El resfriado del bebé: un mal necesario

Tu bebé puede padecer entre siete y diez resfriados al año

Tu bebé moquea. Ya ha vuelto a pillar otro resfriado. Esta situación puede repetirse hasta unas diez veces a lo largo del año. ¡Pero es un mal necesario!

El resfriado del bebé: un mal necesario

Todo empieza con un simple estornudo. El bebé moquea y se le tapa la nariz. Las secreciones se espesan. Luego se le irrita la garganta. Puede aparecer fiebre y tos, generalmente por la noche. Así es el guión, siempre idéntico, que se repite desde que asoma el otoño y a lo largo del invierno. Afecta a todos los niños, sin excepción.

El caso es que, hasta los 6 meses, tu bebé vivía muy tranquilo, libre de enfermedades leves. Estaba protegido por los anticuerpos que le habías transmitido durante el embarazo y la lactancia. Pero a medida que pasan las semanas, su cuerpo tiene que ir aprendiendo a defenderse solo.

Debido a la inmadurez de sus defensas naturales, tu pequeño está especialmente expuesto a las infecciones. Calcula que puede padecer entre siete y diez episodios de resfriados o rinofaringitis al año. Pero no te preocupes, estos episodios infecciosos no son “nocivos” para tu bebé. Incluso contribuyen a la maduración del sistema inmunitario, que no termina, más o menos, hasta los 6 años. Las infecciones irán disminuyendo progresivamente.

Una regla de oro en caso de resfriado: despéjale la nariz

Tu bebé tiene una gran desventaja: respira esencialmente por la nariz. Si la tiene tapada, debes librarle de las secreciones. Despéjale repetidamente la nariz. Para ello, debes humidificar abundantemente los orificios nasales con dosis de agua de mar o suero fisiológico para drenar y eliminar las mucosidades.

Repite la operación dos o tres veces al día, preferiblemente antes de las comidas. Un consejo: tumba al bebé de espaldas, ligeramente ladeado, y ponle un cojín debajo de la cabeza. Introduce la cánula en el orificio nasal superior. Aprieta brevemente dirigiendo el chorro en posición horizontal. Las secreciones tienen que salir por el orificio contrario. Repite la operación con la otra fosa nasal. Por último, aspira las secreciones con ayuda de un aspirador nasal.

Reacciona adecuadamente al primer estornudo

La promiscuidad favorece el intercambio de gérmenes. Por eso, los niños que van a la guardería tienen más probabilidades de entrar en contacto con virus y bacterias. Lo mismo ocurre con los bebés de familias numerosas o con los que se reúnen en casa de una puericultora que cuida de varios niños a la vez.

Cuantos más resfriados leves u otras patologías respiratorias padezca tu bebé, más anticuerpos almacenará. Dentro de dos o tres años, cuando empiece la educación preescolar, estará prácticamente inmunizado contra todos los microbios. En cambio, si el bebé permanece al cuidado en casa, cuando empiece el colegio tendrá que defenderse de las enfermedades.

De modo que no lleves a tu hijo al pediatra al primer estornudo. En caso de infecciones virales, como el resfriado, los antibióticos no sirven de nada.  Incluso tienen una desventaja: destruyen la flora bacteriana que protege la nariz y la garganta, favoreciendo así las resistencias.

La simple rinitis desaparece de forma natural al cabo de unos días, cuando el organismo ha fabricado los anticuerpos y las células defensivas han atacado al microbio responsable. Ten un poco de paciencia. Siempre estás a tiempo de acudir al médico si aparecen síntomas preocupantes: fiebre alta, llantos, vómitos, problemas respiratorios o cambios de comportamiento (hay que preocuparse si un niño deja de jugar o de sonreír cuando ya le ha bajado la fiebre).

Resfriado: higiene y vitaminas

Ningún bebé se libra de los resfriados. Dado que es inevitable que la situación se presente cada cierto tiempo, al menos puedes limitar lo peor e impedir las recaídas.

Evita los ambientes demasiado sobrecalentados o demasiado secos que agravan la irritación de las mucosas.
Mantén la temperatura de las habitaciones alrededor de 19-20 ºC, es más que suficiente, y no abrigues demasiado al bebé, sobre todo si tiene fiebre. Y, por supuesto, no fumes: está demostrado que el tabaquismo pasivo favorece las infecciones ORL (otorrinolaringológicas) recurrentes.
Evita en todo lo posible que el bebé se canse. Para ello no lo dejes demasiado tiempo en la guardería. Cuanto más en forma esté, mejor reaccionará contra los invasores.
Aliméntalo de forma equilibrada, así luchará mejor contra las infecciones. Comprueba que recibe un aporte adecuado de vitaminas C, A y E y de hierro. Para ello, sus menús deben basarse en la leche enriquecida de segunda edad y luego en la leche de crecimiento, a los que hay que añadir progresivamente verduras y fruta cruda en cada comida. 
Presta especial atención a la higiene. Sus deditos transportan todo tipo de virus y bacterias.
Controla los niveles de hierro del niño. Si está pálido o se vuelve apático, puede ser por falta del mismo. La carencia de hierro es bastante frecuente cuando se han encadenado varios episodios de ORL. Puede que tu hijo necesite un suplemento para ayudarlo a luchar contra las enfermedades infecciosas. Pide consejo a su médico.
→ Por último, debes saber que la ablación de las vegetaciones no es ninguna panacea. Se realiza para prevenir complicaciones, pero no tiene ningún efecto sobre la frecuencia de las rinofaringitis.

 Maryse Damiens, con la colaboración de Nathalie Colomb-Polo, pediatra.

© Enfant magazine

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