Entrevista a Catherine L'Ecuyer

Canadiense, madre de cuatro hijos, autora de dos 'best seller' educativos y un blog de enorme éxito.

"Los padres llevan en sí un tesoro, que es la semilla de la sensibilidad paternal o maternal para poder sintonizar con las necesidades de sus hijos"

Zaragoza volvió a convertirse durante el 21 y 22 de septiembre de 2018 en el foco de atención de la revolución metodológica y pedagógica. El II Congreso Internacional de Innovación Educativa, organizado por el Gobierno de Aragón, atrajo a casi 3.500 docentes, presentes y conectados, y a 300 alumnos. En él se celebraron más de 40 experiencias prácticas y talleres, así como espacios de inspiración y de reflexión colectiva en los que participaron expertos tan relevantes como Catherine L'Ecuyer, un fenómeno mediático de la educación que tiene mucho que contar al resto de los progenitores como ella.

Ha participado en el II Congreso Internacional de Innovación Educativa con un bagaje educativo muy destacado. Dos libros que han batido récords de ventas en este campo: Educar en el asombro y Educar en la realidad. Parafraseando el título cinematográfico almodovariano: ¿Qué ha hecho usted para merecer esto?

Quizás habría que preguntárselo a los que han leído mis libros. Por mi parte, intenté plasmar, en mis libros, mi propia experiencia como madre, y también como investigadora de temas educativos, en el ámbito de la filosofía, de la neurociencia, etc. Tuve un accidente de coche estando embarazada y acabé de baja forzada durante 6 meses hasta el momento del parto. Durante esos meses escribí el libro. Pero yo nunca pensé que mi primer libro iba a tener esa difusión, imaginé que me lo iban a comprar mis amigas, haciéndome un favor…

Y su blog supera el millón de visitas... ¿Qué habilidad o don ha sabido desarrollar para comunicar con tanta eficacia en el laberíntico mundo digital?

No creo que sea una habilidad o un don. Ni tampoco es algo que haya planificado. Cuando un amigo me sugirió empezar un blog hace 7 años, me puse a reír, porque me parecía una idea excéntrica, por mi forma de ser. Mirando hacia atrás, quizás la clave de la acogida del mensaje se pueda resumir en 5 puntos…

  1. Hablo desde mi experiencia. Mi experiencia como madre durante 13 años, profesora de universidad durante 7 y como investigadora en el ámbito educativo. Pero ojo, no es lo mismo que hablar “desde la experiencia” que hablar “de la experiencia”. Procuro no comentar temas personales. Primero para mantener la intimidad de mis hijos, y segundo porque pienso que a los demás, no les interesan demasiado las historias personales de otros. Cada uno tiene las suyas, y las tuyas pueden no servir a otros. Cada familia es un mundo.
  2. Intento divulgar de una forma que la gente lo entienda, sin dogmas, sin imposiciones, sin populismos, sin dar consejos paternalistas. Y poco a poco, porque el castellano es mi tercer idioma. Cuando le pido a mi marido que corrija mi estilo, siempre me responde sonriendo, “cariño, ya sabes que no puedo, porque no tienes estilo”. Digo lo que pienso, tal como lo pienso, como si se lo explicara a una vecina. Personalmente, estoy muy cansada de las ideologías, de los discursos polarizados, de las actitudes paternalistas y demagogas. Procuro alejarme de esas formas de comunicar.
  3. No sigo la dictadura de las modas. Cuando oigo algo que suena bien y provoca un aplauso, siempre me lo pienso mucho tiempo antes de aplaudir. Y a veces esa reflexión puede durar meses.
  4. Procuro no copiar ideas de otros autores. De hecho, para mantener la originalidad, no suelo leer libros de divulgación, sino literatura científica. No me gustan los libros que son “re-fritos” de ideas ajenas. Por desgracia, el mercado está lleno de ese tipo de productos. Es una verdadera lástima.
  5. Y, por último, si usted quiere tener éxito en una plataforma digital, nunca acepte dinero para decir que le gusta o no le gusta alguna idea o algún producto, y rechace los nombramientos por parte de empresas que le pueden condicionar su forma de pensar. Eso es algo como prostituirse. He tenido varios ofrecimientos de este tipo a lo largo de los últimos 7 años. Hay industrias que tienen fondos ilimitados para ese tipo de cosas. Y hay influencers que tienen las manos abiertas para aprovecharse de eso. Es muy tentador, pero siempre lo he rechazado para mantener mi libertad, mi imparcialidad, y por lo tanto, mi credibilidad. A la gente no le gusta que le tomen el pelo, aunque la realidad es que pasa muy a menudo y la gente no se entera.

