Llorar es bueno para los bebés

El llanto es para los bebés una forma de expresión y una necesidad.

El primer reflejo de comunicación del recién nacido es un grito y unas lágrimas que nos llenan de alegría: ¡vive! Al principio, este modo tan particular de expresión sigue maravillándonos: ¡nos reclama! Pero el llanto de los bebés también es una necesidad.

El bebé ahoga sus penas en lágrimas

Al poco tiempo, la frecuencia e intensidad del llanto de nuestro bebé nos desconciertan. Unos investigadores se han dedicado a medir el tiempo que lloran los recién nacidos: de media, una hora al día, dividida en tramos: diez minutos por aquí, un cuarto de hora por allá… Es verdad: no dispone de otro medio de hacernos comprender que tiene hambre, frío, dolor de tripa…Pero le hemos dado el pecho, lo hemos tapado con una manta o le hemos dado un masajito en el abdomen ¡y no deja de llorar!

“El llanto de un bebé no siempre es una llamada para satisfacer necesidades inmediatas. Cuando un bebé llora aparentemente sin razón, es que se está recuperando. Recientemente –o no tanto- ha experimentado un determinado sufrimiento que no ha podido expresar en el momento y ha almacenado esa no-manifestación en forma de tensiones interiores que necesita liberar. Las lágrimas son la expresión de ese proceso terapéutico de evacuación. No son el sufrimiento, sino la señal de la curación del sufrimiento”, explica Isabelle Filliozat, psicoterapeuta. De modo que cuando nuestro bebé llora, ¡se está haciendo un bien a sí mismo! En realidad, esta explicación no nos sorprende. ¿Cuántas veces no hemos sollozado contra un pecho amigo y hemos salido de ese mar de lágrimas serenadas? “Llorar hace bajar la tensión arterial, elimina las toxinas, relaja la tensión muscular y restablece la respiración. Después de haber llorado bien, sollozando profundamente, nos sentimos relajados, liberados”, constata Isabelle Filliozat.

Dada su cortísima edad, ¿qué tipo de sufrimiento puede padecer nuestro bebé para necesitar derramar semejante torrente de lágrimas? Nada dramático, solo catástrofes a su medida: carencias y frustraciones… que a veces manifiestan a través del llanto más a contratiempo que con retraso.

“Cuando el parto ha ido mal, puede que el bebé necesite quejarse, a veces semanas más tarde, de un nacimiento que ha vivido con miedo o dolor. Por otra parte, los lactantes tienen una enorme necesidad de ternura, contacto, olores y caricias. Un bebé que se pasa horas en la cuna acumula tensiones que necesitará eliminar llorando”, supone la terapeuta.

Si te pones en la piel de tu bebé, debes admitir que tal vez tenga razones para sentirse herido en su sensibilidad: el amamantamiento no es tan fácil como parecía, estás de capa caída, su hermano mayor te acapara y no te permite responder con diligencia y serenidad a sus llamadas…

Por suerte, nuestro pequeño comprende enseguida que tiene ante sí el remedio a sus males: las lágrimas. Es como si hubiera nacido con un depósito inagotable de ese líquido que lame y sorbe a voluntad. “Las lágrimas, como la leche materna, se producen según sus necesidades”, observa Isabelle Filliozat.

Hay que aceptar sus lágrimas

Nuestro bebé no descarga sus “ojos pistola de agua” en cualquier momento. ¡Nos espera! Escoge su momento, por la noche, cuando queremos hacerle mimos, caricias y cosquillitas. ¿Por qué no ha vaciado su exceso de malestar en la guardería? Porque somos las que lo podemos todo para él.

“Un bebé necesita compañía, respeto por lo que vive, que acepten que su emoción se desborde sin sentirse amenazado de destrucción. Por eso no hay que intentar acallar a un bebé que llora, sino todo lo contrario, estimular sus lágrimas”, aconseja la especialista.

“Evitar hundirle el pulgar o encasquetarle el chupete para cerrarle la boca…, es algo que podemos hacer, porque es bueno para él. ¡Pero estimular sus lágrimas!: ¿tal vez mostrándonos espectadoras entusiastas y no aterradas? ¡Probadlo!”, provoca amablemente Isabelle Filliozat: “Es importante mantenerse en contacto con un bebé que llora mirándole bien a los ojos con ternura, por ejemplo. Luego hay que hacer un pequeño esfuerzo de proyección: tienes que imaginar que eres una copa, un recipiente tendido hacia tu bebé para recoger todas las lágrimas que él debe imperativamente derramar. Así adoptas una actitud receptiva y sientes que le eres útil”.

Isabelle Gravillon con la colaboración de Isabelle Filliozat, psicoterapeuta.
© Enfant Magazine

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Comentarios (1)

12 may 2018 17:53 Monica

Lo siento pero me parece una barbaridad decir q los bebés necesitan llorar y q les dejes e incluso estimules a hacerlo. Aún no tienen conciencia del "yo", ¿cómo van a sentir frustración? ¿cómo van a llorar para relajarse? Estos sinsentidos no son más q otra excusa q se pueden decir las madres a sí mismas para dejarle llorar sin sentirse culpables. Un bebé llora pq algo le falta, quizá no es grave para ti, pero él no sabe discernir, para él todo es urgente. Y no atenderlo, o peor, quedarse mirando, ¿qué mensaje le da? Q no puede confiar en ti
Opino q hay demasiados consejos q se dan para q las madres -ya adultas y con capacidad d gestionar, x duro q sea- estemos tranquilas a costa d que los bebés -inmaduros e incapaces de gestionar- sientan indefensión y se afecte su autoestima y capacidad d gestión d emociones a largo plazo.