Qué hacer si tu hijo no quiere hacer nada en verano
Apatía, pantallas y pequeñas metas sin presión
Publicado por Patricia Fernández, bloguera y periodista
Creado: 15 de junio de 2026 13:22 | Modificado: 15 de junio de 2026 13:34
Llega el verano, se acaba el colegio y tú imaginas días más relajados, planes al aire libre,juegos, piscina, lecturas tranquilas y alguna excursión familiar. Pero la realidad, a veces, es bastante menos bonita: tu hijo se levanta tarde, se arrastra por la casa, responde "no sé" a cualquier propuesta y parece tener energía solo para mirar una pantalla. Entonces aparece la duda ¿está simplemente cansado después del curso o hay algo más?
Saber qué hacer si tu hijo no quiere hacer nada en verano no siempre es fácil, porque el descanso también es necesario. Después de meses de madrugones, deberes, exámenes, normas y actividades, muchos niños necesitan bajar el ritmo. Los primeros días de vacaciones pueden parecer una especie de "resaca escolar", duermen más, están perezosos, no quieren horarios y rechazan cualquier cosa que suene mínimamente a obligación.
El problema aparece cuando ese descanso se convierte en apatía sostenida, aislamiento, irritabilidad o dependencia total de las pantallas. Ahí conviene mirar con calma, pero sin dejar que todo el verano se convierta en sofá, móvil y frases monosilábicas.

Índice
1. Qué hacer si tu hijo no quiere hacer nada en verano. Distinguir cansancio de apatía2. Dale unos días de "aterrizaje" después del curso
3. Pantallas en verano, cuando parecen descanso, pero roban energía
4. Motivación infantil, empieza por propuestas pequeñas, no por grandes planes
5. Recuperar intereses sin convertirte en animador de hotel
6. Rutina mínima para niños que no quieren hacer nada
7. Señales de alerta. Cuándo pedir ayuda
8. Acompañar sin agobiar
Qué hacer si tu hijo no quiere hacer nada en verano. Distinguir cansancio de apatía
No es lo mismo un niño agotado que necesita unos días de desconexión que un niño que ha perdido el interés por todo. El cansancio de fin de cursosuele mejorar con sueño, juego libre, menos exigencia y tiempo sin horarios rígidos. La apatía, en cambio, se mantiene. Nada le apetece, nada le ilusiona, nada le engancha, ni siquiera aquello que antes disfrutaba.
Por eso, antes de llenar la casa de planes, conviene observar. ¿Está más tranquilo pero contento? ¿Se ríe si aparece algo que le gusta? ¿Busca contacto con amigos o familiares? ¿Duerme y come de forma más o menos normal? Si la respuesta es sí, quizá solo necesite una transición suave.
UNICEF incluye entre las señales de malestar infantil estar muy retraído, callado, con poca respuesta al entorno, o mostrar miedo, tristeza intensa, irritabilidad o cambios importantes de conducta. Por eso, si la desgana se acompaña de aislamiento fuerte, cambios de sueño o alimentación, llanto frecuente, ansiedad, pérdida de interés por actividades que antes le gustaban o frases de desesperanza, conviene pedir orientación profesional.
Dale unos días de "aterrizaje" después del curso
Muchos niños no necesitan motivación inmediata, sino permiso para descansar. El verano no tiene que empezar con una agenda llena desde el primer lunes. A veces viene bien dejar una semana de aterrizaje: dormir algo más, jugar sin objetivo, aburrirse, no hacer nada productivo y recuperar energía.
Eso sí, "descansar" no significa vivir sin ningún marco. Los niños, incluso en vacaciones, necesitan cierta estructura. No hace falta levantarse a la hora del colegio, pero sí mantener unas referencias, hora aproximada de despertar, comidas, algo de movimiento, tareas básicas en casa y un límite razonable de pantallas.
La clave está en un equilibrio con menos presión que durante el curso, pero no ausencia total de ritmo. Si todo el día queda completamente abierto, muchos niños acaban cayendo en lo más fácil: pantalla, sofá y apatía.
Pantallas en verano, cuando parecen descanso, pero roban energía
Las pantallas no son el demonio, pero sí ocupan todos los huecos. Cuando un niño no sabe qué hacer, el móvil, la tablet, la videoconsola o la tele ofrecen entretenimiento inmediato, sin esfuerzo y sin aburrimiento previo. El problema es que, cuanto más se usan como única respuesta al tiempo libre, más difícil resulta motivarse con actividades que requieren paciencia.
Los CDC recuerdan que, en verano, conviene ayudar a los niños a dormir lo suficiente, reducir el tiempo de pantallay aumentar el tiempo activo. También recomiendan que niños y adolescentes de 6 a 17 años realicen al menos 60 minutos diarios de actividad física moderada o vigorosa, adaptada a su edad y disfrutable.
