Qué hacer cuándo nuestro hijo adolescente nos desafía

Pautas para el manejo del mal humor del adolescente y lo que debes evitar.

Independientes, contradictorios, impulsivos, rebeldes… son características que definen a una gran mayoría de adolescentes. Todos hemos pasado por esa etapa de la vida, etapa en que no nos sentíamos niños pero tampoco adultos y que cualquier situación, vivencia o experiencia podía tener impacto en nuestra vida.

En los primeros años adolescentes reaparece la fase de autoafirmación que suele remitir sobre los 6 años. Los desafíos forman parte de la exploración de los límites por parte de los adolescentes, son normales y adaptativos: cumplen una función. Desde una visión positiva, Siegel en su obra Tormenta Cerebral afirma que la adolescencia es una etapa muy especial, una chispa emocional, un momento de conexión social, de búsqueda de lo nuevo y con esencia creativa: “Los adolescentes tienen pasión, un sentimiento de que todo importa. Tienen una capacidad profunda de colaboración entre ellos, y el valor de probar cosas nuevas”. Esto no quiere decir que no necesitemos poner orden en estas conductas cuando se cuestiona el respeto o aparece la agresividad. Es muy recomendable mantener la calma en el momento del conflicto, y posponer la reflexión sobre ello a un momento posterior, cuando ya esté calmado. Entonces deberemos explicar cómo nos hace sentir su conducta, establecer consecuencias si las consideramos necesarias y escuchar cómo vive o se siente él/ella cuando actúa así.

Pautas para el manejo del mal humor del adolescente

Siguiendo la Guía para padres de adolescentes malhumorados, Hospital Ruber, Quirón salud, puede resultar bastante difícil, pero no imposible.

  1. Lo principal es acercarse al adolescente sin preguntarle directamente por la causa de su mal humor (lo más probable es que niegue que está malhumorado). Sin que se note demasiado podemos ir hablando, en el transcurso de varios días, de sus experiencias en el colegio, con las amistades o con los demás miembros de la familia. Seguro que en algún momento aparecerá una pista.

  2. Entender que el joven crónicamente malhumorado no se siente así por gusto. Está dolido y espera una de estas tres cosas: un consuelo, un reconocimiento o una reparación (disculpa). Quizás no sea fácil discriminar cuál de ellas, al menos en un principio.

  3. No recordarles sus dificultades. Recordarles lo que les va mal solamente les hace daño, les aviva el dolor que intentan ocultar con su enfado y con su aparente indiferencia. Ellos ya saben que les va mal; lo que no saben es qué hacer para evitarlo. No les ayudan nada frases como: “Es que no te concentras en lo que haces, te despistas con cualquier cosa...”; “Es que con ese carácter no te aguantarán ni tus amigos”; “Lo que tienes que hacer es relacionarte más con la gente, hacer nuevos amigos...”. Si hacemos esto les estamos recordando sus defectos, no aportando soluciones.

  4. Respetar la distancia. Los adolescentes tienen muchas dificultades para contar sus interioridades. Se sienten débiles y no quieren dar esa imagen ante los padres. El mal humor les ayuda a camuflar su frustración y a evitar que les tengan lástima.

  5. No mostrar superioridad. Aunque seamos superiores en sabiduría y moral, el adolescente malhumorado no lo admitirá nunca. Necesita reflejarse en nosotros, pero a la vez necesita oponerse y devaluarnos. No debemos mostrarnos superiores. Debemos estar cerca mostrando interés y preocupación.

  6. Participar con ideas, más que con consejos. Si no conocemos la causa de su mal humor los consejos sonarán seguramente como una muestra de insensibilidad y de arrogancia por nuestra parte. Prohibidas las frases que empiezan por: “Lo que deberías estar haciendo es...” o “Yo a tu edad ya estaba...”; o bien otras en la misma línea como “Si hicieras caso a lo que siempre te digo…” o “Lo que a ti te pasa es…”. Recordad, no estamos ahí para “diagnosticar” la causa de su mal humor; nuestro papel es sólo reconocerlo y permitir que se transforme en palabras.

  7. Aguantar. La superioridad nos debe permitir aguantar las andanadas de nuestros hijos sin entrar en su provocación. Si respondemos mal sólo conseguiremos desplazar su propia lucha interna a una lucha contra nosotros.

  8. Ofrecer confort y sosiego. El adolescente malhumorado es como el lactante que llora. Debemos calmarle, no agobiarle. Si no habla, tan sólo mostrarnos cercanos y deseosos de estar con él nos ayudará a encontrar una pista que nos oriente sobre el camino a emprender.

¿Cómo lograr entender al adolescente?

En ocasiones la actuación de la familia no es acertada debido a un afán de sobreprotección o alerta ante las actuaciones del chico.

¿Cómo manejar situaciones de desafío en la adolescencia?

  1. Establecer límites realistas. Es importante que las normas objetivas que se puedan defender el cualquier momento y así fomentar la seguridad de nuestros hijos.
  2. Marcar consecuencias inmediatas por saltarse las normas. Ser constantes ante el control del desafío. Si las consecuencias se aplican de forma intermitente crearemos confusión y los chicos no tendrán claro si su actuación es correcta o incorrecta.
  3. Reforzar las conductas positivas con elogios.
  4. Escuchar de manera activa y transmitirle cuál sería la actitud adecuada sin calificativos dirigidos a su persona.
  5. Hablar con serenidad, reflexionando previamente sobre la causa del comportamiento de nuestros hijos.

