El hombre, su hijo y el burro. Fábula divertida para niños

Cuentos con moraleja para educar a los niños en valores

El gran fabulista Esopo, pese a que su existencia real esté en entredicho, nos ha dejado una serie de relatos cortos de incalculable valor, tanto que todaviá hoy en día, más de 2000 años después de su muerte, siguen vigentes. Y es que, sus textos encierran enseñanzas que aun hoy en día son válidas y perfectas para educar a los niños.

Uno de estos relatos breves se titula El hombre, su hijo y el burro, una divertida fábula para niños que enseña a los más pequeños que es imposible complacer a todo el mundo, por lo que, en ocasiones, cuando las opiniones son muy enfrentadas, es preferible confiar en el sentido común.

Fábulas graciosas para niños: El hombre, su hijo y el burro 

fábulas con enseñanzas para niños 

Iba un hombre de viaje con su hijo y su burro. El niño iba montado sobre el burro, mientras que el padres caminaba a su lado. Tras un largo camino, llegaron por fin a un pueblo y, al pasar por sus calles, la gente no paraba de mirarles:

- Pero, ¿has visto? El hijo, que es joven y fuerte va montado en el burro, y su pobre padre, ya viejo, ha de caminar.

El hombre avergonzado, bajó a su hijo del burro y se montó él. Y así, siguieron su camino. Tiempo después llegaron hasta otro pueblo y, de nuevo, la gente o paraba de mirarles y cuchichear: 

- ¡Qué horror! El hombre va montado en el burro como si fuera el rey, mientras que deja a su hijo pequeño andando cansado a su lado.

El hombre, avergonzado de nuevo, bajó del burro y comenzó a caminar junto a su hijo y llevando al burro de las riendas.

Un rato después, llegaron hasta otro pueblo y la gente se paraba a mirarles: 

- ¡No puede ser! Tienen un burro y van de pie, ¿habrase visto?

Al escuchar esto, el hombre se montó en el burro junto a su hijo y siguieron su camino. Al pasar por el siguiente pueblo la gente comenzó a comentar: 

- ¡Es un abuso! El pobre animal ha de cargar con el peso de dos personas.

Al oír los comentarios, el hombre desmontó del burro y bajó a su hijo. Buscaron unas cuerdas y una vara, amarraron las patas del burro y lo colgaron de la vara para poder cargar con él.

En el siguiente pueblo, no daban crédito: 

- ¿Has visto? ¿Pero qué es esto? Un hombre y un niño cargando a un burro.

Entonces, el hombre, harto de todos los comentarios de todo el mundo, desató al burro, subió a su hijo en él y dijo: 

- Así salí de mi casa, y así seguiré mi viaje.

Moraleja: es imposible complacer a todo el mundo

 

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