La solución no suele ser quitarlo todo de golpe, porque eso puede convertir la pantalla en una batalla diaria. Funciona mejor poner un orden claro: primero movimiento, lectura, juego, colaboración en casa o plan familiar; después, pantalla. Y mejor si hay horarios visibles, tiempos pactados y momentos sin pantallas, como comidas, primera hora de la mañana o antes de dormir.
La evidencia también señala que el exceso de pantallas puede desplazar hábitos importantes como la actividad física y el sueño. Por eso no se trata solo de "cuántas horas", sino de qué está dejando de hacer el niño por estar conectado.
Motivación infantil, empieza por propuestas pequeñas, no por grandes planes
Cuando un niño está apático, decirle "venga, vamos a hacer algo" puede sonar demasiado grande. Y si encima le proponemos un plan de todo el día, una ruta, una visita cultural o una actividad que exige esfuerzo, probablemente responda con el famoso "no me apetece".
Es mejor empezar por metas pequeñas. No "vamos a pasar la mañana fuera", sino "bajamos diez minutos a comprar pan". No "haz deporte", sino "damos una vuelta a la manzana". No "lee un libro", sino "leemos una página y paramos". No "ordena tu habitación", sino "ponemos solo la mesa despejada".
Las pequeñas metas tienen una ventaja: reducen la resistencia. Una vez que el niño se mueve, a menudo aparece algo de energía. El cuerpo arrastra a la mente. Salir cinco minutos puede convertirse en media hora. Empezar un juego puede acabar en una tarde distinta. Pero si la meta inicial parece enorme, ni siquiera empieza.
Recuperar intereses sin convertirte en animador de hotel
A veces los niños dicen que no quieren hacer nadaporque se han acostumbrado a que los adultos les organicen todo. Si no hay plan cerrado, guía, monitor o pantalla, no saben por dónde empezar. En ese caso, el objetivo no es entretenerles constantemente, sino ayudarles a reconectar con intereses propios.
Puedes ofrecer tres opciones, no veinte: "¿Prefieres cocinar algo, ir a la piscina o montar un juego de mesa?". También puedes proponer retos de verano: hacer una receta nueva por semana, aprender un truco de cartas, cuidar una planta, escribir un diario breve, montar una cabaña, crear una playlist familiar, hacer fotos de cosas curiosas o preparar una merienda.
La motivación suele funcionar mejor cuando el niño participa en la elección. Si todo viene impuesto, suena a deber. Si tiene margen, siente que el plan también es suyo.
Rutina mínima para niños que no quieren hacer nada
Una rutina de veranono tiene que ser militar. Puede ser muy sencilla: levantarse, desayunar, vestirse, hacer una pequeña tarea de casa, moverse un rato, comer, descansar, pantalla pactada, plan tranquilo y lectura o calma antes de dormir.
Ese esqueleto ayuda mucho a los niños que se desregulan cuando no hay colegio. También reduce discusiones, porque ya no se negocia todo desde cero cada día.
El sueño merece atención especial. Si se acuestan tardísimo y se levantan a mediodía, es más fácil que entren en una espiral de apatía. Un horario más flexible que en invierno, pero no completamente desordenado, suele mejorar el ánimo y la energía.
Señales de alerta. Cuándo pedir ayuda
La apatía de verano suele ser pasajera. Pero conviene consultar si dura varias semanas y va acompañada de señales claras: tristeza persistente, irritabilidad intensa, aislamiento, pérdida de interés por actividades o amigos, cambios importantes en el sueño o el apetito, cansancio extremo, dolores frecuentes sin causa clara, bajada marcada de autoestima o comentarios del tipo "no sirvo para nada".
UNICEF señala como posibles signos de depresión infantil la tristeza persistente, la irritabilidad, la pérdida de interés por amigos y actividades, el aislamiento, la desesperanza o incluso ideas de autolesión. La OMS recuerda que la depresión y la ansiedadestán entre las principales causas de enfermedad y discapacidad en adolescentes, y que los problemas de salud mental en esta etapa requieren atención temprana.
Si aparece cualquier mención a hacerse daño, desaparecer o no querer vivir, hay que buscar ayuda urgente. No se espera "a ver si se le pasa".
Acompañar sin agobiar
Saber qué hacer si tu hijo no quiere hacer nada en verano empieza por cambiar la mirada. No todos los días de vacaciones tienen que ser memorables. No todo aburrimiento es preocupante. No toda pereza es apatía. Pero tampoco conviene dejar que la desgana se instale sin límites.
Lo más útil suele ser una mezcla de descanso, estructura suave, menos pantallas, pequeñas metas y presencia adulta. Preguntar sin interrogar. Proponer sin imponerlo todo. Observar sin dramatizar. Y, sobre todo, recordar que el objetivo no es tener un verano perfecto, sino ayudarle a recuperar energía, interés y confianza poco a poco.
A veces, el primer paso no es un gran plan. Es abrir la ventana, vestirse, bajar a la calle y caminar diez minutos juntos. Y desde ahí, muchas veces, empieza algo.
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