Alimentación del lactante

Alimentación del lactante

A partir de los 6 meses, la leche no es suficiente como alimento exclusivo para cubrir las necesidades del lactante, por lo que comienza un período muy importante, que es el de la introducción de la alimentación complementaria, llamado también período de Beikost.

Hasta el final del primer año el aporte de leche y derivados debe estar en torno a los 500 ml al día. La introducción de la alimentación complementaria permite al bebé experimentar con nuevos sabores y nuevas texturas, por lo que ha de hacerse con paciencia, ya que el bebé deberá acostumbrarse a sensaciones aún desconocidas. Poco a poco irá estableciendo su propia capacidad para alimentarse, y empezará a discriminar los diferentes estímulos gustativos.

Hacia los 9 meses el bebé será capaz de coger el alimento con las manos, y hacia los 10 meses beberá solo del vaso. Con 12 meses cogerá la cuchara aunque no será hasta los 15 meses cuando la manejará adecuadamente.

Decidir qué alimento introducir y en qué momento viene determinado por muchos factores, tales como el país o la región de origen de los padres, o las posibilidades económicas de la familia. No hay ninguna pauta mejor o peor que otra. En general, la alimentación complementaria se introduce entre los 4 y los 6 meses, pero no antes de los 4, dado que la alimentación complementaria excesivamente precoz puede relacionarse con alergias alimentarias, sobrealimentación, mayor apetencia por sal y azúcar o efectos adversos de gluten y nitratos. Cuando algún alimento provoca diarreas y/o vómitos, éste se suprimirá y se intentará la reintroducción en dos semanas.

Los cereales

Son harinas de digestón lenta. Inicialmente se usan cereales sin gluten (arroz, maíz, tapioca) y a partir de los 6 meses podrán usarse los cereales con gluten (trigo, cebada, centeno, avena), aunque se recomienda que se retrase su introducción hasta los 8 meses. Se añaden a la leche en cantidades crecientes hasta sustituir las tomas de biberón por papillas. A medida que el lactante crece, será capaz de ir tomando pan, galletas, pasta, etc. Se desaconsejan los cereales con miel y con chocolate durante el primer año. Los cereales integrales pueden producir malabsorción de calcio y hierro si se ofrecen en exceso.

La fruta

Es uno de los alimentos más importantes a lo largo de la vida del niño. Aporta vitaminas, minerales, fibra y agua con poca carga energética. Se recomienda siempre fruta fresca. Las frutas se batirán y se administrarán en forma de papilla y con cuchara, siendo un complemento a la toma de leche o una comida completa. A medida que el bebé va creciendo, las formas de ofrecer fruta pueden ser diferentes: chafada, en trocitos, al horno o cocida. Las frutas que se recomiendan inicialmente son pera, plátano, manzana y naranja, pero pueden irse añadiendo otras poco a poco, teniendo más precaución con los frutos rojos (fresas, frambuesas) y otras frutas exóticas (kiwi, mango, lichis) que liberan histamina y se relacionan con reacciones seudoalérgicas.

Hay que tener en cuenta que los potitos de farmacia contienen una carga de azúcares mucho mayor que las papillas de frutas hechas en casa. A las papillas de fruta se les puede añadir leche artificial (1o 2 medidas), cereales sin gluten o yogur (a partir de los 9 meses) para incrementar la carga calórica.

La verdura

Se prepara en forma de puré, usando judía verde, zanahoria, acelgas, calabacín, calabaza, patata o arroz. Se ha de cocinar sin sal y añadiendo unos 5 ml de aceite crudo tras haber hervido la verdura. Las acelgas son ricas en calcio y flúor. Hay ciertas verduras que pueden ser menos agradables al paladar del bebé, tales como el nabo, el puerro; y otras que como la coliflor o la col que pueden producirle flatulencias. Será en el puré de verdura en el que a partir de los seis meses se añadirán carne y pescado.

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