La crisis de la adolescencia

Los cambios físicos y psicológicos en los adolescentes

El principio de la crisis de la adolescencia viene marcado por curiosos signos. En 5.º de Primaria, por ejemplo, vemos que su pelo y su peinado se transforman. De pronto, rechazan vestirse como nosotros queremos. Además, aparece ese encoger los hombros cuando hablamos. Por contra, la desaparición de la agresividad, del comportamiento de rechazo o de la oposición a todo es una buena señal del fin de la crisis de la adolescencia. En ese momento, los padres recuperan a su hijo, en el que vuelven a reconocer muchos de los rasgos de antes de la pubertad. En general, la salida del túnel tiene lugar hacia primero o segundo de Bachillerato. 

Ayudar a los hijos en la crisis de la adolescencia

La crisis de la adolescencia

Tener a un adolescente en casa, no siempre es cosa sencilla pero siempre hay que mantener la confianza en nosotros y en nuestros hijos e hijas.

Hay que delegar las cuestiones de salud y sexualidad de los adolescentes en los profesionales de la salud que los rodean: el médico de atención primaria, el pediatra o la enfermera del colegio. Según los estudios, más del 70% de los niños confía en su médico de cabecera. Hay que aprovechar esta buena relación para dejarles que vivan lo que forma parte del descubrimiento y la autonomía propios de este periodo de la vida.

Al iniciar la ESO, los niños pasan al instituto y dejan de tener un profesor principal, que imparte la mayoría de las asignaturas; una figura cercana y asimilable para los padres. Es el momento en que se pide a los adolescentes que sean autónomos, cuando, en realidad, son todavía muy dependientes. Seguro que Albert Camus nunca hubiese llegado a ser Albert Camus sin la determinante influencia que tuvo monsieur Germain, su profesor, durante su etapa escolar.

La tele y el ordenador forman parte del mundo de los adolescentes, han crecido con ellos. Un adolescente que no tiene problemas especiales se comporta de manera sana y equilibrada frente al ordenador. Es su medio de comunicación con los amigos. 

En la adolescencia, proyectamos en nuestro mejor amigo o amiga todas las cualidades que nos gustaría tener. A través de ellos, el adolescente se aparta de la familia, escoge la gente con la que quiere estar. Pero eso no impide a los padres manifestar su desacuerdo con determinadas amistades o incluso prohibirlas. Los adolescentes adoran la radicalidad y, al comprobar que sus padres se oponen firmemente, se abrirá una discusión.

Los conflictos con los padres en la adolescencia

La adolescencia es como un conflicto sindical, una negociación necesaria. Se sabe quién es el sindicalista y quién el ministro de trabajo. Los padres han hecho esfuerzos inauditos por comprender a sus hijos, ya es hora de volver atrás y recuperar la autoridad, esto no tiene sentido. En cambio, lo que es interesante es que, los padres, como tales, se afirmen claramente en sus convicciones. En lugar de decir al niño: “No fumes porros”, es mejor decirle: “No quiero que fumes porros, y ¿sabes por qué...?” Y le expliquen y defiendan su posición.

Los padres tienen un gran defecto: no se dan cuenta de que envejecen. La crisis de la adolescencia remite a la crisis que viven los padres. Al llamar a los padres “carrozas”, el adolescente hace un diagnóstico. ¡No hay mayor carroza que el carroza que no quiere serlo! Pero, junto a estas tensiones, es esencial mantener siempre un rayo de esperanza. Nunca hay que desesperar del futuro de nuestro hijo. Ser padres es, ante todo, seguir apoyando a nuestro hijo adolescente aunque, a veces, juegue peor, como ocurre en todos los equipos.

Marcel Rufo. Psiquiatra infantil

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