¿Qué juegos divierten al bebé?

Un juego para cada edad del bebé

Tu bebé pone tanto empeño y seriedad en jugar como tú en trabajar. Es normal, porque gracias al juego se desarrolla equilibradamente desde un punto de vista intelectual, afectivo y físico. Observemos todo lo que aprende gracias a sus juguetes y a sus juegos.

¿Qué juegos le divierten?

De 0 a 6 meses: le encantan el sonajero, el pórtico de actividades, la manta de juegos...

 Ideales para estimular sus sentidos

Tu bebé empieza por observar sus primeros juguetes con mucho interés. ¡Cuántas formas y colores! El pequeño escucha con atención y curiosidad los sonidos que emiten. Intenta cogerlos con las manos, agarrarlos. Una vez que los atrapa, los agita, los golpea, los tira y los chupa.

Aprende con su cuerpo

Ante un sonajero, un pórtico de actividades o una manta de juegos, mantiene todos sus sentidos alerta. En primer lugar, la vista, que aún no ha madurado del todo. Observando sus elementos, el bebé aprende a distinguir los contrastes, las formas, los colores y los límites de un objeto. Cuando lo agita delante de su cara, se entrena a seguirlo con la mirada, desarrollando así su campo visual, muy limitado los primeros meses. Por supuesto, también estimula el tacto, descubriendo diferentes materiales y texturas con las manos. Y la agudeza auditiva, gracias a los juguetes que llevan cascabeles. 
También se observan progresos en la psicomotricidad. De tanto forcejear para atrapar los elementos del pórtico, para pasar el sonajero de una mano a otra o para llevárselo a la boca, el bebé mejora la precisión de sus movimientos y perfecciona la coordinación entre las manos y los ojos.

 Aprende con la cabeza

Mientras el bebé se mueve, su cerebro está en plena ebullición. Procesa todas las informaciones sensoriales recibidas por su cuerpo a partir de un solo objeto (forma, color, olor, textura, peso, etc.). Luego lleva a cabo una síntesis para construir una imagen única de ese objeto, que almacena inmediatamente en la memoria. ¿Qué utilidad tiene este proceso para el pequeño? Reconocer el juguete la próxima vez.
Gracias a su sonajero, su manta de juegos o su pórtico de actividades, tu hijo experimenta también las leyes físicas básicas. No, esta pelota no se queda flotando en el aire cuando la suelto. Sí, dos objetos sujetos por un hilo chocan cuando los muevo y sus trayectorias se cruzan. Y, sí, el pórtico sigue siendo igual aunque lo mire desde diferentes lugares de la habitación.
¡Y eso no es todo! También descubre la causalidad: comprende enseguida que agitando el sonajero provoca un ruido.

Desde el punto de vista psíquico

¡Anda!, cuando toco el sonajero no tengo la misma sensación que cuando me toco el brazo... Claro que el bebé no formula este tipo de deducción de manera tan consciente y precisa. Pero le confirma una impresión que tiene de una manera más o menos difusa desde que nació: que él no se disuelve en el mundo que lo rodea, que posee un cuerpo diferente de su entorno. Al jugar, pule la consciencia de su yo.

De 6 a 12 meses: Los juegos del  “Cucu… ¡Tras!” y “El caballito”

Ideales para trabajar el equilibro

Tu cara atrae inmediatamente la atención de tu bebé, ¡es su juguete preferido! Después de una primera fase de observación, el pequeño expresa sus emociones al sentir las cosquillas o notar los saltos que da sobre tus rodillas. Hay de todo: carcajadas, caras de sorpresa y, a veces, también de disgusto.

Aprende con su cuerpo

Durante estos juegos tan físicos, tu bebé almacena todo tipo de información sobre su cuerpo. Es curioso: siente más las cosquillas en la planta del pie o en el mentón que en el muslo. Es la ocasión perfecta para familiarizarse con las diferentes partes de su cuerpo, de acotar los límites.
Y cuando su padre le hace galopar sobre una pierna, moviliza todo su sistema de equilibrio. No hay mejor preparación para aprender a caminar, a montar en bicicleta, etc.

 Aprende con la cabeza

Jugar a “la hormiguita que sube” requiere mucha concentración. Hay que estar realmente atento para seguir la trayectoria y para aprovechar plenamente el instante en el que se producen las cosquillas. Lo mismo ocurre con el “cucu… ¡tras!”: no puede despistarse y perderse el momento en que mamá salga de detrás de la cortina. En estos juegos que tienen un guión repetitivo, el bebé también pone a prueba su memoria y su capacidad de anticipación. ¿Se acordará la próxima vez de dónde terminó la hormiguita su ascenso por el brazo? ¿Fue bajo la barbilla o en la tripa?
Si por casualidad cambias algo en esa rutina, el bebé aprende a adaptarse a un acontecimiento imprevisible, a una situación desconcertante. ¡Es una lección muy útil en la vida! Y, sobre todo, cuando el juego se aparta de lo que él esperaba, se demuestra que vuestros pensamientos no son idénticos. Poco a poco, gracias a estos intercambios, el pequeño sale de su egocentrismo y puede comprender el mundo.

Desde el punto de vista psíquico

Se retuerce de risa y tú le respondes con una gran sonrisa. Se muestra un poco nervioso y lo acaricias para calmarlo. Tu bebé entiende que su comportamiento tiene un efecto en su entorno, que cuando expresa algo es escuchado. Es ideal para coger confianza en sí mismo y redoblar las iniciativas.
Durante ese cara a cara, se familiariza con diferentes mímicas faciales y aprende a interpretarlas. También toma conciencia de que en un intercambio cada cual tiene su turno: uno habla o actúa mientras el otro escucha y viceversa. Es una regla básica de la comunicación.
Por último, ¡qué medio tan excelente de aprender a manejar la ausencia es ver tu cara desaparecer tras una tela y reaparecer inmediatamente con una gran sonrisa! Incluso cuando no te ve, sigues existiendo, ¡uf!

Isabelle Gravillon

 © Enfant Magazine

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