Entrevista a Robert Swartz

Pionero estadounidense en el Aprendizaje Basado en el Pensamiento

"El aprendizaje satisfactorio se basa en buenas clases de pensamiento y no solo en la simple memoria".

Robert Swartz es el pionero de la inclusión del pensamiento crítico y creativo en los contenidos curriculares. Su método, el Thinking Based Learning (TBL), o Aprendizaje Basado en el Pensamiento, permite a los niños y niñas desarrollar el pensamiento crítico y creativo en la toma de decisiones en sus vidas, algo que falla en los colegios, advierte, porque siguen “haciendo de la memoria la base del aprendizaje”.

Robert Swartz, doctor en Filosofía, graduado en la Universidad de Harvard y profesor emérito en la Universidad de Massachusetts en Boston, lleva más de treinta años enseñando a pensar a alumnos de diferentes países. Está considerado como una de las personalidades más influyentes del mundo en el ámbito de la educación.

Recientemente, Robert Swartz y el Center for Teaching Thinking (CTT) volvieron a realizar su Instituto de Verano, que en 2017 se celebró en el Colegio CEU San Pablo Sanchinarro (Madrid).

Usted asegura que la metodología tradicional, que pone su énfasis en la memoria y el aprendizaje por repetición, es poco eficaz a la hora de dirigir a la mayoría de los alumnos hacia un aprendizaje significativo o duradero. ¿Por qué? ¿Qué alternativa plantea?

¿Qué sucede habitualmente en las clases basadas en la memorización por repetición? La forma dominante de instrucción es a través de los profesores y los libros de texto. Los profesores generalmente transmiten sus conocimientos a los alumnos mediante clases y asignan lecturas de apoyo en sus libros de texto, los cuales están escritos en torno a palabras o frases destacadas. Los estudiantes generalmente toman notas de lo que el profesor dice e identifican palabras o frases claves en sus libros de texto que ellos también destacan o transcriben en sus apuntes. A continuación, un poco más tarde, el profesor hace un test en el que pregunta y, de una forma u otra, los estudiantes le devuelven lo que han recogido de sus exposiciones o sus libros de texto. Estas son generalmente preguntas tipo test, en las que se les pide que elijan la palabra o frase correctas. Por ejemplo: ¿Cuál es la fecha de la Revolución francesa? Puede haber 4 o 5 elecciones. Si el alumno indica la fecha correcta, él o ella obtiene esta pregunta como válida. Y en esto se basan las notas:  ¿Verdaderamente el alumno o la alumna responden lo que el profesor ha dicho y lo que estaba en su libro de texto?

"Sabemos cómo enseñar a los niños a convertirse en buenos pensadores" 

Es así y todos lo sabemos. Y representa lo que es el aprendizaje de alguna manera. Pero la superficialidad del aprendizaje y su nivel de utilidad es lo que está en juego. ¿Recordar fechas y nombres significa que el alumno ha comprendido la Revolución francesa como un ejemplo de un patrón de interacción social que puede conducir a la violencia? ¿Los alumnos que saben los nombres y fechas pueden reconocer en el mundo actual sucesos peligrosos que pueden conducir a algo similar? Son preguntas retóricas.

Lo que encontramos si hablamos con los estudiantes sobre el colegio y el aprendizaje es que estos consideran que pasar este tipo de pruebas es el objetivo de la educación escolar y, para prepararlas, necesitan memorizar un montón de cosas. ¿Por qué es tan importante? En muchos casos, los estudiantes dicen que es para que el profesor compruebe si son capaces de devolverle lo que este les dice que es importante, a través de sus palabras o frases claves. Pero aprender estas palabras o frases claves sobre temas como la Revolución francesa no tiene más valor que eso. Esto viene apoyado no solo por lo que dicen los estudiantes sobre el aprendizaje en el colegio, sino por un estudio significativo que muestra cómo un 90% de lo que los estudiantes aprenden en el colegio no tienen ningún impacto en sus vidas fuera del mismo, salvo las de superar todos esos test para que les liberan del colegio y así poder volver a lo que ellos normalmente denominan como "el mundo real". ¿Cuántos de los que estáis leyendo esto habéis utilizado lo que habéis aprendido sobre las ecuaciones de primer grado en Álgebra cuando fuisteis al colegio en vuestras vidas en los últimos 5 años?

Lo que he encontrado es que la mayoría de los profesores lo saben, y lo lamentan, pero confiesan que no saben cuál es la alternativa.

