Periodo de irratibilidad del bebé

Qué es
Entre las 3 y las 12 semanas de vida muchos bebés pasan por un período en el que están muy irritables y durante el que lloran a menudo, especialmente al final del día.

Por qué sucede
En el pasado los pediatras denominaban “cólico” a este periodo de irritabilidad porque se pensaba que el aparato digestivo era el responsable, pero con el tiempo se ha averiguado que no se trata de nada relacionado con éste, sino que es un periodo en el que el desarrollo del sistema nervioso del bebé le conduce a mostrar ese llanto tan difícil de calmar.

Los padres no deben sentirse responsables de ello, sino que este llanto e irritabilidad son necesarios e incluso organizan parte de la jornada del bebé, ya que cuando la “rabieta” cesa cada día los bebés duermen más profundamente, comen mejor y los períodos entre comidas se pueden espaciar hata 3 y 4 horas.

Cuando una conducta es tan predecible y generalizada como esta, suele tener una función adaptativa. Algo así como un “periodo reorganizador” que, tras la acumulación de estímulos y energía durante toda la jornada, preparan al bebé, a su sistema nervioso, para la siguiente.

Síntomas
Son síntomas que el bebé se muestre muy irritable, se sobresalta fácilmente, se mueva espasmódicamente con el cuerpo tenso y pataleando y frunza el ceño. También suele regurgitar parte de lo que ha ingerido al poco tiempo de haber comido. El llanto es cíclico, diferente al de hambre o dolor, y parece no calmarse con nada y, si lo hace, sólo dura unos momentos antes de reaparecer.

Qué hacer
Con esta irritabilidad no suelen funcionar los fármacos, puesto que no es una dolencia médica. Los papás deben procurar mantener la paciencia y la calma, pues si el bebé percibe sus nervios o se siente atosigado por quienes le cuidan, sólo empeorará la situación. Lo primero es descubrir si el bebé necesite algo para descartar otras causas del llanto. Si no necesita nada, paséelo para detener los movimientos agitados y dele agua a intervalos regulares para mover los gases que habrá tragado al llorar; probablemente expulsarlos le tranquilizará. También puede recurrir a técnicas relajantes como masajes, que no le estimulen demasiado o, sencillamente, probar a dejarle tranquilo un rato: al fin y al cabo, sólo se trata de suavizar el llanto, no se pretende hacerlo desaparecer.

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