Es muy importante ser conscientes de que educar es una carrera de fondo. Saber que esos comportamientos que tanto nos pueden irritar en los adolescentes son habituales y forman parte del desarrollo. Si permitimos que vivan sus experiencias y nos mostramos cercanos, ellos van a tener la confianza de contarnos sus dudas, inquietudes y pensamientos, debemos construir límites entre la autoridad, la cercanía y la afectividad.

Claves para una buena relación con el adolescente

Una serie de actitudes pueden resultar valiosas a la hora de acompañar a los hijos en esta delicada etapa de transición:

  • Sere​n​idad. En un intento de afirmar su personalidad, de entonar su propia voz, como decimos, los adolescentes adoptan actitudes desafiantes, emiten opiniones y comentarios controvertidos y actúan de modo imprevisible. Se trata de provocaciones que buscan asimismo poner a prueba a los adultos (los adolescentes no hacen otra cosa que medir las reacciones de éstos), por lo que resulta del todo necesario mantener la tranquilidad y decir serenamente lo que se piensa. A veces convendrá corregir con firmeza, desde luego, pero sin perder nunca los papeles. Cada vez que un padre pierde la compostura revela sin darse cuenta que carece de argumentos (o al menos que éstos no son suficientemente sólidos), además de poner en riesgo la valiosa autoridad que aún ostenta, enrareciendo el clima familiar de paz y alegría reinante. Conviene, por otra parte, distinguir lo que tiene importancia de lo que no la tiene, y así intervenir en los momentos verdaderamente necesarios.

  • Seguridad. Los adolescentes necesitan que sus padres se muestren seguros en unas cuantas cuestiones importantes (aquí se presenta una buena oportunidad para revisar cuáles son y por qué). Muchas crisis de adolescentes traslucen crisis de convicciones de sus padres: si uno se muestra por norma dubitativo no está en disposición de enseñar nada. Es conveniente tener una seguridad firme pero no dogmática, fundamentada y bien arraigada (aunque no en todo, solo en lo importante).

  • Cariño. Aquel niño que llega del colegio y ya no besa a su madre continúa necesitando afecto (aunque no lo parezca), un afecto que, huelga decirlo, no significa dejar hacer, consentir o mostrar una actitud permisiva, sino mantenerse firme (“no te dejamos hacer esto o no te damos aquello porque te queremos y queremos lo mejor para ti”), escuchar, comprender, interesarse por sus preocupaciones y ayudarle cuanto se pueda.

  • Disponibilidad. Aunque las apariencias digan que los adolescentes rechazan conversar con sus padres, éstos deben procurar el establecimiento de una comunicación fluida. Se trata de estar a disposición de los hijos en todo momento (no hablarán cuando sus padres quieran, sino cuando ellos lo decidan, y si entonces los padres se muestran receptivos se abrirá una enriquecedora vía de comunicación). Además, es importante no escandalizarse (no hay nada más disuasorio) y dar siempre una opinión sincera y, en la medida de lo posible, oportuna.

  • Argumentación. Otra cuestión que no debe descuidarse es la de la argumentación, el suministro de razones sólidas e inteligentes para cada episodio y circunstancia. El recurso al ‘porque sí’ o al ‘porque lo digo yo, que soy tu padre’ no da resultado, y sí en cambio las explicaciones razonadas y pensadas previamente. El mejor argumento, en cualquier caso, no es otro que el de la vida propia y el ejemplo diario.

  • Confianza. Es un requisito fundamental, y no solo porque no quede más remedio (que no queda otro), sino porque es el cimiento sobre el cual los hijos construyen su iniciativa, su autonomía y su libertad.

Fuente: Asociación FERT 

Lo que no debes hacer con tu hijo adolescente:

  • La imposición. Es necesario darles opciones de actuación porque se están desarrollando como personas y necesitan una comunicación profunda con nosotros los padres.
  • Las críticas. Para un mayor entendimiento la crítica será constructiva, con otro punto de vista, uniendo cercanía y autoridad.
  • Permanecer en constante estado de alerta. Los chicos deben vivir sus aventuras y aprender de ellas.
  • El enfrentamiento. Si nos enfrentamos, él o ella querrán demostrarnos permanentemente lo contrario.
  • Preocuparnos solamente del rendimiento el colegio o instituto.
  • Comparar con otros adolescentes, cada hijo/a es único/a. 

“Cuando surgen los principales conflictos que viven los adolescentes, en ocasiones  no se sienten escuchados o contenidos en el hogar familiar y buscan las respuestas entre sus pares. Entonces, cuando cometen algún error tienen el miedo de contarlo a los padres y  lo cuentan a sus amigos, pero sus amigos les aconsejarán qué hacer desde su misma mirada, sus mismas conductas y su mismo funcionamiento emocional…”

Ana Roa, pedagoga y psicopedagoga
www.roaeducacion.com
roaeducacion.wordpress.com

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