La alternativa que he trabajado con otros profesores desde principios de los ochenta es el denominado "Thinking-Based Learning" (TBL). Este sustituye la rígida metodología del aprendizaje memorístico en un aprendizaje satisfactorio que se basa en buenas clases de pensamiento y no solo en la simple memoria.

Sin embargo, el método educativo tradicional también ha dado, históricamente hablando, sus "buenos resultados". Prueba de ello es la cultura occidental. La memoria también es una habilidad que hay que utilizar y practicar...  ¿Qué opina al respecto?

Sí, por supuesto, utilizamos nuestros recuerdos directos frecuentemente.

Pero el problema es que la memoria simple es generalmente la única manera de pensar que se pide a los alumnos en la mayoría de las aulas cuando se está comprometido con el currículo, y su poder de aprendizaje es extremadamente limitado. Y eso se refuerza con la manera en la que los estudiantes se examinan, con resultados bastante limitados: recordar nombres, fechas...

"En el mundo digital, lo más importante es que los niños aprendan bien y con agilidad a juzgar la fiabilidad de las fuentes de información".

Sin embargo, los estudiantes que cultivaron sus destrezas memorísticas, no han sido los que han moldeado la cultura occidental, sino las personas que han aprendido a confiar no solo en su memoria y se han salido de lo establecido. Personas que han planteando cuestiones retadoras y que, a través de su desarrollo personal, han aprendido a utilizar técnicas de pensamiento creativas para generar los proyectos que nos han conducido hasta donde estamos ahora. Personas que han utilizado un buen juicio crítico acerca de lo que puede ayudarnos a alcanzar nuestras metas, y que han desarrollado conjuntos de valores sobre lo que necesitamos para cada vez acercarnos más a lo que vislumbramos como camino para un vida útil y satisfactoria. Y esto no se ha producido precisamente porque podamos memorizar cosas y acordarnos de ellas.

Lo que pretende el TBL es que se les enseñe a todos los estudiantes de forma que ellos también desarrollen las habilidades mentales y la motivación para utilizarlas de manera que puedan a su vez diseñar grandes avances en este planeta, tanto para ellos mismos, como las comunidades en las que viven. Sabemos cómo enseñar a los niños, a los alumnos para que se conviertan en buenos pensadores. ¿Por qué no consiguen todos los profesores estos resultados? El problema no es por los estudiantes: ellos brillarán en esta clase de atmósfera educativa. Los profesores tienen que superar un montón de inercias y hábitos contraproducentes de enseñanza basados en las formas más tradicionales en las que se les ha enseñado a impartir clase, y la necesidad impuesta, por las buenas, de utilizar las pruebas basadas en la memorización para tratar de determinar si los estudiantes han aprendido o no lo que deberían. Para superar esta situación sería necesario un liderazgo educativo adecuado y efectivo, con buenos ejemplos sobre cómo utilizar una metodología como el TBL y de cómo se pueden cambiar las cosas. Los profesores pueden observar, comprender y utilizar estos modelos para su propia labor educativa.

¿Por qué es importante que los niños aprendan ciertas habilidades de pensamiento?

Es necesario contar con una hábil toma de decisiones, algo que no se enseña habitualmente en el colegio. Suponga que en vez de preguntar a los niños cuáles son las fechas de la Revolución francesa, o quién era el rey que fue destronado durante la revolución –a menudo a través de "multiple choice",  o preguntas de respuesta múltiple– les preguntamos a los estudiantes por qué sucedió esta revolución, y en concreto por qué fue una revolución tan sangrienta, con la guillotina como herramienta principal de castigo. Si hubieran desarrollado buenas habilidades de pensamiento crítico estarían preparados para utilizar ciertos procedimientos que todos nosotros sabemos que pueden ayudarlos a proponer y defender juicios sobre por qué ocurrió esto –lo que causó estas idiosincrasias en este evento concreto. Sin mássuposiciones. Han aprendido que tienen que averiguar cómo era la situación en Francia antes de la revolución para acumular evidencias para apoyar una de las posibles explicaciones de esto como la causa principal. ¿Eran los rebeldes gente desagradable cuya forma de vida fue ensombrecida por la violencia?

"Es necesario desarrollar una hábil toma de decisiones, algo que no se enseña habitualmente en el colegio".

¿Se produjo porque los líderes de la revolución no eran "buenas personas" e instigaron a todos los demás a aceptar este nivel de violencia? ¿Este tipo de violencia era algo habitual en Francia? ¿Eran los revolucionarios ciudadanos pacíficos ávidos de justicia que fueron tan injustamente tratados que fueron arrastrados a la venganza?  Los estudiantes se convierten en detectives para encontrar la prueba antes de determinar la causa.

