9 pautas para combatir la pereza en los niños

La regla del minuto, método japonés Kaizen contra la pereza

La pereza está relacionada con los hábitos y las costumbres adquiridas, no podemos considerarla como un rasgo de nuestra personalidad, si bien pueden influir los factores biológicos, pero no son determinantes. El conflicto se origina cuando no es corregida a tiempo y el niño perezoso acaba por convertirse en un adulto perezoso. Es durante la infancia cuando se deben marcar una serie de pautas a nuestros hijos y estimularlos, de tal manera que de enfrenten a los retos y sean capaces de proponerse metas alcanzables y realistas.

La procrastinación es originaria del latín, de la palabra «procrastinatĭo» que quiere decir aplazar, diferir o posponer. Su principal acepción es la acción y el efecto de procrastinar. Es decir puede definirse como el hábito o costumbres que poseen ciertas personas de posponer ciertas actividades, ocupaciones, tareas y situaciones que deben ser atendidas en un determinado momento, reemplazándolas por otras menos importantes pero más agradables. Este hábito puede originarse debido a la problemática de la organización y autorregulación del tiempo de las personas; así que esta costumbre de procrastinar o posponer una decisión puede tomarse como una conducta evasiva.

¿Mi hijo es un niño perezoso?

Los niños perezosos, como su nombre indica, tienen poca necesidad de apresurarse. La mayor parte del tiempo viven en lo alto de las ramas de bosques que se extienden a través de Centroamérica y América del sur, y solo bajan al suelo para defecar. Sin duda, llevan una vida en cámara lenta.

Un niño perezoso no presenta dificultades físicas, psicológicas, de aprendizaje ni tampoco emocionales, solamente tiene pereza a la hora de realizar sus tareas, no quiere hacerlas. Cuidado con la confusión existente entre la falta de motivación y la pereza. En ocasiones los niños se encuentran poco estimulados y les falta entusiasmo a la hora de realizar alguna actividad… Cuando hablamos de pereza, la actitud ante cualquier tarea o juego es más pasiva, da lo mismo que se trate de subir a un tobogán como de asistir a un cumpleaños o quizá tener que levantarse temprano.

Si nuestro hijo se muestra perezoso, nos puede servir de gran ayuda:

  • Planificar las tareas y estructurar su tiempo, tanto en los deberes del colegio como en las actividades cotidianas. Tener claro cómo y cuándo debe hacer la tarea es muy necesario, ya que se ahorran un paso previo. Es conveniente que tenga fijada una rutina diaria, la cual tendría que ser supervisada.

  • Fijar metas claras, reales y alcanzables que garanticen el éxito a corto y a largo plazo. Servirán para ganar confianza en sí mismo, pues su autoestima puede dañarse sufrir insatisfacción personal.

  • Tener apoyo social y sentirse valorado por hacer las cosas y esforzarse. De esta manera se sentirá más reconocido y evitaremos que abandone objetivos que ha planificado.

¿Cómo podemos estimular a nuestros hijos cuando se muestran perezosos?

Os dejamos 9 pautas fundamentales para acabar con la pereza en los niños

  1. Realizar cada día una serie de tareas previamente asignadas. Dependiendo de su edad y de sus habilidades puede colaborar en casa poniendo y recogiendo la mesa, haciendo su cama, ordenando su ropa y preparando la que va a usar el día siguiente…

  2. Limitar un tiempo para la realización de esas tareas. Deben hacerse de manera rutinaria a una hora estipulada y en un tiempo que estimemos oportuno negociado previamente. No vale dejar los platos sin recoger hasta pasada una hora después de la cena o hacer la cama a la vuelta del colegio…

  3. Exigir constancia y rutina a la hora de hacer las tareas. No sirve que las realice dos días seguidos y después esté varios días sin hacerlas… Es muy importante que aprenda a ser constante para conseguir llegar a una rutina.

  4. Reforzar de manera positiva la buena conducta y alabarlo cuando cumpla con su deber, él necesita escucharnos para seguir avanzando.

  5. Eliminar frases negativas como “¡qué vago es!” Estas expresiones provocarán su desmotivación y su comportamiento no será el esperado.

  6. Dialogar con nuestro hijo sobre el esfuerzo y el hábito de trabajo diario. En ocasiones no comprende para qué es útil y por qué es indispensable que lo considere un valor positivo para el futuro.

  7. Ser un ejemplo para él. Es cierto que el día a día es arduo y nos sentimos cansados pero si estamos quejándonos continuamente no seremos buenos referentes y no tendrá ganas de hacer sus cosas.

  8. Cuidar el exceso de proteccionismo. A veces tendemos a darle todo hecho y surge la pregunta: El niño perezoso, ¿nace o se hace? Es muy importante que aprenda a ganarse las cosas esforzándose, siendo responsable y sintiéndose satisfecho con la labor realizada.

  9.  Organizar una tabla con horarios para que su atención esté focalizada en “aquí y ahora”

La regla del minuto, método japonés Kaizen contra la pereza

Este método, creado por Masaaki Imai, se inspira en la palabra japonesa Kaizen, que deriva de la conjugación de dos vocablos, “kai”, que significa cambio o acción de enmendar, y “zen”, que se traduce como bueno, beneficioso o sabiduría.

Su principio fundamental puede resumirse en una frase: “Hoy mejor que ayer, mañana mejor que hoy” y su objetivo es conseguir que los niños dediquen un sólo minuto a alguna actividad o tarea que les cueste hacer, la idea es pasar de la “remolonería”a la perseverancia. Sesenta segundos puede parecer muy poco tiempo, pero lo cierto es que es el tiempo mínimo que se necesita para comenzar a instaurar un hábito sin que la pereza aparezca.

Este método japonés se centra en la constancia, el esfuerzo y la persistencia como motores para combatir la desidia, mejorar los hábitos y conseguir las metas propuestas. Consiste en destinar solo un minuto a la tarea que más les cuesta y siempre a la misma hora para así crear una rutina. Este pequeño y sencillo paso puede ser el comienzo de un cambio profundo en los hábitos de nuestro hijo. La constancia le ayudará a mejorar y cambiar esa actitud perezosa y al repetir a diario la misma actividad durante un minuto, se irá acostumbrando y al cabo de pocas semanas ya formarán parte de su rutina cotidiana. Después, el paso siguiente será ir aumentando el tiempo de forma progresiva. Una vez que el pequeño se sienta motivado y haya convertido esa tarea en un hábito, podremos incrementar el tiempo que le dedica a la misma, primero 2 minutos, luego a 3 y así sucesivamente hasta que pueda completar la actividad.

La efectividad radica en la gradualidad y la continuidad. Cuando los niños tienen que dedicarle demasiado tiempo a las tareas que no les gustan, estas se vuelven más tediosas e insoportables. Sin embargo, si saben que tan solo deben dedicarles un minuto se mostrarán menos reticentes ya que, a fin de cuentas, es muy poco tiempo.

Es muy importante que  los niños comprendan lo necesario que resulta  avanzar un poco cada día, aunque se trate de pasos pequeños y los resultados no sean perfectos, así daremos el valor al proceso y no al resultado inmediato.

Ana Roa, pedagoga y psicopedagoga
www.roaeducacion.com
roaeducacion.wordpress.com

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