¿Por qué se 'chivan' los niños?

Niños chivatos. ¿Sabes cuándo es preocupante esta práctica?

Chivarse en exceso puede implicar dificultades para un correcto desarrollo social, encubrir un exagerado espíritu competitivo y un deseo de colocarse por encima de los demás de forma notoria, y sobre todo perceptible por los adultos, cuyo favor se pretende obtener. Los padres ven cómo esa actitud suele estar muy patente entre hermanos y no siempre es fácil guardar el necesario equilibrio para destacar lo que está bien hecho y a la vez no premiar muy visiblemente al chivato, pues esta conducta llevada a cabo de manera permanente no se enmarca tampoco en el ideal de comportamiento. Cuando un niño acusa a otro de estar haciendo algo que va contra las normas establecidas pueden estar pasando muchas cosas a la vez. Puede que simplemente quiera llamar la atención; o tal vez su deseo sea complacer a los mayores, ganarse su favor frente al resto; o demostrar que ha aprendido muy bien esas normas que le han enseñado, o que piensa que tiene una especie de obligación en denunciar aquello que no funciona de acuerdo con ellas. A partir de los cuatro años chivarse suele sustituir a pelearse.

¿Qué estrategias podemos utilizar cuando se chiva?

Si el chivato obtiene éxito inmediato por las más pequeñas cosas, el niño travieso podrá pensar que mantener esa actitud es algo positivo y tenderá a convertirse también en chivato, para obtener recompensas igual que el otro; cuando se evitan situaciones peligrosas gracias a una comunicación coherente y no chismosa, es conveniente premiar la informador; pero solamente en esos casos,  pues cuando son realmente cosas sin importancia las que están pasando, lo coherente es no darle ninguna importancia, dejar la eventual resolución del problema para más adelante… y conseguir que el chivato se aburra y vaya perdiendo interés en mantener esa actitud de acusica.

Excepto en aquellas situaciones que requieran una actuación urgente por la existencia de un peligro real, lo más adecuado será no proceder impulsivamente y hacerle ver al chivato que nos ocuparemos más delante de lo que nos comenta, restándole importancia y sobre todo evitando reprender al pequeño desobediente delante del denunciante.

¿Qué hacemos cuando se chiva?

  • Evaluar la situación: En primer lugar conviene analizar la situación real para ayudarle a separar entre lo que es realmente peligroso o aquello que es solo es un chisme.  Que quieran un helado igual que el de su hermano y parezcan “unos copiones” no es lo mismo que estén intentando saltar para “colgarse” de  unas barras altas  o asomándose por la ventana de manera arriesgada, para niños en edad preescolar no siempre es fácil ayudarles a darse cuenta de todos los detalles para valorar situaciones. Por otra parte, también hay que dejarles claro que a pesar de no ser necesario ir contando “todo a todos los que tienen alrededor”, sí que pueden venir a nosotros y pedir ayuda cuando necesiten  hacerlo.

  • Fomentar la autonomía de los pequeños: No siempre es necesaria nuestra intervención ante el reclamo de los pequeños, más bien todo lo contrario. Cuando no hay un riesgo real y se trata de mínimos conflictos entre ellos (especialmente si son hermanos), cuidado con fomentar su rivalidad poniéndonos de entrada del lado de uno u otro; debemos dejar que afronten solos sus rencillas y no busquen implicarnos permanentemente. Así aprenderán ciertas formas de negociación, colaboración y respeto mutuo. Estaremos atentos para que no se produzcan situaciones de dominación o de falta de respeto entre ellos, pero dejando actuar para que puedan ir creciendo y adquiriendo mayor autonomía, dejándoles margen a la hora de resolver sus problemas.  En determinados casos podemos igualmente ayudarles a buscar alternativas para responder a situaciones complicadas cuando veamos que los asuntos se les pueden escapar de las manos… y que ellos desarrollen los acuerdos finales.

  • Canalizar positivamente y de forma adulta las situaciones: Podemos empezar por nosotros mismos, predicando con el ejemplo y evitando comentarios despectivos y gratuitos sobre los demás en su presencia; si lo que quiere es nuestra atención podemos decirle que siempre estamos en disposición de escuchar lo que le pase a él realmente, pero no lo que les pase a los demás salvo que estén realmente preocupados por ellos o estén en peligro. 

Cuando predominen los comentarios despectivos hacia los demás, podemos trabajar cada día un ejercicio de comunicación consistente en que nos cuente cosas buenas y “solo buenas” de los demás para que aprenda a ver también la parte positiva; si aparecen coletillas de situaciones negativas, podemos decirle que realice un pequeño trabajo, un dibujo sobre lo que nos cuenta… para verlo después, cuando tengamos tiempo, este pequeño trabajo puede hacerle pensar si realmente merece la pena ese esfuerzo y le ayudará a reflexionar y madurar. 

Ana Roa, pedagoga y  psicopedagoga
www.roaeducacion.com
https://roaeducacion.wordpress.com/

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