Hay que pensar en este ejemplo y en cuán profundo y enriquecedor es este aprendizaje comparado con cuando los estudiantes se limitan a contestar un simple cuestionario de preguntas con respuesta múltiple.

E igual de importante, los profesores podrían ayudar entonces a los alumnos a transferir el uso de estas habilidades para retos fuera del colegio, en su vida diaria, y como todo esto podría utilizarse para mejorar su trabajo profesional cuando se hagan mayores. El caso es que ahora tenemos maneras para ayudar a los alumnos a desarrollar y a aprender cómo utilizar estas destrezas, y no las pocas que pueden aflorar a partir de la educación tradicional. Hay que pensar en el futuro que les espera a estos estudiantes cuando vaya pasando el siglo XXI. Es un reto evidente, del que todos pueden beneficiarse, por ejemplo, al poseer un pensamiento ágil cuando tengan que reunirse.

¿A partir de qué edad hay que enseñar a los niños a pensar y resolver problemas con destreza?

Basándome en mi experiencia, me resulta una pregunta fácil de responder. A partir de los 2 y 3 años de edad. Claro que los niños de estas edades no pueden abordar preguntas sofisticadas como las causas de la Revolución francesa, pero pueden aprender simples patrones de pensamiento habilidoso y empezar a utilizarlos, de forma cada vez más sofisticada según vayan creciendo.

Por ejemplo, una tipología importante de pensamiento que los estudiantes de corta edad pueden aprender es la habilidad del pensamiento de las partes y el todo. Normalmente, cuando los profesores hablan a los niños muy pequeños de las partes de las cosas, como las de su cuerpo, o las partes de las flores, lo único que preguntan los niños es cómo se llama cada una. ¿Pero qué hace cada una de estas partes? Para activar el pensamiento profundo, los buenos profesores de TBL retarán a los escolares a pensar qué pasaría si le faltaran las raíces a una planta. Para añadir después: "Por tanto, ¿qué es lo que hacen las raíces cuando están ahí?".

"Detrás de la forma en que se conducen los buenos pensadores está una línea de aprendizaje y de práctica consciente y deliberada, previamente guiada".

Un profesor de un niño de tres años preguntaría a sus alumnos acerca de las partes de su cara. "Bien, prueba a cubrirte los ojos y dinos lo que ocurre". Al hacerlo: "Y cuando no tienes los ojos tapados, ¿qué puedes hacer con ellos?". Cuando a una niña pequeña le preguntaron "qué pasaría si no tuviéramos labios", dijo: "No podríamos besar ". Así que cuando tenemos labios podemos hacer eso". Simple, pero es la idea correcta. Así que cuando esta niña alcance los 8-9 años y su profesor le pregunte qué pasarías si este tigre no tuviera garras, bien, la respuesta a esta pregunta la conduciría al pensamiento de que cuando tenía garras "podía atrapar su presa con ellas", una respuesta natural de su función. O sobre la función del Tribunal Supremo en el sistema político español. Y en el Bachillerato de Ciencias, se trataría de averiguar la función de un componente específico en una molécula de uranio.

Tomar decisiones es una de las tareas más difíciles de acometer para un adulto. ¿Se puede enseñar a un niño a hacerlo? ¿No convendría esperar a que este alcance la madurez intelectual, el llamado "uso de razón"?

¡No hay que esperar! Cuanto antes, mejor, pero con ejemplos apropiados a la edad y el curso. Los niños pueden pensar racionalmente desde su nacimiento y, de hecho, lo hacen. Y los ejemplos que lo demuestran son simples, naturales y apropiados para la edad. "¿Cuál es la mejor manera de subir esta escalera sin caerse?", "¿Cuál es la mejor manera de alcanzar la caja de galletas sin que se rompan?". Todos estamos familiarizados con estos ejemplos, y ellos representan el  germen de la razón y de la acción racional. Nuestro trabajo consiste en nutrir esto.

Después, según los alumnos van pasando de curso, preguntando y contestando estas preguntas sobre temas más complejos y más sofisticados cada vez que se acaban convirtiendo en una rutina:  Desde: "¿Cuál es el mejor objeto con el que puedes jugar en tu tiempo libre?" Hasta: "¿Cuál es la mejor decisión para Madame Bovary cuando su amante decide irse de París?". O "¿Qué deberíamos hacer para eliminar la contaminación del agua que padece nuestra ciudad desde hace años?". O "¿Cuál es la mejor fuente de energía para que invierta nuestra comunidad?". Y cuando dan respuestas  a estas preguntas, a menudo se les pide que redacten un texto para el Gobierno para explicar por qué creen que el gas metano es lo que debería explotar su región. Cuanto antes empiecen los estudiantes a pensar con destreza, con más naturalidad lo harán en cada curso que vayan pasando.

