Claves para fomentar el diálogo con niños y adolescentes

Te contamos cómo debe ser el auténtico diálogo en familia

Con mucha frecuencia los padres queremos que los hijos nos digan lo que nosotros deseamos oír y eso no es una escucha activa. Otras veces deseamos justificarnos o dar nuestras propias razones y eso tampoco es escucha activa. El saber escuchar requiere tiempo.

El diálogo no es concebible si no se sabe escuchar, es necesaria una escucha activa.

Las cosas son complejas, también en la familia, y el escuchar, aparte de enriquecer nuestro juicio cara a una correcta decisión, nos permitirá conocer mejor la actitud y el punto de vista de nuestros hijos, a la vez que les damos la oportunidad de que nos expongan su parecer. Y eso es lo único que ellos desean: ser escuchados.

El modo de escuchar es importante. Escuchar no es simplemente dejar hablar teniendo la mente alejada de lo que se nos dice. Es poner atención e interés, es colocarse en el lugar del otro para comprender su manera de pensar –aunque no se esté de acuerdo con lo que dice-, es adoptar en todo instante una actitud positiva, es mostrar interés y tener paciencia y no atosigar al que habla.

¿Qué exige un diálogo auténtico en el seno famliar?

Entre las condiciones necesarias para que exista un diálogo auténtico apuntamos aquellas que pensamos pueden ser de gran utilidad para cualquier familia:

  1. Convencimiento de que no tenemos la verdad en exclusiva: Humildad.
  2. Convencimiento de que no hay cuestiones candentes, sino persona que se ponen candentes –nerviosas- ante determinadas cuestiones: Serenidad.
  3. Convencimiento de que si es importante la palabra no lo es menos el silencio. ¿Mucho hablar y poco escuchar? No es diálogo.
  4. La clave del saber escuchar –esencia del diálogo- se halla en no anteponer la búsqueda de lo que se va a responder al análisis de lo que el otro va diciendo.
  5. El diálogo exige un NO a las prisas. Los súper ocupados que carecen de tiempo o no saben distribuirlo, difícilmente pueden dialogar.
  6. Exige apertura al humor, a la distensión, a la anécdota, son personas las que hablan: Humanismo
  7. El diálogo, si no concluye con un aumento del mutuo efecto entre quienes dialogan, no ha sido verdadero diálogo.
  8. No es otra cosa que tratar de encontrar “entre dos” (o entre varios) un poco más de verdad. Por ello ha de irse al mismo con actitudes complementarias, no antagónicas.
  9. Exige generosidad en cuanto a dar la verdad que se posee, o que se cree poseer. Ir al diálogo guardándose cartas, callándose algo “tacañamente”, es condenarlo al fracaso.
  10. El diálogo tiene su tiempo además de su ambiente y su clima. Pretender forzarlo en un momento inoportuno es no saber lo que es diálogo.

¿Cómo conseguir una apertura al diálogo verdadero?

  • Crear desde el primer momento una atmósfera cordial, en la que nuestro hijo se encuentre a gusto.
  • Mostrarle una confianza que invite al diálogo.
  • Ser en todo instante –y pese a sus posibles salidas de tono- amable, flexible, lleno de tacto y paciencia.
  • Tener muy en cuenta su modo de ser, y así: tranquilizar al que es nervioso, animar al que es tímido, apaciguar al airado...
  • Evitar toda observación agresiva que pueda despertar en el hijo tanto la reacción de defensa como el repliegue sobre sí mismo.
  • Canalizar la conversación de un modo tranquilo, natural, teniendo siempre muy presente lo que se pretende conseguir.
  • Dejar hablar al hijo, hablando uno mismo lo menos posible.
  • Mirar al hijo, sonreír y hacerle sonreír.

El diálogo con nuestros hijos adolescentes

Siguiendo a Pilar Guembe y a Carlos Goñi autores del libro: Es que soy adolescente…y nadie me comprende, los requisitos para un diálogo en esta etapa serían los siguientes:

  1. Crear el ambiente propicio y buscar el momento adecuado. No cuando los padres quieren, sino cuando ellos lo necesitan.
  2. Serenidad y confianza.
  3. Aceptar sus formas.
  4. Dar razones de peso para ellos.
  5. Establecer pactos.
  6. Motivación dialogada.

En todo momento debemos procurar transmitir optimismo. Quizás es lo que más necesitan en la etapa vital que están viviendo. Si somos unos padres gruñones que sólo sabemos quejarnos por todo, que siempre estamos “rallando” con lo mismo, que somos incapaces de ver lo positivo de sus cosas, seguramente estaremos levantando sin querer un muro que intercepta toda comunicación.

Ana Roa, pedagoga y psicopedagoga
www.roaeducacion.com
roaeducacion.wordpress.com

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