6 enseñanzas para evitar que tu hijo sea vago o perezoso

Cómo saber si un niño es vago o tiene falta de motivación

En muchas ocasiones ponemos a nuestros hijos etiquetas sin darnos cuenta. Ya sea una etiqueta positiva o negativa siempre va a dejar huella en su personalidad. Si llamamos “vago” a nuestro hijo, no le vamos a ayudar en su desarrollo personal y podemos disminuir su autoestima.

¿Qué significa ser vago? Según el DRAE ser vago significa holgazán, perezoso, poco trabajador, sin oficio o persona mal entretenida.

Las etiquetas que se ponen a un niño o un adolescente son complicadas de eliminar Por lo tanto es mejor evitar tanto las etiquetas positivas como las negativas. Etiquetar es una costumbre arraigada que no aporta ningún beneficio para nuestros hijos, por lo que debemos de intentar eliminarlas. Aunque los adultos no lo hacemos de forma consciente, sin maldad, sin darnos cuentade lo que esto conlleva, de la huella que deja, del peso que tiene…

La etiqueta de “vaga” o “vago”

Una etiqueta es un adjetivo dirigido directamente a la identidad de la persona, a su ser… Cuando decimos “eres…” marcamos una senda para el futuro en lugar de hablar sobre un asunto puntual. El verbo ser indica un rasgo, permanente, difícilmente modificable. Cuando lo utilizamos con el niño, le estamos transmitiendo una característica que consideremos inherente a su forma de ser (eres vago, eres tonto, eres malo, eres torpe…). No obstante, si en vez del verbo ser utilizamos el verbo estar o el verbo hacer, estaremos haciendo alusión a un estado que puede ser pasajero en vez de a un rasgo de su personalidad, y el niño lo entenderá como tal. Si decimos “estás hoy un poco despistado, te dejas las cosas por ahí…” estaremos comunicándonos con el niño de una manera mucho más constructiva… Es una profecía autocumplida.

El efecto “Pigmalión” o “La Profecía Autocumplida”

“Durante mucho tiempo Pigmalión, Rey de Chipre, había buscado una esposa cuya belleza correspondiera con su idea de la mujer perfecta. Al fin decidió que no se casaría y dedicaría todo su tiempo y el amor que sentía dentro de sí a la creación de las más hermosas estatuas. Al rey no le gustaban las mujeres que veía, y vivió en soledad durante mucho tiempo. Cansado de la situación en la que estaba, empezó a esculpir una estatua de mujer con rasgos perfectos y hermosos. Así, realizó la estatua de una joven, a la que llamó Galatea, tan perfecta y tan hermosa que se enamoró de ella perdidamente. Soñó que la estatua cobraba vida. El rey se sentía atraído por su propia obra, y no podía dejar de pensar en su amada de marfil. En una de las grandes celebraciones en honor a la diosa Venus que se celebraba en la isla, Pigmalión suplicó a la diosa que diera vida a su amada estatua. La diosa, que estaba dispuesta a atenderlo, elevó la llama del altar del escultor tres veces más alto que la de otros altares. Pigmalión no entendió la señal y se fue a su casa muy decepcionado. Al volver a casa, contempló la estatua durante horas. Después de mucho tiempo, el artista se levantó, y besó a la estatua. Pigmalión ya no sintió los helados labios de marfil, sino que sintió una suave y cálida piel en sus labios. Volvió a besarla, y la estatua cobró vida, enamorándose perdidamente de su creador. Venus terminó de complacer al rey concediéndole a su amada el don de la fertilidad.

Este mito griego nos explica la importancia que tienen las expectativas sobre las personas, cosas, situaciones o incluso nosotros mismos, para que se acaben convirtiendo en una realidad. Hoy lo conocemos como la Profecía Autocumplida”

Algunas etiquetas tienen mucho impacto en la autoestima de nuestros hijos. Por ejemplo llorón, miedoso, malo, tonto, vago… Hemos de tener en cuenta que no significa que sean vagos en todo momento si no que no aceptan y llevan a cabo nuestra orden en ese momento, puede que otro día lo hagan a la primera y que hoy les esté costando más. 

¿Creencia limitante? ¿Me he convertido en un “vago” para siempre?

“Una creencia nace de una idea que con el paso del tiempo va reafirmándose a través de las experiencias que se viven. Cuando se han reunido las suficientes experiencias de manera repetida, se percibe que la idea inicial ha sido lo suficientemente sustentada y es por tanto cierta. Es entonces cuando la idea inicial se ha convertido en creencia. A partir de entonces, todo lo que hacemos mantiene y refuerza nuestra creencia. Cuando creemos algo, actuamos como si fuera verdad. De ahí que no sea fácil encontrar pruebas de su falsedad, las creencias actúan como una especie de profecía, y para ello se sirven de su potente efecto de filtro de nuestra percepción. Los hechos se interpretan de acuerdo con las creencias y las excepciones nos sirven para confirmar la regla. Se trata de un círculo de retroalimentación que tiende a perpetuar lo que creemos cierto…”

Existen situaciones y conflictos con los hijos en los que no tenemos las estrategias y el control emocional suficiente, por lo que  terminamos profiriendo insultos, etiquetas y críticas que pueden ser devastadoras. La crítica de la personalidad o del carácter hacia un/a niñ/a o adolescente, le infunde sentimientos negativos de sí mismo y le causa un efecto devastador. Cuando calificamos al niño/a o adolescente de “vago”se producen reacciones en su cuerpo y en su alma, siente resentimiento, ira, fantasías de venganza o falta de autoestima… y actúa fielmente a su creencia limitante:  “Si soy un vago… ¿para qué me voy a esforzar?”  

