6 medidas para mejorar las defensas de tu bebé

Enfermedades del bebé: sigue estos consejos para mejorar su inmunidad.

Resfriados, otitis, anginas… para tu pequeño, es difícil librarse de las enfermedades invernales, porque su sistema inmunitario todavía no está consolidado. Aquí tienes 6 modos de limitar su exposición a los microbios e incrementar su inmunidad.

1. Procura no transmitirle microbios

¿Estás resfriada y toses? No le cubras la cara de besos ni le hables con tu nariz pegada a la suya. Si lo coges en brazos, intenta volver la cara un poco de lado. En la medida de lo posible, mantén una cierta distancia entre él y tú: para evitar el contagio, lo ideal es mantener una distancia de dos metros. 

Muchos gérmenes tienen la fea costumbre de viajar por vía aérea, especialmente en las gotitas respiratorias emitidas durante los accesos de tos. Puede que pienses que si solo es un resfriado, no es nada grave. Craso error: un virus que a ti te ha provocado una simple rinitis puede ocasionar una bronquiolitis a tu bebé. ¡Sería una lástima correr ese riesgo! 

2. Lávate las manos varias veces al día

Los microbios no solo pululan por el aire. Tienen otro medio de transporte favorito: las manos. Para atrapar todo tipo de huéspedes indeseables, basta con que tosas tapándote la boca con la mano, que te suenes con un pañuelo de papel que tenga un agujero o que des la mano a alguien que acaba de realizar uno de esos dos gestos de alto riesgo o que sale del cuarto de baño sin haberse lavado las manos. 

Luego, se pone en marcha la rueda: tocas las manos de tu hijo, él encuentra mil ocasiones de llevárselas a la boca y se contagia.

¡Alto! Para evitar este círculo vicioso, tan solo tienes que lavarte las manos. Es una medida simple, pero muy importante.

¿Cuándo hay que lavarse las manos? Varias veces al día, especialmente en momentos clave: antes de sentarte a la mesa, cuando vuelves a casa –en el exterior has tocado los pomos de las puertas, los pasamanos de las escaleras y todo tipo de soportes llenos de gérmenes- y, por último, al salir del aseo.

¿Dónde? Donde tú quieras, utilizando un gel hidroalcohólico, que es igual de eficaz que el agua y el jabón. En los servicios públicos, sécate las manos con papel o con un secador de aire, no con una toalla usada.

¿Cómo? Enjabónate bien, también entre los dedos y los puños. Enjuágate bien las manos y sécatelas a conciencia, porque a los microbios les encanta la humedad.

¿A quién hay que aplicar esta “operación manos limpias”? A toda la familia, sin excepción, ¡los virus no hacen distinciones!

3. No olvides “descontaminar” el chupete y su peluche 

Aún hay que desalojar a los microbios de otros lugares que les encantan: el chupete y el peluche o el trapo que tu pequeño lleva a todas partes consigo, incluida la guardería o la casa de la niñera y sobre los que sus pequeños compañeros –a veces en disposición de contagiar- han babeado.

Para el chupete, la solución es simple: lo puedes esterilizar cada noche sumergiéndolo en agua hirviendo.

En cuanto al peluche o el trapo, te han dicho tantas veces que no lo laves para no traumatizar a tu hijo que no te atreves a tocarlo. Resígnate y échalo a la lavadora el fin de semana. De todos modos, tu pequeño pronto volverá a dejar su huella olfativa 

4. Airea bien

¿Lo sabías? Respirar en una habitación produce hasta 100 gramos de vapor de agua por hora. Al realizar actividades cotidianas como cocer verdura, lavar los platos o poner la ropa a secar, se desprenden más de 20 litros de vapor de agua al día. Conclusión: nuestras casas son demasiado húmedas y, por lo tanto, favorecen la proliferación de gérmenes.

Una buena medida para sanear el aire es abrir las ventanas de par en par durante 5 ó 10 minutos al día. Así también se renueva totalmente el aire interior y se evacuan los elementos tóxicos y los microbios.

Si no se airea la casa, los microbios casi nunca son importunados por la entrada de aire exterior, porque nuestros pisos y casas están cada vez mejor aislados.

5. Regula bien la temperatura 

Pon el termostato a 19 ºC, no más. Es mejor ponerse un jersey y calcetines que calentar demasiado la casa.

La atmósfera sobrecalentada debilita las mucosas nasales y las hace más vulnerables a las agresiones de los virus.

Así se evita una diferencia demasiado grande con la temperatura exterior. Si tu pequeño juega fuera a 0 ºC y entra en la casa que está a 22 ºC, somete a un choque térmico a los cilios vibrátiles que cubren las mucosas de su nariz y de sus bronquios. Entonces, estos se quedan como paralizados y, durante unos instantes, no pueden hacer su trabajo de “basureros”, es decir, evacuar las secreciones y las impurezas inhaladas.

6. No dejes de darle leche 

¿Qué pensar de los rumores que aseguran que la leche es la culpable de las infecciones otorrinolaringológicas recurrentes? No les des ninguna credibilidad, no están fundados en ningún estudio científico serio. Privar a tu pequeño de la leche no reducirá en nada sus rinitis y, lo que es peor, hará que disminuyan sus defensas inmunitarias.

Porque, además del calcio, que es el elemento más importante, la leche también contiene mucho zinc. Y se ha demostrado que un déficit de zinc en la alimentación conlleva una sensibilidad mayor a los virus y a las bacterias.

Isabelle Gravillon
© Enfant Magazine

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