Según la neurociencia actual, tradicionalmente se ha sobrevalorado el papel de la consciencia, ya que están descubriendo que hay muchas cosas que ocurren en el cerebro y en nuestro inconsciente que no experimentamos conscientemente. ¿Somos tan dueños como creemos de nuestras decisiones?

Esto, de hecho, es el objetivo de la enseñanza de las habilidades para pensar: que los niños internalicen los procesos y cuando los necesiten puedan detectar las señales de su entorno y utilizarlos para hacer buenas elecciones.

Pero esto no viene caído del cielo. La explicación por la que pueden hacer esto es porque han aprendido –enseñados por sus profesores– a evaluar las cosas y a realizar buenas decisiones de forma natural. Y, además, a menudo se necesita un pensamiento más explícito para guiarnos hacia los hábitos correctos del pensamiento.

"A veces 'No lo sé' es la mejor respuesta".

Como reconocen todos estos neurocientíficos, estas habilidades no son innatas. Al estudiar los comportamientos que parecen tan naturales ahora, más se necesita una guías consciente, a menudo impulsado por buenos profesores, que necesita ejercitarse.

Piense en el futbolista que ha visto como chutaban el balón a un lugar donde no hay ningún jugador de su equipo. ¿Un error? No, porque en el último segundo uno de sus compañeros de equipo, que ha sorteado a los jugadores del equipo contrario, ha llegado allí y se ha hecho cargo del balón. ¿Una casualidad? Para nada. Este jugador se ha dado cuenta, en un instante, de la situación: se ha notado en la velocidad del corredor, en su cálculo de la distancia, y en que ha trasladado todo eso en una fracción de segundo en un chute con la fuerza correcta y ángulo exacto. ¡Guau! ¡Una guía no consciente! Pero piense en unos diez años antes, cuando el jugador no podía hacer eso y tenía que practicar deliberadamente una vez y otra hasta encontrar su modo de hacerlo: la intensidad del golpe, el ángulo correcto... Y aunque le doliera un poco cuando lo hacía, su práctica continua deliberada la convirtió en algo tan natural como si estuviera sacudiéndose una mosca. Esto es lo que ocurre a los buenos pensadores: detrás de la forma en que se conducen, está también ese hilo conductor del aprendizaje y la práctica consciente y deliberada, previamente guiada.

Este es el poder y la función de la buena enseñanza del pensamiento. 

¿Qué herramientas y técnicas se necesitan para hacer efectivo este tipo de pensamiento?

Existe un amplio cuestionario de preguntas guiadas, etc., pero hay muchísimas más posibilidades en la rica metodología del TBL. Y contrasta con la metodología de las clases basada en la memorización de lo que ha dicho el profesor. Esta contribuye al principio a ayudar al alumno a desarrollar planes explícitos para su pensamiento, como la estrategia de decisión, e impulsarle a seguirlos, hacerlos con cuidado, y después reflejarlos en lo que han trabajado. Si es así, continúa mejorando. Si no, no hay que darse por vencido, pero hay que modificar lo que se ha hecho para ver si funciona mejor. Y, recuerde, estamos hablando de preguntar y responder con cuidado a buenas preguntas que se piensa que conducen a formas específicas adecuadas de pensamiento: buena toma de decisiones, causas determinantes, criterio para juzgar la fiabilidad de las fuentes de información, etc.

"A partir de los 2 y 3 años de edad, los niños pueden aprender simples patrones de pensamiento ágil, y empezar a utilizarlos, de forma cada vez más sofisticada, según vayan creciendo".

De esta manera, cuando los estudiantes pueden guiarse por sí mismos, los buenos profesores se apartan y animan a los estudiantes a practicar esta serie de preguntas y respuestas solos, guiándose ellos mismos. Lo importante desde el punto de vista de lo que el profesor tiene que hacer es, de hecho, no darles las respuestas o ideas, sino ayudarles a alcanzarlas por sí mismos.