La diferencia entre lo que somos y lo que hacemos determina enormemente la actitud con la que nos enfrentemos a ello. Si soy un/a vago/a no hay nada que hacer, pero si me comporto como un/a vago/a, siempre tengo la opción de comportarme de otra manera.

Sugerencias para evitar que los niños sean vagos

Prioritariamente les asignaremos tareas en casa acordes a su edad y a sus habilidades. Siempre estamos pensando qué podemos hacer para que nuestros niños sean mejores, tengan un buen trabajo en el futuro y lleguen a ser felices. Educar en autonomía no es tarea fácil, el grado de independencia dependerá mucho de la educación que les demos. Muchos de nosotros solemos anticiparnos a las acciones de nuestros hijos y no les permitimos actuar o a hacer algunas otras cosas que podrían hacer solos. Creemos que aún no tienen capacidad de autonomía y asumimos responsabilidades que son suyas  por evitar que se hagan daño, por comodidad para conseguir resultados más rápidos o porque no confiamos en su capacidad reacción.

Los niños aprenden a ser autónomos a través de las pequeñas actividades diarias que desarrollarán en casa, en la guardería o en el colegio y desean crecer, quieren demostrar que son mayores en todo momento; nuestra misión como padres se basa en potenciar  tareas que ayuden a los niños a demostrar sus habilidades: Colocar los cubiertos en la mesa, recoger su habitación o comer solo son acciones que ayudarán a los niños a situarse en el espacio en que viven y a sentirse útiles y partícipes dentro de su propia la familia. Todos los niños pueden ser educados en la autonomía, pero no todos los niños son iguales, cada uno desarrolla las capacidades de una forma distinta. Podemos pedir que todos “hagan lo mismo” pero sin esperar “los mismos resultados”; conocer la evolución de nuestros hijos y prestar ayudar proporcionalmente a su nivel madurativo nos orientará a la hora de evitar solucionarlos la tarea cuando ellos sean capaces de realizarla solos.

Cuando escuchemos: “Quiero hacerlo solo… ¡qué ya soy mayor!, respetaremos su decisión y recordaremos que una mayor autonomía implica una mejora notable de la  autoestima.  Además, emplearemos el refuerzo positivo en estas actividades. Alabar sus progresos siempre será un aliciente para que al día siguiente lo hagan con más entusiasmo.

Cómo favorecer la confianza de los niños en sus propias capacidades

  1. La importancia del apego. Los niños que se sienten seguros juntos a sus padres y sienten que tienen cubiertas todas sus necesidades son exploradores natos con una personalidad segura e independiente.

  2. Permitirles tomar sus propias decisiones y ser autónomos en aquellas actividades que ya son capaces de realizar solos. La autonomía propicia la madurez, darles “todo hecho” implica incapacidad para desenvolverse por sí mismos. Los niños también pueden tomar determinadas decisiones que les incumben y además fomentarán su iniciativa, por ejemplo: a qué juegos podéis jugar, qué podéis preparar de comida, qué actividades le apetecen para hacer el fin de semana, qué película podéis ver todos juntos…

  3. Practicar la escucha activa y la comunicación interpersonal. Un diálogo adecuado entre los diversos miembros de la familia permitirá un adecuado desarrollo de la autoestima y de las habilidades sociales necesarias para educar con autonomía.

  4. Respetar el ritmo de cada niño. No podemos hablar de autonomía en cuestiones para las que aún no están preparados. Cada etapa tiene sus nuevos retos y logros, es importante tener en cuenta sus progresos y sus propios ritmos de desarrollo.

  5. Valorar sus esfuerzos. Aplaudiremos sus logros por pequeños que sean, nuestros aplausos le ayudarán a ser perseverante y a conocer el valor del esfuerzo para conseguir ser autónomo de manera responsable.

  6. Permitirles “ser libres”. Nuestros hijos e hijas son hijos de la vida, deseosa de ser ella misma. Es importante que puedan elegir y equivocarse, así aprenderán de sus propios errores y compartirán con nosotros sus experiencias.

¿Cómo diferenciamos un caso de “vagancia” de uno que tenga que ver con la falta de motivación?

Vivimos en un mundo sobrecargado de estimulación y multitarea, en el que cada vez resulta más complejo centrarse en una sola actividad. Es fácil confundir “vagancia”con “falta de interés”, quizá nos encontremos ante un pequeño que desea una tarea motivante, si no el empeño que pondrá será mínimo. Lo mismo sucede con los estudiantes… muchos de ellos no están interesados en los contenidos que se dan en clase.  Para conseguir vencer esa falta de interés veamos algunas sugerencias: 

  • Fijar plazos concretos y alcanzables, una correcta gestión del tiempo es clave para evitar la improductividad.
  • Desarrollar el esfuerzo: Estamos en la generación del “ahora” y es importante que los niños se den cuenta de que conseguir las cosas requieren su esfuerzo y cierto tiempo.
  • Practicar con técnicas de estudio: Estudiar de manera activa.
  • Premiar su dedicación y convertirnos en sus modelos en cuanto a disciplina y responsabilidad se refiere. 

Ana Roa, pedagoga y psicopedagoga
www.roaeducacion.com
roaeducacion.wordpress.com 

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