, desde la perspectiva neurobiológica, de las formas complejas que caracterizan a nuestros pensamientos y relaciones, a diferencia del resto de animales. Por ejemplo, una diferencia apreciable entre los seres humanos y los simios, es que los monos no pueden imaginar lo que no ven: sus neuronas espejo no se activan ante lo que no ven. Los seres humanos, en cambio, son capaces de imaginar, de simular mentalmente, lo que no existe. 

Lecciones que servirán de aprendizaje a la familia  

  1. Tomar conciencia del excesivo consumismo en el que estamos inmersos. Muchas veces compramos por aburrimiento, vivir con menos es posible, y no solo eso, hemos comprobado que es más gratificante si compartimos y ayudamos a los que más lo necesitan.

  2. Nuestro planeta necesita un respiro. La crisis del coronavirus nos está haciendo reflexionar sobre el daño que causamos a la Tierra y a nuestra salud. Hay opciones más respetuosas con el medio ambiente que podemos llevar a cabo, como el uso de transportes más ecológicos, o continuar con el “teletrabajo” que estamos experimentando y así evitar desplazamientos.

  3. Respetar a los animales. El Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS), la gripe aviar, la gripe porcina, el ébola y el coronavirus (Covid-19), tienen un origen común, es un virus de procedencia animal, que por la inconsciencia humana invade nuestro organismo y se propaga.

  4. Todos somos vulnerables. Esta crisis mundial nos deja claro que todos somos vulnerables, sobre todo los ancianos, las personas con problemas de salud  y las personas con pocos recursos económicos. Sin embargo, cuidarnos los unos a los otros de forma altruista nos ha llevado a un camino de solidaridad que nunca habíamos visto.

  5. Frenar y pensar. Nuestros hijos nos han avisado… Vamos acontar las horas de un tiempo al que le hemos perdido el valor si no se mide en retribución de algún tipo o en dinero. “Es necesario que los padres nos presentemos como ejemplo para nuestros hijos gestionando adecuadamente nuestros estados de ansiedad y periodos de estrés delante de ellos. La paciencia, la tranquilidad, la calma y la capacidad reflexiva ayudan a los niños a desarrollar actitudes parecidas generando recursos para evitar estrés. Otro aspecto importante consiste en hacer a nuestros hijos participes de la resolución de problemas cotidianos y familiares, es importante escucharles y valorar sus opiniones. También es necesario  respetar el “ritmo del niño” evitando comparaciones con sus hermanos o amigos y asegurarle que tiene nuestro amor incondicionalmente, nunca sujeto a la perfección con la que desempeñe sus tareas. Muchos niños están tan ocupados que no tienen tiempo para jugar o relajarse después de la escuela. Se hace indispensable hablar con ellos acerca de cómo llevan las actividades extraescolares y, si se quejan, valoraremos los pros y los contras analizando maneras de ayudar a organizar el tiempo y las responsabilidades con el fin de que no les generen tanta ansiedad…” 

  6. Desarrollar la creatividad. Cuanta más capacidad tenga el niño para ver relaciones nuevas entre sus ideas y sus experiencias anteriores, más capaz será de resolver problemas nuevos. Cuanto más sepa distanciarse de las soluciones tradicionales de los problemas, más posibilidades tendrá de llegar a soluciones originales. Cuanto más ricas y numerosas sean sus asociaciones, más tendrá su trabajo un valor y un carácter diferenciados, personalizados. Uno de los componentes esenciales de la creatividad es la “Flexibilidad de espíritu”. La pandemia nos ha hecho reflexionar sobre la necesidad de contacto físico, pero también ha disparado nuestra creatividad. 

  7. Higiene: Toser en el codo, no tocarnos la cara, lavarnos las manos, respetar el metro y medio de distancia entre personas... Los pediatras ya inventaron, hace tres años, el “rap de la tos y el codo” para enseñar a los niños cómo disminuir la transmisión de enfermedades contagiosas.

  8. Aprender a ser responsables. Esto significa, dejar de lado algunas de las cosas que nos gustaría hacer (ir al cine, salir de tiendas, pasar el día con los abuelos…) por el bien común. Debemos ser responsables y hacer caso a las recomendaciones de los expertos. Es el momento de enseñar a nuestros hijos qué significa ser responsable. La responsabilidad es la capacidad de responder con acciones adecuadas a las situaciones que la vida nos va presentando. Como padres y madres intentamos que nuestros hijos comiencen a comprender la necesidad de un equilibrio entre derechos y deberes, entre libertad y responsabilidad. Permitir a nuestro hijo/a ciertas responsabilidades (poner la mesa, regar las plantas de clase, cuidar la mascota…) implica  ayudarle a entender que existen acciones y consecuencias que dependen de él; es importante que realice estos “encargos” con seriedad lo mejor posible si realmente ha comprendido nuestro mensaje: “Cuando una persona es responsable tiene que responder de algo ante alguien porque se ha comprometido a hacerlo”.

Actitudes responsables con nuestros hijos: 

  • Implicar a los niños/as en  responsabilidades adecuadas a cada edad.

  • Premiar las responsabilidades cumplidas.

  • Pedir a nuestros hijos/as feedback de las tareas encomendadas (el cumplimiento de la palabra dada).

  • Dar ejemplo de responsabilidad como adultos y padres reconociendo nuestros errores.

  • Enseñar a nuestros hijos/as la importancia del autocompromiso (con nosotros mismos tenemos un deber  y una obligación). En la infancia los niños ya están en disposición de conocer qué significa la palabra compromiso. Comportarnos con sentido común. Actuar con sentido común y ser empáticos, en definitiva, buenos ciudadanos. Es buen momento para ofrecer a nuestros hijos un aprendizaje que les será muy útil para su presente pero también, para su futuro a la hora de vivir en sociedad. En esta situación nos tenemos que comprometer a buscar el bien de todos… El compromiso es un valor que debemos extender a todas nuestras facetas en la vida, ellos pueden comprometerse con sus amigos, con sus estudios. 

Más aprendizajes y reflexiones para tener en cuenta en estos días 

  • Aprender todos en casa buenos hábitos de higiene.

  • Ser congruentes con lo que pensamos, decimos y hacemos delante de los niños.

  • Reducir la expresión de nuestros miedos delante de nuestros hijos.

  • La importancia de la empatía como valor indispensable.

  • La utilización del juego como recursos de aprendizaje familiar.

  • El disfrute de la curiosidad y de la capacidad de exploración.

  • La confianza en nosotros mismos para reducir las sensaciones de incertidumbre e inseguridad en nuestros hijos.

  • Desarrollar en familia nuestra capacidad de resiliencia.

Ana Roa, pedagoga y psicopedagoga
www.roaeducacion.com
roaeducacion.wordpress.com

Conoce las revistas para niños de Bayard

Artículos relacionados

Comentarios

¡Sé el primero en comentar!