Con la irrupción de internet en nuestras vidas tenemos acceso a millones de documentos, vídeos, grabaciones... Las redes sociales han abierto nuevos canales de información espontánea, inmediata y poco rigurosa. Parece que se está haciendo cada vez más necesario separar "la paja del grano". Lo que importa ahora no es acceder o no a la información y el conocimiento, porque se ha globalizado, sino a cuál y cómo. ¿Se impone una nueva manera de acceder y comprender el mundo?

Comentaré solo una cosa al respecto. Ahora en internet todos sabemos que cualquiera puede colgar cualquier cosa y que parezca absolutamente razonable y correcta. Pero esta no es una razón para prescindir de internet. La red proporciona a todo el mundo acceso a una tremenda cantidad de información que hubiera necesitado semanas, meses y quizá años para conseguirla hace tres décadas. ¿Qué podemos hacer? Quizá lo que encontramos ahora es verdaderamente decepcionante, e incluso erróneo.

Desde mi punto de vista el tipo de pensamiento más importante que podemos enseñar a los niños o los alumnos a que hagan bien y con habilidad es juzgar la fiabilidad de las fuentes de información. Esta es una habilidad mental clave y mucha gente no lo hace bien. Podemos enseñar a que los niños lo aprendan desde el jardín de infancia. No es demasiado difícil. Para empezar, hay que tener una mente abierta, querer escuchar a las personas y explorar lo que se encuentra en internet. Sin embargo, cuando se les pide a los estudiantes que elaboren una lista de lo que tienen que averiguar para determinar si la fuente de la información es fiable. ¿Qué encontramos en la lista? Pregúnteles, aunque también se les puede ayudar añadiendo preguntas que crea que es importante que no las omitan. Se quedará muy sorprendido con las respuestas que dan, incluso en el jardín de infancia: "¿Quién lo escribió?", "¿Qué saben del tema?", "¿Otros les creen?, ¿Tienen alguna razón para no decir la verdad?, ¿Otras personas han dicho lo mismo?, etc. Una profesora trabajó con sus alumnos de quinto curso (10-11 años) acerca de la conocida cuestión de si las fotos y descripciones de Neil Armstrong caminando sobre la Luna deberían creerse. ¡Vaya tema! Al final se dieron cuenta de que necesitaban más información, y todos estuvieron de acuerdo en que no podían asegurar que el vídeo fuera verdadero hasta que no tuvieran esa información. Técnicos habilidosos de vídeo pueden realizar grabaciones como esa y hacer que parezcan muy reales. ¿Había otros observadores fiables del hecho? No. Por lo tanto, qué otra cosa se podría averiguar para confirmar que eso había pasado realmente? Antes de poder decir "Sí, nos fiamos de ello", necesitaban más información y aplazar su veredicto hasta encontrarla. Pero esto no es todo.

"¡No hay que esperar! Cuanto antes, mejor, pero con ejemplos apropiados a la edad y el curso. Los niños pueden pensar racionalmente desde su nacimiento y, de hecho, lo hacen".

Estos estudiantes trataron de aprender cómo sacar sus propias conclusiones sobre cuál era la información en la que podían confiar y sobre la que tenían que tomar con precaución. Pero hay que darse cuenta, también, que tanto los estudiantes como sus profesores aprendieron a hacerlo a través de este ejemplo. Y es que, a veces, "No lo sé" es la mejor respuesta. 

¿Qué pueden hacer los padres para inculcar en sus hijos el sentido crítico?

Una estudiante de primero de la ESO llegó a su casa un día. Durante el almuerzo, su padre, que había estado tratando de decidir si llevaba de viaje a su familia durante el fin de semana, anunció finalmente que sería a este sitio y a este otro. Su hija le miró y le preguntó: ¿Por qué? Se quedó helado. Ella explicó que estaban aprendiendo cómo tomar decisiones con habilidad y que uno de los principios era que para cada decisión hecha a través de un buen razonamiento el autor de la decisión debería poder explicar bien sus razones y sus oyentes deberían pensar en si estas razones eran buenas o no. Después de un rato el padre se dio cuenta de que no había pensado con suficiente cuidado su decisión y que tenía un montón de inconvenientes. Así que dijo:  "Vamos a reunirnos y ver si podemos llegar a una decisión familiar sobre cual es el mejor sitio para ir". Así es cómo llevan a cabo ahora todas las decisiones familiares. Han aprendido a tratarse entre ellos como iguales en este proceso y a tener en cuenta todas las ideas.

¡No sería maravilloso que este fuera el modelo que se utilizase en las negociaciones entre las naciones!

Texto: Eva Frutos Lucas, Redactora Jefa de Bayard Revistas. Foto: Center for Teaching Thinking.

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