"La sobreestimulación continua en los niños lleva a la inatención"

¿Cuál es su relación con los padres y madres con hijos pequeños que le siguen en internet?

Recibo muchísimos correos y, hasta hace un año, procuraba responder a todo el mundo. Pero eso, actualmente se está volviendo imposible. En cualquier caso, procuro llevar las redes personalmente, para entender cuál es la realidad de los padres, cómo reaccionan a mis artículos, a las noticias, entender el motivo de la aceptación o del rechazo a ciertas ideas, comprenderlos, etc. Y cuando doy conferencias, procuro hablar con las personas para recoger impresiones, puntos de vista, preocupaciones. En cualquier caso, la mejor forma de conectar con la situación de los padres, es compartiéndolas yo misma. Tengo 4 hijos en etapas muy distintas, y soy consciente del reto que supone educar.

Parece que existe una cierta contradicción en esto de educar. Por un lado, hay que despertar la curiosidad, la emoción ante lo nuevo, el asombro, como usted propone. Y por otro, resulta que los niños y adolescentes de hoy cada vez tienen más dificultades para fijar su atención en alguno de los múltiples impactos visuales a los que están sometidos cada día. ¿Cómo se puede compatibilizar esto?

Quizás no se puede compatibilizar, y ese es el motivo por el que es tan difícil educar. Hoy en día, nos gustaría tener el pastel y comérnoslo a la vez. Pues hay que saber escoger. O lo tengo, o me lo como. No podemos siempre ser un Top 10 en el trabajo y en casa. Aún no existe la posibilidad de clonarse, así que hay que tomar decisiones, escoger, y a veces renunciar, por muy feo e injusto que nos parezca. En el ámbito de la atención, la sobreestimulación continua en los niños lleva a la inatención. Nos guste o no. Y una persona que ha sido sobreestimulada es menos susceptible de asombrarse ante la realidad, porque tiene los sentidos saturados. Y sin sensibilidad, es difícil de sintonizar con la belleza, que es lo que nos asombra. Como decía Chesterton: “El mundo nunca tendrá hambre de motivos para asombrase, pero sí tendrá hambre de asombro”. La educación en el asombro es un intento de dar la vuelta a la profecía de Chesterton para que, en medio de tantas distracciones, nuestros hijos puedan otra vez asombrarse ante lo irresistible de la belleza que les rodea.

"La mejor forma de conectar con la situación de los padres, es compartiéndolas yo misma. Tengo 4 hijos en etapas muy distintas, y soy consciente del reto que supone educar"

Como resultado de su colaboración con el grupo de investigación Mente-Cerebro de la Universidad de Navarra, ¿qué nueva información científica podría ser de utilidad para las familias?

Hay muchos estudios que tienen un impacto concreto en nuestra forma de plantear la educación. Por ejemplo, estoy actualmente investigando con un compañero del grupo Mente-Cerebro, Fran Güell, biólogo y filósofo. No podemos explicar de qué va el artículo exactamente, porque aún no está publicado, pero estamos profundizando en la diferencia que existe entre períodos críticos y sensitivos en el ámbito del aprendizaje y del desarrollo. Estamos contrastando el estado actual de la neurociencia sobre ese tema con una teoría pedagógica concreta. Una información de utilidad para los padres en ese aspecto, es que no existen períodos críticos en el aprendizaje; en otras palabras, no existen ventanas de oportunidad irrepetibles durante los 3 primeros años de vida. Por lo menos, para el aprendizaje. Eso se llama “el mito de los 3 primeros años”. Entonces podemos relajarnos como padres. No hace falta convertirnos en animadores de ludoteca. Nuestros hijos necesitan un entorno normal, con una cantidad normal de estímulos. Eso es uno de los temas, pero hay muchos otros: estimulación temprana, impacto de las pantallas, origen de las nuevas pedagogías, etc.

