Trastornos del sueño en padres y bebés

Soluciones para los problemas de sueño

Aunque el niño se despierte varias veces en la noche no tiene por qué existir un problema. El sueño es un proceso biológico perfectamente organizado, pero incorpora también muchos componentes conductuales. Cada ser humano, incluso antes de su nacimiento, posee unos ciclos de sueño específicos, más o menos profundos, que van variando a lo largo de la noche y unos patrones de sueño que cambian también a lo largo de su vida.

Transtornos del sueño en padres y bebés

Problemas o trastornos de sueño en bebés

Padres e hijos -aunque con necesidades distintas- necesitan dormir, pero los problemas surgen cuando los padres necesitan dormir en horas diferentes a las del niño y terminan agotados.

Decimos que existen cuando los patrones de sueño son insatisfactorios para los padres, el niño o el pediatra, ya que afectan al bienestar del niño o el de la familia. Pero situaciones que para unas familias son problemáticas no lo son para otras. Hay padres que por ejemplo, tras despertarse vuelven a conciliar el sueño con mucha facilidad, mientras que otros, ya no pueden volver a dormirse.

El trastorno del sueño, por el contrario, no es una variación en los patrones del sueño, sino que es una alteración real de una función fisiológica que controla el sueño. Pero tardar demasiado en dormirse o tener muchos despertares nocturnos, no significa siempre que exista un problema. Es muy frecuente que en algún momento los niños padezcan algún tipo de alteración del sueño, que afortunadamente van disminuyendo con la edad. La diferencia entre lo normal y el problema conviene que lo valore un profesional, ya que muchas veces se han dado errores de diagnóstico en niños sin patología alguna.

Qué hacer cuando hay alteraciones del sueño del bebé

No existen respuestas universales a las alteraciones del sueño. Nadie puede garantizar que un solo método en concreto funcione en el caso de su hijo. Cada situación, cada niño y cada padre son diferentes. Tal vez, los consejos que nos dan amigos y conocidos, o encontramos en libros especializados, no coinciden con la manera de entender la educación de nuestro hijo. Si es así, no hay que preocuparse, los padres son los que mejor conocen a su hijo. En cualquier caso, hay que tener en cuenta que hay ciertas cosas que pueden alterar a un niño (y a un adulto) y que le impiden dormir: el malestar en casa, llegar del trabajo justo a la hora en que el niño manifiesta sueño, acostarle deprisa o alterar sus rutinas. Seamos consecuentes y mejoremos las condiciones para que el niño duerma más fácilmente.

¿Cuándo es recomendable consultar con un especialista?

Aunque los despertares nocturnosforman parte del desarrollo normal de muchos bebés y niños pequeños, existen algunas situaciones en las que conviene pedir la opinión del pediatra. Si el niño ronca de forma habitual, hace pausas al respirar mientras duerme, presenta una somnolenciaexcesiva durante el día, tiene dificultades para crecer adecuadamente o los problemas de sueño se prolongan durante varios meses afectando a su bienestar o al de la familia, es importante realizar una valoración médica.


El profesional podrá descartar posibles causas físicas, como alergias, reflujo gastroesofágico, infecciones de oído o trastornos respiratorios del sueño, además de orientar a la familia sobre las pautas más adecuadas para mejorar el descanso de todos.

Hábitos que favorecen un sueño saludable

Más allá del método elegido para dormir al niño, la constancia suele ser uno de los factores más importantes. Mantener horarios estables para acostarse y levantarse, establecer una rutina relajante antes de dormir -como un baño, un cuento o una canción tranquila- y evitar juegos muy estimulantes o pantallas en la última hora del día ayuda al organismo a prepararse para el descanso.

También es recomendable que el dormitorio sea un lugar tranquilo, con una temperatura agradable, poca luz y el menor ruido posible. Crear un ambiente predecible transmite seguridad al niño y facilita que, poco a poco, aprenda a enlazar los ciclos de sueño sin necesidad de ayuda constante. Aunque cada pequeño tiene su propio ritmo, unos buenos hábitos de sueño benefician tanto a los niños como a sus padres.

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