Claves para tratar con adolescentes 'malhumorados'

La importancia del diálogo con los hijos adolescentes

Muchos/as adolescentes quieren “salirse con la suya” y acabar haciendo lo que, en ese momento, es vital para su existencia. Si creen que merece la pena, tratarán de buscar una solución negociada para sus problemas, en caso contrario se enfrentarán a unos padres en algunos casos desorientados. Aprovecharán momentos clave para formular “peticiones difíciles”, por lo que es conveniente que tengan claro dónde están y con quién/es viven.

El diálogo es primordial para hacer ver al chico /a cuáles son las razones que llevan a sus progenitores a permitir o no determinadas actuaciones. El adolescente explicará a sus padres cuáles son sus motivos para determinadas acciones y la familia escuchará sus explicaciones… pero en ningún caso se dará por válido el recurso de enfrentar a los padres entre sí. La pareja actuará en completo acuerdo, y si no coinciden, nunca manifestarán su opinión individual delante del hijo. Es importante hacerle ver que las mentiras y la falta de responsabilidad convertirán sus peticiones en un “NO”.

Pensar antes de hablar con adolescentes

  • Principio básico para navegar bien por los años adolescentes: “Mantener abiertas todas las líneas de comunicación
  • Escucha activa, para saber hablar es importante escuchar
  • No repetir el mismo discurso ni “sermonear

¿Qué hacer en lugar de "echarles la charla" a los adolescentes?

  1. Potenciar el valor de la responsabilidad: Incluir al adolescente en las decisiones familiares, evitar caer en los extremos (educar en la moderación y no en la prohibición), intentar que salga ganando en ocasiones…

  2. Formarnos lo suficiente para hablar con ellos sobre los riesgos sin caer en dramatismos… Recordemos  el “Parenting democrático” un enfoque positivo basado en el afecto y el respeto a la autonomía (Apego seguro). Dar apoyo mientras se favorece la exploración (independencia) que nos mencionaba Daniel J. Siegel en su obra Tormenta Cerebral.

  3. La flexibilidad de las normas y la clasificación (con la participación del adolescente) en  fundamentales, importantes o accesorias y la modificación de conductas utilizando negociaciones, contratos y resolución de problemas  son otros recursos que nos pueden facilitar la convivencia diaria.

Cómo actuar con un hijo adolescente

Siguiendo la Guía para padres de adolescentes malhumorados del doctor José Luis Carrasco, Catedrático de Psiquiatría y director de la Unidad de Personalidad y Comportamiento del Complejo Hospitalario Ruber Juan Bravo, parte del origen del mal humor reside, lógicamente, en la “llegada” de las hormonas y, otra parte fundamental, en la cantidad enorme de cambios vitales que acontecen durante la adolescencia. Las hormonas (estrógenos y progesterona, en las chicas; y testosterona, en los chicos) son las responsables de los cambios físicos y sexuales en esta etapa de la vida.

Los cambios en el cuerpo del adolescente provocan de forma inconsciente una transformación simultánea en la forma de comunicación y trato con los adultos. Porque aunque en muchas ocasiones creemos observar o dialogar con “jovencitos”, en la misma cuantía creemos que estamos ante el “mismo niño o niña de ayer”. Esta incongruencia, inevitable en la mayoría de las ocasiones, sin que lo sepamos confunde aún más al adolescente. El entorno y las relaciones sociales también cambian. Cada hijo o hija tiene un tiempo de crecimiento, de evolución distinto. Por ese motivo, puede propiciarse el alejamiento de amigos de la infancia y, como consecuencia, la búsqueda y acercamiento a otras amistades que se sitúan en un nivel más o menos similar de maduración.

Lógicamente, todos estos cambios producen inestabilidad emocional y sensación de vulnerabilidad en los adolescentes, encontrándose a menudo perdidos. No entienden qué les está pasando. Por eso, cuando el entorno, los adultos, les preguntamos qué les pasa, ellos responden de manera hostil. Si ni ellos entienden lo que está sucediendo, ¿cómo queremos que nos lo expliquen?

¿Qué podemos hacer?

  1. —  Identificar el origen del mal humor.
  2. —  No recordarles sus dificultades.
  3. —  Respetar la distancia.
  4. —  No mostrar superioridad.
  5. —  Participar con ideas, más que con consejos.
  6. —  Aguantar sin entrar en su provocación.
  7. —  Ofrecer confort y sosiego.

 Si existen conductas complejas enquistadas:

  •  Identificar los pensamientos irracionales.
  • Ayuda profesional especializada.

Ana Roa, pedagoga y psicopedagoga
www.roaeducacion.com
roaeducacion.wordpress.com

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