Razones por las que no debemos mentir a nuestros hijos

¿Cómo podemos comunicarnos con ellos evitando las mentiras?

¿Las mentiras “piadosas” están permitidas?, ¿y si nos preguntan algo complejo y no estamos preparados para dar respuesta? Mentir supone un acto voluntario para ocultar la verdad. Desde el momento en el que el niño se da cuenta de que existe un modo alternativo de alcanzar aquello que desea o de salvar ciertos temores, descubre un nuevo recurso en el proceso de comunicación, la mentira. Las mentiras poco frecuentes dentro las relaciones sociales del niño se pueden considerar como mensajes no demasiado significativos, dentro del mencionado proceso de comunicación y en su desarrollo psicológico, emocional y social; algo sustancialmente distinto tiene lugar cuando el niño nunca dice nada que se aproxime a la realidad. En tal caso, las mentiras pueden convertirse en un trastorno que debería valorarse. El hecho de mentir es divertido para el niño ya que se trata de una expresión de fantasía, no obstante, su evolución y maduración implican grandes cambios a la hora de plantearnos cómo educarlos. 

El significado de la mentira para nuestros hijos

En el proceso evolutivo del niño y durante los primeros años de vida, el niño no es capaz de trazar una línea divisoria entre realidad y fantasía. Al principio, nuestra comunicación con él es sencilla y básica, pero según va creciendo nuestras estrategias y herramientas deben ampliarse para dar respuesta a sus necesidades. Para él, los personajes de los cuentos, las películas y los dibujos son tan reales como todo aquello que vive en su día a día, el superhéroe de la tele vive de la misma manera que su vecinito de abajo, y lo que hace ese personaje de ficción es tan normal como el hecho de desayunar todos los días; se deduce por tanto que en esta primera etapa no procede hablar de mentiras intencionadas sino más bien de errores o como mucho de exageraciones del niño que  busca que se le reconozca cuando se expresa.

Para los niños la mentira tiene un significado diferente al que tiene para nosotros y en muchas ocasiones la mentira se emplea como instrumento para la búsqueda de afecto, de llamar la atención; aunque el resultado sea una reprimenda, los niños prefieren que los padres reciban ciertos mensajes (situaciones que en realidad pueden preocupar) antes que pasar desapercibidos y sentir que resultan indiferentes. Así la reacción de los padres ante cualquiera de sus acciones es fundamental para los niños, pues complacer y no desilusionar a los mayores es prioritario. 

¿Disfrazar la verdad?

Un estudio reciente publicado en el Journal of Experimental Child Psychology aborda las consecuencias que puede desencadenar en los niños el engaño. En concreto, la investigación revela que privar de la verdad a los hijos puede provocar desajustes en el desarrollo psicosocial de los menores. “Criar a través de la mentira puede parecer un ahorro de tiempo, sobre todo cuando las razones de los padres para engañar es que sus hijos hagan algo difícil de explicar”, comenta Peipei Setoh, profesor de Ciencias Sociales de la Universidad de Singapur y primer autor de esta investigación.

La mentira va pasando por diversas etapas según el desarrollo psicológico del niño. A partir de los 18 meses, las primeras mentirijillas son juegos de engaño que utilizan para diferenciarse de la madre. Podría destacarse que, a partir del control de esfínteres, la mentira más común es negar que se hayan orinado encima. Pasada la primera infancia, cuando cumplen 3 ó 4 años, son capaces de seleccionar aquello que más les interesa de sus experiencias y pueden mentir básicamente por desinterés sobre el tema por el que se les pregunta. Durante los dos o tres años siguientes, los niños inventan sucesos y se identifican con historias que no se acercan a la realidad, pero para poder afirmar que el niño está en condiciones de engañar, el niño tiene que haber desarrollado cierta abstracción y algunos deseos independientes, contar con la imaginación, tomar cierto riesgo, ser consciente de lo que sucede verdaderamente en la realidad y conocer de antemano la norma que va a infringir con su mentira.

Un tema importante con el que nos encontramos y al que debemos enfrentarnos es el relacionado con las preguntas incómodas o difíciles de responder tales como las relacionadas con la muerte, las enfermedades… Ante estas situaciones muchos padres optan por ocultar la realidad, evitarla e incluso negarla, y una de las opciones más recurrentes suele ser “mentir o engañar” con respuestas que nada tienen que ver con la realidad. Camuflamos la verdad para protegerlo de una situación incómoda, no obstante, lo que realmente estamos haciendo es generar desconfianza e inseguridad en la relación con nuestro hijo. Por tanto, se trata de comunicarnos con sinceridad, naturalidad y claridad sin explicarles la realidad de todas las situaciones que viven porque, en ocasiones no pueden comprenderla ni asumirla; se trata de no emplear la mentira y el engaño proporcionándoles información según su demanda.Valores como la seguridad, la confianza, la lealtad o la fidelidad, se transmiten día a día ante circunstancias cotidianas.

¿Cómo podemos comunicarnos con ellos?

Nos encontraremos con frases claves y razones de fondo asociadas a mentiras por parte de nuestros hijos:

  • “Yo no he sido”:Niega haber transgredido una norma, intenta eludir el castigo que anticipa. Razón de fondo: Miedo.
  • "Sí que sé": Combate vergüenzas de no saber hacer las cosas y sentimientos de culpa. Razón de fondo: No se acepta.
  • "No sé quién lo hizo": Demuestra su lealtad de proteger a otros a quienes quiere o teme. Razón de fondo: Afecto, miedo.
  • "Me duele la tripa": Evitar situaciones difíciles. Razón de fondo: Cierta inmadurez, ciertos temores.
  • "A Juan sí que le han comprado sus papás ese juguete": Trata de obtener algo que se le niega o se le prohíbe. Razón de fondo: Poca capacidad para convencer y escasos recursos de negociación.
  • "Me voy a la playa con papá, pero luego vendrá mamá": Encubre o niega realidades dolorosas que no logra asumir. Razón de fondo: Tristeza, deseos inalcanzables.

El motivo de la mentira tal vez no sea engañar sino:

  • Necesidad de agradar a los demás, básicamente a sus padres.
  • Imitar a los mayores o a otros niños
  • Llamar la atención.
  • Sentirse con poder para manejar situaciones
  • Escaparse de ciertas reprensiones y castigos.
  • Dar salida a sus deseos escondidos.
  • No tener claramente definida la línea entre lo real y lo imaginario

¿Qué podemos hacer entonces?

  1. Hablarles con un lenguaje claro, sencillo y adaptado a su edad sobre las situaciones cotidianas.
  2. Prepararlos para los acontecimientos que vayan a suceder y nos les gusten demasiado como ir al médico…
  3. Utilizar la sinceridad como valor y modelo dentro de la comunicación familiar.
  4. Proporcionarle seguridad en aquello que creamos que puede producirle rechazo.
  5. Restar dramatismo a las situaciones incómodas o desagradables.
  6. Ofrecerle apoyo y confianza, con cariño y firmeza tal y como nos indica la disciplina positiva.
  7. Buscar el momento adecuado para enfrentarnos a la verdad, teniendo en cuenta cómo puede responder emocionalmente nuestro hijo.

Ana Roa, pedagoga y  psicopedagoga
www.roaeducacion.com
roaeducacion.wordpress.com

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