Cómo responder a las preguntas más difíciles de los niños

Consejos y ejemplos para dar respuesta a la curiosidad de tus hijos

Los niños nos hacen preguntas a los mayores esperando que lo sepamos todo, con un alto nivel de exigencia en la calidad y en la inmediatez de la respuesta. Muchas veces no sabemos cómo enfocar nuestra contestación pues queremos que ésta sea comprensible y adaptada al nivel de conocimiento y madurez de los niños. A pesar de que a veces podemos pasarlo mal pues de alguna manera “nos ponen a prueba”, el hecho de que tenga lugar este tipo de preguntas es un claro síntoma de la enorme curiosidad de los pequeños, que hay que ayudarles a canalizar y desarrollar para una correcta evolución en su crecimiento.

Según la psicóloga infantil británica Miriam Stoppard, autora del libro Las preguntas difíciles que hacen los niños, “los padres que se muestran abiertos al diálogo con sus hijos facilitan el acercamiento a otros temas importantes como los de tipo racial, religiosos, sexuales y de autoestima, mejorando así el equilibrio y la relación entre ellos”.

Al pequeño “tener información le das la posibilidad de pensar mejor las cosas, tomar las decisiones correctas, decidir y actuar con responsabilidad”, explica esta experta en educación y salud infantil quien ha investigado las respuestas adecuadas a las preguntas difíciles que suelen formular los niños a mis padres.

¿Cómo debo responder a las preguntas de los niños? ¿Hay que decirles la verdad o inventarse una respuesta usando la fantasía? ¿Es obligatorio contestarles en ese momento o puede dejarse para otra ocasión? ¿Qué hay que hacer si uno ignora la respuesta o alberga dudas sobre ese tema? Cuando los hijos notan o intuyen que hay determinados temas de los que no es correcto preguntar o que incomodan a sus mayores, procuran utilizar rodeos para ir acercándose, poco a poco, a la cuestión que quieren indagar…

¿Estoy preparado/a para responder?  

Muchas veces nos encontramos con temas trascedentes, siempre vigentes y cuya respuesta definitiva no está realmente a nuestro alcance. Temas relacionados con la muerte, la religión, las separaciones conyugales, la sexualidad y otros muchos no tienen siempre una respuesta única y de indiscutible validez, pero ello no quiere decir que no podamos ofrecer una contestación positiva y coherente dentro de nuestras posibilidades. Cuando los niños nos preguntan “¿El abuelo se ha ido al cielo?”, por ejemplo, se abre un mundo de posibilidades que a la vez nos hace reflexionar a nosotros mismos y darnos cuenta de que nosotros también quisiéramos obtener respuestas definitivas y satisfactorias… entonces nos queda eliminar el miedo a la autocensura, desterrar de nuestras propias mentes la “parálisis del análisis” en la búsqueda de la respuesta perfecta y contar las cosas tal y como las entendemos nosotros  con sencillez y cariño, aunque nos recuerden temas que a nosotros nadie nos supo contestar. Por eso evitaremos decir aquello de “esas son cosas de mayores” para que no se sientan culpables por su curiosidad y hablaremos sin miedos autoimpuestos, con los límites que nos impone la coherencia y el sentido común, y sobre todo teniendo en cuenta el grado de madurez de los niños.

Los adultos tenemos cierto “trabajo” que realizar con nosotros mismos, dándonos cuenta de que existe una serie de temas, como el sexo, que en muchas ocasiones no han tenido una respuesta satisfactoria en nuestra infancia y adolescencia por parte de nuestros mayores. Conviene pues prepararse para las preguntas de nuestros niños pequeños.

¿Cómo contestar las preguntas difíciles?

Desde luego que el hecho de ser claros con los niños no implica que haya que dar contestación estricta y detallada punto por punto a lo que nos preguntan. Hay temas privados, particulares e íntimos que no hay obligación de tratar, como la vida sexual de papá y mamá, en los que se puede canalizar la respuesta con mucha suavidad pero estableciendo los límites necesarios de  esa privacidad frente a cualquier tercero, hijos incluidos, pues una total transparencia en este aspecto ni la van a entender ni les va a ayudar a crecer y desarrollarse en el momento en que preguntan.

También nos podemos encontrar con preguntas para las que realmente no tenemos contestación, pues posiblemente no sepamos la respuesta;  otros temas son de hecho tema a evitar, como los crímenes o los cada vez más frecuentes asuntos rebosantes de morbo; los/as niños/as han de saber que no siempre tenemos todas las respuestas, que no lo sabemos todo, pero sí deben saber que siempre que nos pregunten intentaremos satisfacer sus consultas, dentro de un orden, para que su confianza en nosotros se siga afianzando cada día. Y en esa línea, siempre podemos reservarnos el “no lo sé” para determinadas cuestiones puntuales que requieran tal contestación. Y también podemos preguntarle su propia opinión sobre algo que nos está planteando y ayudarle a encontrar su propia respuesta.

