¿Por qué aparecen los complejos en los niños?

Sigue estos consejos para evitar que desarrollen complejos que les afecten en el futuro.

Los 6 años son un momento crítico para los niños. Abandonan la primera infancia, inician la educación primaria y aunque la familia sigue siendo su fuente de apego principal, los compañeros y amigos empiezan a convertirse en figuras de referencia.

Los niños ven cómo son ellos mismos y también tienen una imagen más o menos estable de cómo son los demás; esto les lleva a compararse entre ellos ya que quieren formar parte de la familia o del grupo de amigos de clase. El sentido de pertenencia es algo muy importante en el ser humano y a todas las edades, pero en ésta surge con fuerza, sobre todo cuando los niños tienen que crear su sensación de pertenencia al grupo. En su comparación tratan de potenciar aquellos aspectos que ven similares a los demás y de inhibir aquellos otros que les hacen sentirse diferentes.

Dentro del grupo de amigos se producirán momentos de competencia y disputas donde los niños que se enfaden tratarán de atacar donde más duele. Es el momento en que nuestros hijos regresan del colegio diciendo: "mamá, Elisa me ha llamado “gorda". A partir de los 6 años, la impulsividad de los niños está suficientemente controlada como para no pegar o morder, pero se utiliza mucho el insulto o la infravaloración; estos ataques afectarán más cuanto más cercanas sean las personas que los realicen. A partir de entonces pueden aparecer los complejos en los niños.

La mejor herramienta que podemos dar a nuestros hijos para manejar los sentimientos de inferioridad derivados de los complejos es una buena y sana autoestima.

Para lograrlo, debemos centrarnos en varios aspectos:

Construir una buena base centrada en el apego

Si el niño tiene ya una buena autoestima, previa a la aparición de los complejos, le será más fácil afrontar esta etapa. Para ello, tiene que haber creado un buen vínculo con sus figuras de referencia. Los padres somos fuente de seguridad y estímulo para nuestros hijos; deben saber que pueden contar con nuestro apoyo emocional ante cualquier reto y tenemos que dejar que sean ellos mismos los que, poco a poco y bajo nuestra supervisión, se enfrenten a los desafíos adecuados a su etapa de desarrollo.

Consolar a los niños y trabajar sus habilidades sociales.

Cuando los complejos aparecen, es el momento de estar ahí con ellos para entender su dolor y consolarles. Podemos recordar cómo nos sentíamos nosotros en circunstancias similares. Esto nos da pistas de qué pueden necesitar nuestros hijos en esa circunstancia.

Una vez que hemos conseguido dar consuelo, es el momento de trabajar habilidades sociales para poner en práctica en futuras ocasiones. Podemos jugar a "qué dirías tú si yo te digo..." "la próxima vez que venga un niño y te diga, le puedes responder..." Poner nombre a sus emociones y ayudarle a reconocerlas puede ser muy útil para su crecimiento emocional y el control de su impulsividad.

Educar en positivo y dar ejemplo a los niños.

Lo básico para que nuestro hijo tenga una buena autoestima es potenciarla desde casa. Así, debemos evitar estilos educativos muy críticos o de una exigencia elevada. Cambiar el "eres un desastre" por "esta vez lo has hecho un poco desastrosamente".

Evitar las amenazas y tratar de motivarle a través de premios, no materiales sino emocionales. Por ejemplo, podemos cambiar el "como no te comas la sopa, no puedes ver la tele" por "si te tomas la sopa, podemos jugar un rato a lo que más te apetezca".

También podemos darle espacio para hablar y dar su opinión, así como explicarle por qué en algunos momentos se puede tener en cuenta su criterio y en otros no.

Y, para terminar, servir de ejemplo. Los niños asumen por aprendizaje vicario (viendo lo que otros hacen) mucho más de lo que imaginamos. Si nosotros no tenemos una buena autoestima, no sabemos defender nuestros derechos, nos sentimos heridos con facilidad o tenemos arranques fortuitos de ira, a ellos les será mucho más difícil poner en práctica lo que tratamos de enseñarles con muy buenas palabras.

- Los complejos surgen de los problemas emocionales en el niño, por ello es necesario que los padres les enseñen a valorarse, más allá de lo bonitos o listos que pudieran ser.

- Tu hijo debe entender que existen diferencias físicas entre todas las personas, y que en el mundo siempre serán valoradas algunas, por encima de otras; pero en nada se relaciona con la belleza real de cada ser humano.

- Ayúdalo a mirar con naturalidad sus defectos físicos.  De este modo, los apodos o comentarios ofensivos no dejarán heridas profundas en él.

- Nunca compares a tus hijos entre ellos ni dejes que se insulten en medio de un ‘inocente juego’. Resalta las virtudes del niño y anímalo a resolver por sí mismo sus problemas. Eso le dará mayor seguridad también en sus acciones.

 

No te olvides de...

  • Darles ejemplo. Si ellos ven que valoras en exceso tu imagen física o la de los demás, aprenderán a valorarse ellos mismos según su apariencia.
  • No destacar sus defectos y, en cambio,  potenciar sus cualidades. 
  • Valorarlos. Para un niño es muy importante su entorno familiar, por eso si no se siente querido y valorado puede que aumente su inseguridad.
  • Ponerle ejemplos de personas que a pesar de tener algún defecto han triunfado. De forma que comprendan que se puede convertir en positivo el ser diferente.

Ana Roa, pedagoga y  psicopedagoga
www.roaeducacion.com
https://roaeducacion.wordpress.com/

 

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