El hijo del elefante. Cuento para niños de Ruydard Kipling

Cuento infantil sobre cómo el elefante consiguió su trompa

Este cuento para niños, El hijo del elefante, fue escrito por Ruydard Kipling y fue publicado por primera vez en el Ladies Home Journal, en abril de 1900. Posteriormente pasó a formar parte de sus famosos "Cuentos de así fue" (Just so Stories). 

Este relato trata de explicar de una forma muy divertida e ingeniosa por qué los elefantes tienen la nariz tan larga, para ello recurre a un pequeño elefante, con una curiosidad tan grande que nunca paraba de hacer preguntas.  

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Cuento: El hijo del elefante o por qué los elefantes tienen trompa

El hijo del elefante. Cuento para niños de Ruydard Kipling

En tiempos remotos el elefante no tenía trompa, solo poseía una nariz oscura y curvada del tamaño de una bota. Movía su nariz de un lado a otro pero le resultaba imposible agarrar nada con ella. Este elefante tenía un hijo que tenía una insaciable curiosidad por todas las cosas. Constantemente estaba haciendo preguntas y a todos molestaba con esa insaciable curiosidad.

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Preguntaba a su tía la avestruz porque le crecían las plumas de la cola.

Preguntaba a su otra, la jirafa porque tenía tantas manchas en la piel.

Molestaba también con sus preguntas a su rechoncho tío el hipopótamo para saber por qué tenía los ojos tan rojos.

Del mismo modo preguntaba a su peludo tío el mandril porque eran tan dulces los melones.

Todos le apartaban molestos por sus preguntas, pero y el elefante seguía lleno de curiosidad.

Una luminosa mañana al comenzar el verano el hijo del elefante hizo una pregunta que hasta entonces no había formulado:

- ¿Qué come el cocodrilo? Su padre y su madre lo hicieron callar, pero el elefante fue al encuentro de un pájaro que estaba posado en la rama de un espino.

- Mis padres me mandan callar, pero quisiera saber que come el cocodrilo, dijo el elefante.

El pájaro le sugirió que se fuera a las orillas del gran río, uno con las aguas verdosas y grises para encontrr la respuesta.

A la mañana siguiente el hijo del elefante recogió 50 kilos de plátanos y 50 kilos de caña de azúcar y gran cantidad de melones para el viaje y se despidió de todos sus familiares para ir  hacia el gran río.

En su camino fue comiendo melones y cuando caía la cáscara la dejaba en el camino porque no podía levantarla. En su camino, encontró una serpiente: 

- Perdone a usted, le dijo el elefante, ¿ha visto por estas regiones una cosa llamada cocodrilo?

La serpiente boa se desenroscó de la rama en la que descansaba y con la punta de su cola le dio un empujón. El elefante, siguió su camino comiendo melones y tirando la cáscara por allí hasta que pisó lo que creyó que era un tronco en la misma orilla de las aguas verdosas y grises del gran río. Aquello, no era ni más ni menos que el cocodrilo.

- Perdone usted, le dijo el elefante, ¿ha visto por estas regiones una cosa llamada cocodrilo?

El cocodrilo guiño su ojo y levantó un poco la cola que tenía hundida en el barro y el hijo del elefante se echó hacia atrás a toda velocidad pues no quería que nadie volviera a golpearlo.

- ¿Por qué preguntas eso?, dijo el cocodrilo.

- Mi padre, mi madre ,mis tías el avestruz y la jirafa, mis tíos el hipopótamo y el mandril y también la serpiente boa de dos colores me han pegado por mi insaciable curiosidad, por eso me alejo de usted para no recibir más azotes.

- Acércate pequeño, le dijo al cocodrilo, pues el cocodrilo soy yo. Y en ese momento empezó a derramar lágrimas de cocodrilo para demostrar que era verdad lo que afirmaba.

- ¿Y podría deicirme qué es lo que come?, preguntó.

- Acércate pequeño, dijo el cocodrilo, te lo diré al oido. El elefantito puso la cabeza junto a la boca de grandes colmillos del cocodrilo y el cocodrilo lo agarró por la nariz que hasta aquel día tenía el tamaño de una bota. 

El elefante comenzó a tirar haia atrás con toas sus fuerzas, se agarró al suelo fuertemente coon sus pequeñas posaderas y tiró y tiró y volvió a tirar con toda su fuerza hasta que su nariz empezó a alargarse.

El cocodrilo daba coletazos en el agua haciendo espuma como si su cola fuera un remo y el hijo del elefante seguía tirando y tirando. Cuando el hijo del elefante se dio cuenta de que sus patas le resbalaban en el barro, su nariz ya media ya casi un metro y medio.

La serpienteboa llegó hasta la orilla y viendo lo que ocurría, se enroscó con doble vuelta en las patas de atrás del elefantito y tiró ella un poquito también. Finalmente, el cocodrilo soltó la nariz del elefante y, éste agradecido, sonrió a la serpiente boa, envolvió su nariz en cáscaras de banana y la sumergió en las aguas verdosas grises y frescas del gran río.

Sin embargo, la nariz no se le acortó ni un poquito, porque al tirar con tanta fuerza se le había convertido en una auténtica y verdadera trompa igual a la de los elefantes de hoy. 

¿Qué haría con una nariz tan grande? Pue bien, casi sin darse cuenta el elefantito levanto su trompa y con ella espantó a una mosca que acababa de posarse en su lomo,  luego sintió hambre, alargó la trompa, y agarró un buen puñado de hierbas, lo sacudió para quitarle el polvo y se lo llevó a la boca, y como tenía calor, sin pensar en lo que hacía, vio una buena cantidad de barro de la orilla del río y lo derramó por su cabeza con su trompa.

Feliz con su nueva nariz, el hijo del elefante regresó a su hogar balanceando continuamente la trompa, cuando quería comer alguna fruta, la arrancaba del árbol en vez de esperar a que se cayera y durante todo el viaje se dedicó a recoger todas las cáscaras de melón que él mismo había tirado, porque era un paquidermo muy limpito.

Por fin llegó a su casa, curvó la trompa hacia arriba e hizo sonar su gran trompa. Todos se alegraron mucho al verle pero en seguida, fueron a darle una reprimenda. Antes de que ninguno pudiera empujarle o darle un coscorrón, alargó su trompa y les dejó tendidos de un trompazo.

Después de unos días, los otros elefantes descubrieron que la trompa resultaba muy útil, y uno tras otro a buen paso marcharon hacia las orillas del río de aguas verdosas y grises qpara conseguir una nariz tan larga como la del hijo del elefante.

Desde aquel día, todos los elefantes que verás en la vida y los que no podrás ver, tienen una trompa exactamente igual a la de aquel elefantito insaciablemente curioso.

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Comentarios (1)

15 abr 2021 04:32 Lourdes

Excelente me encanto!