¿Es posible viajar sin usar pantallas? Redescubrir el valor del camino en familia

Ideas para viajar en familia sin pantallas


Publicado por Carmen Prieto Ribó, neuroeducadora
Creado: 5 de junio de 2026 15:19 | Modificado: 5 de junio de 2026 15:28


Vivimos en una época en la que las pantallasparecen haberse convertido en la solución inmediata para cualquier momento de espera, aburrimiento o inquietud. Especialmente durante los viajes, es habitual recurrir a tablets, teléfonos móviles o dispositivos electrónicos para entretener a los niños durante horas. Sin embargo, cada vez más familias se plantean una pregunta importante: ¿es posible viajar sin pantallas?

La respuesta es sí. No solo es posible, sino que además puede convertirse en una oportunidad extraordinaria para fortalecer los vínculos familiares, fomentar la creatividad y crear recuerdos que permanezcan en la memoria mucho después de que las vacaciones hayan terminado.

Porque la magia de un viaje no reside únicamente en el destino. Las vacaciones en familia empiezan mucho antes de llegar. Empiezan cuando se preparan las maletas, cuando se imagina el lugar que se va a visitar y, por supuesto, durante el trayecto. El camino forma parte de la experiencia y merece ser vivido con la misma ilusión que la llegada.

Viajar sin pantallas con los niños

El viaje como espacio para conectar

En el ritmo acelerado del día a día, muchas familias encuentran pocas oportunidades para compartir tiempo de calidad sin prisas, interrupciones o responsabilidades. Un viaje ofrece precisamente ese espacio.

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Cuando dejamos a un lado las pantallas, aparecen las conversaciones espontáneas, las risas compartidas y los pequeños momentos que fortalecen la relación entre padres e hijos. Un trayecto puede convertirse en un escenario perfecto para conocerse mejor, descubrir intereses comunes y disfrutar simplemente de estar juntos.

Las actividades compartidas durante el viajegeneran algo muy valioso: recuerdos emocionales. Años después, es más probable que un niño recuerde aquella divertida partida de palabras encadenadas o las canciones cantadas a pleno pulmón en el coche que los dibujos animados que vio durante varias horas en una pantalla.

Un mundo de posibilidades para entretenerse

Muchas veces se piensa que sin dispositivos electrónicos los viajes serán largos y aburridos. Sin embargo, la realidad es que existen innumerables recursos para hacer del trayecto un momento divertido y enriquecedor.

Se pueden llevar materiales artísticos como cuadernos para colorear, hojas de dibujo, pegatinas, colores, rotuladores o blocs de actividades. También son una excelente opción los pasatiemposadaptados a cada edad, los libros de enigmas, los cuadernos de observación o los diarios de viaje donde los niños puedan escribir o dibujar lo que ven y sienten.

Los juegos de mesaen formato de viaje también son grandes aliados. Existen versiones compactas de muchos juegos clásicos que ocupan poco espacio y pueden utilizarse fácilmente en distintos medios de transporte.

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Pero lo mejor es que muchas de las actividades más entretenidas no requieren ningún gasto económico.

Los juegos tradicionales siguen siendo una fuente inagotable de diversión. Palabras encadenadas, el clásico "Veo, veo", adivinar personajes, inventar historias entre todos o buscar objetos de un determinado color durante el trayecto son propuestas sencillas que nunca pasan de moda.

También pueden organizarse juegos musicales, como decir una palabra y tratar de recordar todas las canciones que la contienen. Este tipo de dinámicas suelen provocar risas, sorpresas y momentos muy divertidos para toda la familia.

Conversar también es jugar

Una de las actividades más enriquecedoras durante un viaje es simplemente hablar.

Las preguntas para conocerse mejor pueden dar lugar a conversaciones profundas y sorprendentes. Preguntas como "¿Cuál ha sido el día más feliz de tu vida?", "¿Qué superpoder te gustaría tener?" o "¿Qué harías si pudieras viajar al futuro?" permiten descubrir aspectos de los demás que a menudo pasan desapercibidos en la rutina diaria.

Estas conversaciones fortalecen la comunicación familiary ayudan a que los niños se sientan escuchados, valorados y conectados emocionalmente con sus padres.

A veces, los mejores recuerdos de un viaje nacen precisamente de una conversación inesperada mientras se observa el paisaje por la ventana.

El placer de leer durante el trayecto

Los libros también pueden convertirse en excelentes compañeros de viaje.

Dependiendo de la edad de los niños, se puede optar por lecturas individuales o incluso por momentos de lectura compartida. Leer en voz alta durante parte del trayecto es una actividad que favorece la imaginación, la atención y el vínculo afectivo.

Además, después de leer, pueden surgir conversaciones muy interesantes sobre los personajes, las historias o los temas que aparecen en los libros. Estas conversaciones enriquecen el pensamiento crítico y fomentan el hábito lector de forma natural.

¿Y si mi hijo ya está acostumbrado a las pantallas?

Esta es una de las preocupaciones más frecuentes entre las familias.

Es cierto que cuando un niño ha asociado los viajes al uso de pantallas, puede mostrar rechazo o frustración al encontrarse con un nuevo límite. Sin embargo, esto no significa que sea imposible cambiar la dinámica.

Como ocurre con cualquier hábito, el proceso requiere paciencia, coherencia y alternativas atractivas.

Si se decide reducir o eliminar las pantallas durante los viajes, es importante ofrecer otras propuestas interesantes desde el principio. Un cuaderno nuevo, un juego de preguntas, materiales para dibujar o actividades compartidas pueden ayudar a que el cambio se viva de forma positiva.

Los niños, por naturaleza, disfrutan de la conexión con sus padres. Quieren participar, jugar, conversar y sentirse incluidos. Cuando se les ofrece una alternativa atractiva y compartida, suelen responder mucho mejor de lo que imaginamos.

Preparar un buen kit de viaje

Si queremos prescindir de las pantallas, la planificación es fundamental.

Conviene preparar un pequeño kit de viaje adaptado a la edad de los niños y al medio de transporte que se vaya a utilizar. Nunca sobran los recursos cuando hablamos de viajes largos.

Bingos de viaje, imprimibles, libros, revistas infantiles, cuadernos de actividades, colores, juegos de preguntas, cartas o materiales creativos pueden marcar una gran diferencia.

La clave está en contar con variedad suficiente para ir alternando propuestas y mantener el interés a lo largo del trayecto.

Disfrutar del camino

Quizá la pregunta no sea únicamente si es posible viajar sin pantallas, sino qué ganamos cuando decidimos hacerlo.

Al reducir las distracciones digitales, recuperamos algo esencial: la oportunidad de vivir el viaje juntos. Compartimos conversaciones, juegos, canciones, silencios y descubrimientos. Creamos momentos que fortalecen la relación familiar y construyen recuerdos que permanecen con el paso del tiempo.


Las vacaciones empiezan mucho en el camino, en la ilusión compartida y en cada instante que vivimos juntos.

Cuando aprendemos a disfrutar también del trayecto, el viaje deja de ser un desplazamiento para convertirse en una experiencia familiar única e inolvidable.

Carmen Prieto Ribó.
Neuroeducadora. Autora del libro "No me grites, abrázame", una guía sobre cómo llevar a cabo una crianza respetuosa. Experta en el desarrollo y comportamiento infantil en la primera infancia.
Acompañante de familias y profesionales de la educación desde una perspectiva basada en la comprensión, el respeto y la crianza consciente, a través de formaciones y asesorías.
@carmenprieto__crianza

 
 

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