"No es lo que esperaba": La verdad que pocos padres admiten sobre la vida amorosa de sus hijos

No eres mala madre o padre por sentir esto, pero cuidado con lo que haces después


Publicado por Patricia Fernández, bloguera y periodista
Creado: 24 de julio de 2026 09:49 | Modificado: 24 de julio de 2026 10:33


Tu hijo/a llega ilusionado, habla de alguien con una sonrisa nueva y tú intentas alegrarte. Pero algo no encaja. No sabes si es intuición, miedo, celos, protección o simple rechazo. La pregunta aparece sola, aunque dé vergüenza reconocerla: ¿soy mala madre o mal padre si no me gusta la pareja de mi hijo?

La respuesta corta es no. No eres mala persona por sentir desconfianza, incomodidado dudas. Los padres observan, comparan, recuerdan experiencias y, muchas veces, detectan detalles que sus hijos enamorados no quieren ver. El problema no está en sentirlo. El problema está en cómo actúas después.

no me gusta el novio de mi hijo

Cuando la pareja de tu hijo/a no te gusta

Antes de decir nada, conviene separar dos cosas: una simple antipatía y una verdadera señal de alarma. No es lo mismo que no te guste su forma de vestir, su carácter tímido o que te parezca poco adecuado, que detectar control, manipulación, desprecios, aislamiento de amigos, celos excesivos o presión emocional.


Si se trata solo de una impresión personal, atacar directamente a esa persona puede ser un error. Frases como "no me gusta nada", "te vas a equivocar" o "esa persona no te conviene" pueden conseguir justo lo contrario: que tu hijo se cierre, defienda más la relación y deje de contarte cosas.

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En estos casos, es mejor escuchar. Preguntar sin interrogar. Observar sin invadir. Mantener la puerta abierta para que, si algún día tiene dudas, sepa que puede volver a casa sin miedo a escuchar un "te lo dije".

Cuando hablar y cómo hacerlo sin alejarle

Si ves señales preocupantes, sí conviene intervenir, pero con cuidado. En lugar de atacar a la pareja, habla de conductas concretas: "Me preocupa que te pida dejar de ver a tus amigas", "me inquieta que tengas que darle explicaciones todo el tiempo", "no me parece sano que te haga sentir culpable".

Así no conviertes la conversación en una guerra contra la persona que quiere, sino en una reflexión sobre cómo le trata esa relación.

La clave es no obligarle a elegir entre su pareja y su familia. Si siente que debe defender su relación frente a ti, quizá se aleje. Si siente que le acompañas sin juzgarle, será más fácil que escuche.

No eres mala madre ni mal padre por tener dudas. Pero tu reacción puede marcar la diferencia entre convertirte en enemigo... o seguir siendo refugio.

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