El peligro de premiar siempre a los niños por portarse bien en verano

Cuando una recompensa puede convertirse en una trampa educativa


Publicado por Patricia Fernández, bloguera y periodista
Creado: 31 de julio de 2026 09:58 | Modificado: 3 de agosto de 2026 08:36


En verano todo se desordena un poco: horarios, comidas, sueño, pantallas, planes y paciencia. Y, cuando los niños están cansados, aburridos o pasados de estímulos, muchos padres tiran de una fórmula aparentemente infalible: "si te portas bien, luego te compro un helado", "si no protestas, te dejo la tablet", "si obedeces, tendrás premio".

premiar a los niños

Parece práctico. Funciona rápido. El niño se calma, acepta el plan o deja de discutir. Pero ahí está precisamente el problema: lo que hoy parece una solución puede convertirse mañana en una condición para todo.

Cuando el premio deja de ser una ayuda

El peligro de premiar siempre a los niños por portarse bien es que el buen comportamiento empieza a depender de una recompensa externa. El niño no recoge, espera, comparte o respeta una norma porque entienda su sentido, sino porque espera recibir algo a cambio.

En verano esto se nota más. Como hay más planes, más tentaciones y más momentos de negociación, el premio puede acabar apareciendo en cada escena: para salir de la piscina, para sentarse a comer, para no enfadarse, para esperar en una cola, para apagar la consola o para irse a dormir. Sin darnos cuenta, los padres entramos en una especie de contrato permanente.

PUBLICIDAD

Y entonces llega la frase: "¿y qué me das?". No porque el niño sea egoísta, sino porque ha aprendido que colaborar siempre tiene precio.

Educar no es comprar la calma

Esto no significa que los premios estén prohibidos. Un refuerzo puntual, una celebración o un reconocimiento pueden ser positivos. El problema aparece cuando se usan como moneda de cambio constante. En lugar de enseñar límites, autocontrol o responsabilidad, solo se pospone el conflicto.

Los niños necesitan entender que algunas cosas se hacen porque forman parte de la convivencia: recoger la toalla, hablar con respeto, esperar turno, cuidar sus cosas o aceptar un "no". No todo merece premio. Algunas conductas necesitan reconocimiento, sí, pero también hábito.

Una alternativa más sana es reforzar con palabras concretas: "me ha gustado cómo has esperado", "has conseguido calmarte", "gracias por colaborar". También ayuda anticipar normas antes del plan: "iremos a la piscina y cuando avisemos, salimos sin discutir".

En verano se puede ser flexible, claro. Pero flexible no significa comprar cada gesto. Porque cuando todo se premia, el niño puede dejar de escuchar el límite y empezar a mirar solo la recompensa.

PUBLICIDAD

 

 

PUBLICIDAD

Artículos relacionados

Comentarios

¡Sé el primero en comentar!