En todo caso, cuando un niño pregunta quiere ubicar una situación dentro de su mundo, asentar conocimientos que le ayuden a seguir creciendo, y puede que nuestras respuestas realizadas en un tono más retórico o poético les ayuden más que una contestación numérica o científicamente exacta.

Los progenitores siempre deben hacer sentir al niño que se interesan por sus preocupaciones. De este modo, evitan recriminarle por su curiosidad. De igual forma, hay que establecer una comunicación abierta con sus hijos desde la primera infancia.

Por otro lado, recuerda siempre responder con naturalidad y sentido común. “No es recomendado contestar con evasivas, sarcasmo o quedarse en silencio ya que esto decepciona y desanima al pequeño a tener una comunicación abierta. Si no te sientes preparada para contestar en el momento alguna interrogante que tu hijo te formule, simplemente dile ‘luego contesto a tu pregunta’.

No cortar la comunicación aunque “nos pillen por sorpresa” 

No olvidemos que realmente los niños buscan respuestas y debemos intentar no defraudarles. Contestarles siempre que sea posible, pues de alguna manera estamos autorizándoles a desarrollar su curiosidad, dando por buena la comunicación que necesitan, el intercambio de impresiones que les ayude a canalizar sus dudas y preocupaciones; conversando con ellos les ayudamos a  liberar la angustia y sentimientos negativos que podrían dificultar su  desarrollo emocional y también su desarrollo cognitivo. Aproximadamente a partir de los 5 años empiezan a realizar preguntas más comprometidas (hasta llegar a la adolescencia, cuando casi todas las preguntas llevan asociada una respuesta complicada, si la tienen) que nos ponen a prueba. Lo realmente importante es nuestra actitud ante la pregunta más que la respuesta en sí, pues una actitud receptiva fomentará la confianza de nuestros hijos en nosotros, aspecto este crucial para un correcto crecimiento personal.

Si nos preguntan sobre la muerte es importante intentar desdramatizar el tema, tratando de establecer un horizonte en el largo plazo o hablando del cielo si el contexto impide aplazar la visión de la situación (“claro que la final todo el mundo termina por morirse, pero nos queda mucho, mucho tiempo” o bien “la abuelita ya no está aquí, pero sigue con nosotros desde el cielo”).

Algunos consejos para desarrollar y mantener la confianza de niños y niñas:

  • Intentar contestar siempre que podamos.
  • Estar presentes. Centrar nuestra atención en ellos y que lo perciban cuando se dirijan a nosotros. Acompañar nuestro lenguaje no verbal con el verbal.
  • Contestar de forma adecuada a la etapa de desarrollo en la que se encuentren, con cariño y naturalidad adaptándonos a su capacidad de comprensión.
  • No mentir, los niños pueden formarse ideas erróneas. No es necesario decir toda la verdad, es necesario no mentir.

Ejemplos de “preguntas difíciles”

“¿Por qué los papás de Elena ya no viven juntos?” 

Podemos buscar qué hay detrás de esta pregunta… Generalmente será el miedo a que le ocurra lo mismo a sus padres. Por lo tanto es conveniente contestar lo lógico “posiblemente piensan que estarán mejor separados y continuar así su vida como ellos desean “, eliminando cualquier tinte de drama adicional, y añadir para eliminar la posible angustia,  que “nosotros estamos muy bien juntos y vamos a seguir así “.

 “¿Quién es Dios?”

Cada familia tendrá sus creencias y deberá ir adaptando la respuesta de una forma coherente precisamente con esas creencias, pero dejando abierta la posibilidad de que otras personas puedan entender a Dios de forma diferente; por eso es bueno comentar diciendo “para nosotros Dios es…”

¿Por qué es el cielo azul?

¿Descubriremos alguna vez vida extraterrestre?

¿Cuánto pesa la Tierra?

¿Cómo permanecen los aviones en el aire?

¿Por qué el agua está mojada?

Es oportuno fomentar la proactividad en la búsqueda de respuestas para este tipo de preguntas, animándoles a descubrirlas por ellos mismos  investigando, buscando y navegando por diversas fuentes de información de forma tutelada y dirigida (Internet, libros, ciertas revistas...)

Ana Roa, pedagoga y  psicopedagoga
www.roaeducacion.com
roaeducacion.wordpress.com

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Comentarios (1)

15 may 2018 20:35 kkaren alejandra zapats ruiz

muy bueno