¿Cómo reaccionar frente al “no me gusta” de tu hijo?

Neofobia alimentaria en niños

Muchos padres se desconciertan cuando, entre los 18 y los 36 meses, su hijo se niega a comer calabacines o pescado, que antes comía encantado. Esta fase de neofobia alimentaria acaba pasando. Te ofrecemos algunas ideas para reaccionar bien sin convertir el asunto en un drama. 

¿Qué es la neofobia alimentaria?

La reticencia de los niños a probar alimentos nuevos se manifiesta entre los 18 y los 36 meses. El 85% de los padres constata que, hacia los 18 meses, su hijo se vuelve más maniático a la hora de comer. Al tiempo que multiplica sus aprendizajes y descubrimientos (habla más y mejor, se desplaza con más soltura, se afirma, aprende a comer solo…) el pequeño decide que “ya no quiere comer nada” o “rechaza lo que se le ofrece”, aseguran los padres.

¿Es grave, doctor?

“¡En absoluto!”, contesta Patrick Tounian, pediatra y nutricionista del hospital Armand-Trousseau de París. El médico prosigue, sonriendo: “Sobre todo, no hay que convertirlo en un drama, es algo pasajero. Hay que seguir ofreciéndole una alimentación variada y equilibrada, compuesta por todo tipo de alimentos: carne, huevos, pescado, verduras, fruta, leche y agua, sin miedo a añadir un poco de azúcar o una pizca de sal, que realzan el sabor. Como médico, vigilo más a un niño que no come carne ni pescado ni huevos que a un niño que toma muy poca verdura. Nunca he detectado una carencia debida a la falta de consumo de verduras”.

¿Hay medidas adecuadas que se puedan tomar?

Es lo que ha investigado Natalie Rigal, doctora en psicología y especialista del gusto en el niño. Gracias a un estudio realizado con padres voluntarios y niños que van a las guarderías de las ciudades de Issy-les-Moulineaux y de Valenciennes, la psicóloga ha extraído cinco enseñanzas:

  1. En la medida de lo posible, intenta compartir la comida con el niño. Si te ve disfrutar de lo que comes, tu niña o tu niño te imitará.
  2. Los niños son sensibles y receptivos a la presentación, a los colores de las comidas y a la atmósfera que se respira en ellas. Una mesa bien puesta y un plato bonito facilitan su alimentación.
  3. Según demuestran varios estudios científicos, son necesarios entre siete y ocho “encuentros” con un alimento para que sea aceptado. De modo que no dudes en ofrecerle varias veces una verdura, preparada de forma distinta: en rodajas, en puré, gratinada, etc. Generalmente, si el “encuentro” tiene lugar en un clima de buen humor y con el apoyo sonriente de papá o de mamá, el pequeño terminará aceptándola. 
  4. Dar a probar es aprender a apreciar: los padres pueden imponer al niño la norma de probar la comida. No está obligado a comer algo, pero sí a probar por lo menos dos cucharaditas. Es una norma equiparable a la de lavarse las manos antes de sentarse a la mesa.
  5. Un tono cordial, enfático, de ánimo, transmite al niño la sensación de que la comida es un momento de descubrimiento y de placer. Los estudios han demostrado que el “estilo democrático” (“te propongo que comas”, “te pido que pruebes dos cucharadas”, “yo pongo las normas y negocio para que se cumplan”) obtiene mejores resultados que el estilo autoritario (“tienes que comer esto y se acabó”). Así, acompañados, los niños aceptan de mejor grado comer verdura que dirigiéndonos a ellos de forma más autoritaria.

Odile Amblard
@Enfant.com

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