Imperfecciones de la cabeza del bebé

Estas características de la cabeza de los bebés te pueden sorprender.

No te cansas de admirar a tu bebé, pero tiene una cabeza un poco rara: achatada, deformada, imperfecta, casi calva, llena de costras lácteas... Te preocupan esas pequeñas imperfecciones y su fragilidad.

La forma de la cabeza es imperfecta

Durante el parto, la cabeza de tu bebé ha estado sometida a mucha presión. Por eso puede aparecer deformada, apepinada (en "pilón de azúcar") o incluso presentar una bolsa serosanguínea. No te alarmes. Ese bulto blando al tacto no es doloroso. Se formó durante las contracciones, cuando el cuello del útero no estaba totalmente dilatado. En pocos días desaparecerá y tu bebé volverá a tener un bonito cráneo redondeado.

Es casi calvo

Tu bebé no es el único. La mayor parte de los recién nacidos llegan al mundo con una simple pelusa en la alto del cráneo, generalmente negra. Ese primer cabello fino se cae al cabo de unos meses y da paso a un cabello más grueso, claro y liso. El pelo que tenga al nacer no es indicativo del tipo de cabello que tendrá tu hijo en los próximos años. A veces se observan unas placas sin pelo en la nuca. Esa calvicie precoz es el resultado del roce con el colchón. Cuando el bebé sepa levantar la cabeza y apoyarse él solo sobre el vientre, le volverá a crecer el pelo en esa zona.

La cabeza se le inclina hacia un lado

Al final del embarazo, el bebé casi no puede moverse en el útero. Por eso coloca la cabeza siempre del mismo lado. Es el principio de una tortícolis que descubres cuando tu hijo nace.

¿Qué hacer si inclina la cabeza hacia un lado?

El mejor tratamiento es una kinesioterapia suave. Pide a tu médico que te enseñe los ejercicios para hacer con tu bebé.

Si la tortícolis es en el lado derecho, hay que estimular el izquierdo y a la inversa. Si tu bebé tiene la cabeza inclinada a la izquierda, colócale juguetes y móviles en el lado derecho de la cuna. Cuando lo cambies, ponte a su derecha. Y cuando lo coloques en su hamaca, háblale y juega con él desde el lado derecho.

Tiene la cabeza achatada

Como todas las madres precavidas, acuestas al bebé boca arriba. Sin embargo, esta postura repetida todos los días puede provocar un ligero aplastamiento del cráneo. Dado que es la forma adecuada de acostarlo, no la debes cambiar, pero con unos simples consejos podrás evitar esa deformación: alterna la posición de la cabeza, gírala a un lado y luego al otro para que tu bebé no se acostumbre a un lado solo. Y, en cuanto tu hijo abra los ojos, colócalo boca abajo para liberarlo del apoyo de la parte posterior de la cabeza y permitir que adquiera un mejor tono corporal.

Si tiene la cabeza muy achatada

Si la deformación es muy pronunciada, el médico te aconsejará que acuestes al bebé del lado opuesto a la parte achatada con la ayuda de un cojín calzabebés.

Otros consejos: orienta la cuna de modo que la luz le llegue del lado opuesto a la deformación y coloca sus juguetes siguiendo el mismo criterio. Así tu bebé girará la cabeza por sí mismo.

Tiene la cabeza cubierta de costras lácteas

No te preocupes. Dos de cada tres bebés tienen costras lácteas en la parte superior de la cara, en las cejas o en el cuero cabelludo desde la primera semana de vida. A veces les dura hasta los 3 años. Las costras lácteas son debidas a las hormonas maternas que, al final del embarazo, inundan al bebé y son responsables de ese exceso de sebo y de la proliferación de hongos en la piel.

¿Qué hago si tiene costras lácteas?

  • Para prevenirlas, cepilla el pelo de tu bebé todos los días con un cepillo suave.
  • Utiliza champú suave y masajéale con cuidado el cuero cabelludo. Si aparecen costras lácteas, sobre todo no intentes quitárselas.
  • Aplícale vaselina salicílica al 2% para reblandecerlas. Al cabo de unas horas, se desprenderán fácilmente con el cepillo. Luego, el champú las hará desaparecer del todo. Seca bien la cabeza del bebé.
  • También existen soluciones homeopáticas que pueden interesarte.

Cuidado con la cabeza de tu bebé, ¡es frágil!

No nos cansamos de repetirlo: nunca hay que zarandear a un bebé. Su cabeza, sujetada por una musculatura del cuello todavía débil, es vulnerable. Cuando recibe una sacudida, se balancea bruscamente de delante hacia atrás. En el interior de la cabeza, los vasos sanguíneos pueden romperse y el cerebro puede chocar contra la caja craneal provocando una hemorragia y, posteriormente, la formación de un hematoma. De modo que, ante todo, suavidad.

© Isabelle Gravillon/Enfant Magazine

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Comentarios (1)

18 jul 2019 12:50 Heredith

Me parece muy útil la información