¡Qué duro es separarse de tu bebé!

Cuando hay que dejar al bebé... pasas un mal rato. ¡Así será más llevadero!

En los brazos de la abuela, en la guardería, con la niñera... en cuanto lo dejas, se echa a llorar como si lo abandonaras para toda vida.

La separación es un aprendizaje difícil tanto para tu hijo como para ti. Más allá de las legítimas preocupaciones, no hay que olvidar que estas primeras separaciones son constructivas. Gracias a ellas, tu pequeño buscará medios para soportarlas e iniciará así el camino hacia la autonomía.

Las etapas de la separación

  1. El nacimiento marca la primera separación, la del cuerpo materno. Puede que no sea tan traumatizante como se ha dicho durante mucho tiempo. Y menos desde que, de diez años a esta parte, se intenta colocar inmediatamente al recién nacido sobre el vientre de la madre. Así entra en contacto con su olor y los latidos de su corazón.

  2. Más adelante, el destete, si la madre le ha dado el pecho, marca una segunda etapa.

  3. Durante los primeros meses, tu bebé aprende progresivamente que no forma un todo contigo, su madre. También empieza a distinguir las diferentes partes de su propio cuerpo. La época en que tu hijo lleva peor separarse de ti es hacia el octavo mes: es la crisis de los 8 meses.

  4. A lo largo del primer año, el niño toma conciencia de que es diferente del mundo que le rodea y que este está compuesto de objetos y de personas, también diferentes unas de otras.

  5. Más adelante, él mismo inicia ese movimiento de separación y reencuentro, por ejemplo, tendiendo los brazos hacia su papá cuando está en los de su mamá. ¡Y a la inversa!

¿Una separación? ¡Rápido el peluche!

Su peluche o su trapito es para algunos niños (no todos lo necesitan) un valioso compañero que les ayuda a separarse. Es lo que el pediatra inglés Donald W. Winnicott llamó un objeto transicional: encarna simbólicamente la presencia tranquilizadora de la madre cuando ella no está presente físicamente.

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El balbuceo del bebé, los lloros, los gritos o las onomatopeyas también tienen una función transicional. Cuando tu pequeño dice a su manera "papá" o "mamá" trae a su presencia, de forma todavía simbólica, al progenitor que no está allí. Eso le ayuda a soportar la ausencia.

Compórtate de forma natural. La separación es un proceso que requiere mucha delicadeza. Lo mejor es ir por etapas. No hay que precipitar las cosas ni aplazarlas constantemente. Deja a tu bebé en brazos de otra persona durante unos minutos, luego algo más de tiempo, y explica a tu hijo lo que va a pasar. No por el sentido de tus palabras, que aún no comprende, sino por el tono de voz, que le da tranquilidad. Pero si ves que está inquieto, no vayas demasiado rápido. Prueba más adelante.

No le impongas un peluche o cualquier otro objeto transicional. Es tu hijo el que escoge el conejo azul, el pañuelo o el ratón verde (y lo abandona el día en que ya no lo necesita). Le gusta sobre todo por su suavidad y por su olor. ¡De ahí el drama cuando lo lavas!

Las separaciones, ¡qué ansiedad!

Las primeras separaciones definen el modo en que tu hijo va a aprender a ser autónomo al crecer. A veces, hay razones objetivas (niño prematuro, por ejemplo) o subjetivas (temor a la separación de los padres) que pueden entorpecer el desarrollo tranquilizador de las primeras separaciones. Si la ansiedad de la separación se vuelve excesiva, habla con tu médico.

Gilles Donada con la colaboración de Nicole Fabre, psicoanalista.
© Enfant Magazine

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