"No podemos siempre ser un Top 10 en el trabajo y en casa. Aún no existe la posibilidad de clonarse, así que hay que tomar decisiones, escoger, y a veces renunciar"

¿Peligra la práctica de la lectura entre el público más joven por la dificultad para concentrarse ante tantos estímulos?

No he estudiado ese tema desde un punto de vista científico. Pero la lógica dice que la sobreestimulación dificulta la lectura. La sobreestimulación aniquila la sensibilidad, y entonces sube el umbral de sentir. Por este motivo el niño necesita cada vez más estímulos, y estímulos cada vez más fuertes y rápidos para sentir. La lectura no es un estímulo artificial rápido, requiere un esfuerzo mental, una motivación interna, una actitud de apertura que hace que nos dejemos medir por la realidad. La mente superficial que está todo el día mariposeando en el mundo digital no puede mantener la atención durante tanto tiempo.

¿Es posible educar en la atención?

Creo que sí. De hecho, una de mis ponencias es “Educar en la atención”. Pero lo que no me gusta es hablar en términos de “entrenar” la atención. "La atención no es un acto de voluntad", decían Simone Weil y María Montessori. El cerebro aprende en clave de realidad y está sediento de sentido. Por eso hablamos tanto en el ámbito de la educación del aprendizaje significativo. La atención ha de ser seducida por el sentido. Que no es lo mismo que fascinación, ante estímulos frecuentes e intermitentes. Eso no es prestar atención sostenida, es estar pasivamente a remolque de los estímulos externos. Por lo tanto, hay que rodear a los niños de realidad. Y de lentitud. Hay que "re-adaptarles" a la realidad.

"La lectura no es un estímulo artificial rápido, requiere un esfuerzo mental, una motivación interna"

¿Cuál es su postura ante el uso de las nuevas tecnologías en la infancia?

Hay muchos estudios sobre el uso de las nuevas tecnologías en la infancia y en la adolescencia, a los que hago referencia en mi libro Educar en la realidad. Me remito a las recomendaciones de las principales asociaciones pediátricas, en concreto a la Academia Americana de Pediatría y a la Sociedad Canadiense de Pediatría. Recomiendan que los niños de menos de 2 años no vean nada en pantalla, y que los de entre 2 y 5 años no utilicen la pantalla más de una hora al día y que los contenidos sean de calidad. Además, la Sociedad Canadiense de Pediatría insiste en que no hay estudios que justifiquen la necesidad del uso de la tecnología en la infancia. Esas recomendaciones no son educativas, son de sanidad pública, para la salud neurológica de nuestros hijos. Se basan en estudios que asocian el consumo de pantallas con la inatención, la impulsividad, una disminución en el vocabulario, adicciones, etc.

"Hay que rodear a los niños de realidad. Y de lentitud. Hay que re-adaptarles a la realidad"

Como experta y como madre de 4 hijos, ¿qué les recomendaría a los padres recién llegados al universo familiar?

El único “consejo” que les daría (no me gustan los consejos), es que no se dejen abrumar por la industria del consejo empaquetado. Esa industria que nos vende consejos para que nuestros hijos duerman, coman y obedezcan. Los padres llevan en sí un tesoro, que es la semilla de la sensibilidad paternal o maternal para poder sintonizar con las necesidades de sus hijos. Esa sensibilidad, nos la da la naturaleza, pero se ha de desarrollar a base de estar con el niño. No deleguemos esa maravillosa tarea en manos de expertos que no conocen a nuestros hijos. Educar no es matemático. Tener un hijo es uno de los riesgos más maravillosos del mundo. Es la mayor locura que hayamos cometido nunca. Pero nuestra naturaleza es de tal forma que volvemos a repetir esa locura, una y otra vez.

Catherine L’Ecuyer

https://catherinelecuyer.com

Eva Frutos Lucas. Periodista y Redactora Jefa de Bayard Revistas.

Foto: © Jorge Zorrilla

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