El juego simbólico del bebé a partir de los 20 meses

Cómo aprende a través del juego tu hijo

El juego simbólico es el que permite al pequeño imitar situaciones de la vida cotidiana y representar un papel que le es ajeno. Esa capacidad de imitar y de ponerse en la piel de otro empieza a desarrollarse alrededor de los 20 meses. Al principio, el niño se limita a reproducir su realidad cotidiana, pero, poco a poco, va aprendiendo a crear un mundo de fantasía.

El juego simbólico del bebé a partir de los 20 meses

A los 20 meses, tu hijo ya comprende el mundo que le rodea. Sabe para qué sirven los objetos con los que se relaciona a diario y es capaz de recrear en su cabeza un objeto que no está presente. Su capacidad de comprensión es cada vez mayor y su vocabulario se amplía a ojos vistas.

Ahora que el pequeño ya sabe que es un ser independiente, tiene que encontrar su lugar en el mundo que le rodea. En ese contexto, el juego simbólico es fundamental porque le ayuda a entender la realidad y su papel en el misma.

Los juguetes más adecuados para tu hijo

Lo importante para el bebé en esta etapa es, pues, imitar situaciones de la vida cotidiana. Para ello, no necesita juguetes sofisticados. Un palito será una cuchara o un zapato puede hacer las veces de un teléfono móvil. Cualquier objeto sirve para simular otro y para recrear situaciones vividas. El niño se distrae cada vez más jugando porque el juego se desarrolla en su cabeza.

A partir de los 2 años, el juego simbólico del niño irá haciéndose más complejo y derivando hacia la fantasía. En ese mundo recreado, él es el que decide y controla todo. Eso le da seguridad y le ayuda a expresar sus emociones y canalizar sus miedos, lo que le permite madurar adecuadamente.

En esta etapa, conviene que estimules el impulso natural de tu pequeño hacia el juego simbólico. Por ejemplo, dale un embudo para que imagine que es un sombrero o el palo de una fregona para que monte a caballo. También puedes compartir situaciones cotidianas simuladas: podéis preparar la comida en la playa, con una pala y unos moldes, o jugar papás y mamás. Por último, ayúdale a crear personajes y situaciones nuevas para ampliar los horizontes de su juego simbólico.

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