Aprendiendo a andar, etapa a etapa

6 grandes etapas marcan el aprendizaje de tu bebé para caminar.

Primero se levanta solo y se agarra para avanzar, luego se suelta unos segundos... ¡Aprender a andar es toda una aventura! Más adelante perfeccionará su equilibrio y, por último, andará como un niño mayor y correrá. Sigue, paso a paso, esas grandes etapas.

11-12 meses: se mantiene de pie solo

Apoyado en un mueble o agarrado a los barrotes de su parque, tu hijo se ha puesto de pie solo. Se mantiene así diez segundos, feliz de descubrir su nueva verticalidad y orgulloso de recibir tus felicitaciones. A lo mejor, hasta se suelta de una mano. Se le ha ocurrido estirar las rodillas, pero seguramente no se le pasa por la cabeza doblarlas. Entonces, puede que te pida ayuda o se caiga de trasero.

Durante este periodo, es inútil estimularlo u obligarlo. Tu hijo necesita ir a su ritmo y tener confianza en sí mismo para aprender a andar. Las diferentes posturas que adopta y repite al infinito ya son una gran proeza. Eso contribuye a aumentar las sensaciones de movimiento, a entrenar su sistema vestibular que controla el equilibrio y a consolidar sus conocimientos y sus músculos. Enseguida llegarán los primeros pasos.

13 meses: pronto sin manos

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Para ponerse de pie, tu hijo necesita que sus músculos sean lo suficientemente fuertes para soportar su peso, pero también tiene que dominar el equilibrio. En cuanto una parte de su cuerpo se aleja del centro de gravedad, los receptores situados en las articulaciones y los músculos envían al cerebro informaciones. Entonces el cerebro ordena a los músculos que mantengan la postura. Son las llamadas "reacciones de equilibrio".

Si tu pequeño se desplaza agarrándose a los muebles, dale un correpasillos para que se agarre a él y avance mientras empuja el objeto multicolor. Sus idas y venidas por la casa permitirán que se imprima en su memoria el movimiento repetitivo, ejercitando la zona de la motricidad de sus hemisferios cerebrales que intervienen en el mecanismo de la marcha. Si aún no se suelta, paciencia, no tardará en hacerlo.

14 meses: cuestión de equilibrio

Ya está: tu hijo ha dado sus primeros pasos llevado por las ganas de alcanzar un objeto o simplemente por la ilusión de lanzarse en tus brazos. Como es consciente de que su equilibrio es precario, se organiza: da pasitos y separa la piernas mucho más de lo normal, por eso su andar parece un poco mecánico. Entre paso y paso, mantiene más tiempo la fase de apoyo. Ese momento le ayuda a recuperar el equilibrio amenazado por el paso anterior. Tardará entre diez y quince días en estabilizarse gracias a este truco y no será capaz de mantenerse un segundo sobre un pie hasta alrededor de los 30 meses.

Si las continuas caídas lo desaniman, exprésale tu apoyo, pero sin forzarlo. Si prefiere volver al gateo durante un tiempo es porque no está listo y prefiere hacer una pausa: su cerebro no consigue controlar el equilibrio y su maduración muscular no ha terminado.

15 meses: de pie, agachado, sentado...

Tu hijo perfecciona su caminar. Poco a poco, aprende a controlar la trayectoria además de la estabilidad. Cada cosa a su tiempo. Separa menos las piernas y ya puede agacharse sin ayuda y pasar de estar de pie a sentarse.

Su próximo objetivo serán las escaleras, una etapa clave en el desarrollo psicomotor. Ahí se ve si tu hijo controla la coordinación de sus movimientos y si ha conseguido un buen equilibrio postural. Como es lógico, al principio las subirá a su ritmo, vigilado por ti, ayudándose de la barandilla o de tu mano, y lo hará sin alternar las piernas, un paso tras otro. Para que pueda bajarlas habrá que esperar tres o cuatro meses más, porque como su centro de gravedad está adelantado hacia abajo; todavía necesita un poco de entrenamiento para estabilizar su equilibrio. Por eso es importante colocar una barrera en las escaleras antes de esta edad.

Paralelamente, tu hijo mejora también su motricidad fina. Si le das unos lápices ?no muy finos para que los pueda sujetar- y una hoja, realizará sus primeras obras maestras. También juega a apilar cubos, coge los alimentos con las manos, es capaz de comparar el peso de dos pelotas diferentes y se divierte enormemente con los juguetes del baño: llenándolos, vaciándolos y volviéndolos a llenar... ¡qué divertido!

18 meses: algo más de velocidad

Al cabo de cuatro o cinco meses de haber aprendido a andar, tu hijo alarga los pasos, aumenta la velocidad, junta las piernas y disminuye el tiempo de apoyo entre dos pasos. Ahora, cuando da un paso, apoya primero el talón, como los adultos, dejando atrás sus andares de robot. También perfecciona sus apoyos según la naturaleza del suelo: pedregoso, con agujeros, con baches... Su cerebro registra esas informaciones para adaptar su equilibrio postural a los terrenos que pisa.

Pero aún está lejos de caminar bien. No le pidas que salga de paseo. Mientras un adulto se desplaza a 5 km/h, tu bebé avanza a una velocidad media de entre 20 y 40 centímetros por segundo, es decir, entre 0,75 y 1,5 km/h. Hasta los 7 años tu hijo no caminará exactamente como tú. Mucho cuidado también con las bajadas, porque todavía no sabe regular su velocidad en un plano inclinado.

24 meses: ¡que divertido es correr!

Darse la vuelta, agacharse, trepar, chutar un balón sin caerse... Tu pequeño perfecciona el equilibrio y pone en práctica las habilidades adquiridas en posición sedente, pero ahora manteniéndose en pie. Sube y baja las escaleras agarrándose a la barandilla él solo, pero todavía no alterna los pies.

A estas alturas, el niño ha hecho grandes progresos en su modo de caminar. Se acabaron los pasos inseguros, ya sabe correr y andar hacia atrás. Desde ahora hasta los 2 años y medio, aprenderá a dominar el salto, con las piernas y los brazos separados. Al mismo tiempo, tu pequeño va a desarrollar su autonomía en la ejecución de algunos movimientos como el uso de la cuchara o la prensión de un vaso. También podrá quitarse unos zapatos sin cordones y toda la ropa que no tiene cremalleras o botones. Es el momento de implicarlo cuando lo vistas y lo desvistas pidiéndole que participe. Lo mismo vale para el baño: enséñale jugando cómo lavarse los pies o las manos frotando, ¡le encantará ayudarte!

Stéphamie Letellier con la colaboración de Laurence Vaivre-Douret, neuropsicóloga y especialista en psicomotricidad, y Anne Gatecel, especialista en psicomotricidad y psicóloga.

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