El error que muchos padres cometen al enseñar a nadar a sus hijos

Cuando querer que pierdan el miedo puede hacer justo lo contrario


Publicado por Patricia Fernández, bloguera y periodista
Creado: 3 de agosto de 2026 09:54 | Modificado: 3 de agosto de 2026 10:00


Pocos momentos parecen tan veraniegos como ver a un niño lanzarse al agua por primera vez. La piscina, los manguitos, las risas, los primos mirando, los padres animando desde el borde: "venga, que no pasa nada". Pero, a veces, lo que para los adultos es un simple paso más del verano, para un niño puede ser una escena enorme.

error al enseñar a nadar

El agua no se vive igual desde fuera que desde dentro. Para algunos niños es juego; para otros, ruido, frío, profundidad, salpicaduras, inseguridad o miedo a hundirse. Y ahí es donde muchos padres, sin mala intención, empiezan a apretar demasiado.

Cuando animar se convierte en presionar

El error no es querer que un hijo aprenda a nadar. Al contrario: adquirir habilidades acuáticas es importante para la seguridad. La Asociación Española de Pediatría recuerda que, incluso cuando los niños saben nadar, deben estar vigilados sin perderlos de vista y que la atención del adulto debe dirigirse en todo momento al niño dentro del agua.

El problema aparece cuando el aprendizaje se convierte en una prueba de valentía: "tírate", "no seas miedoso", "mira tu hermano", "si no lo haces, no aprendes". Forzar a un niño a entrar, sumergirle de golpe o burlarse de su miedo puede conseguir que se meta en el agua ese día, pero también que asocie la piscina con angustia.

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Aprender a nadarno empieza siempre con mover brazos y piernas. A veces empieza con meter los pies, mojarse la cara, respirar tranquilo, flotar con ayuda y confiar en el adulto.

Seguridad sí, presión no

Respetar el ritmo no significa dejar que el niño evite siempre el agua. Significa avanzar con pasos pequeños y seguros. Primero familiarización, después juegos, luego flotación, respiración y desplazamientos. Sin prisas, sin comparaciones y sin convertir cada baño en un examen.

También conviene recordar algo esencial: saber nadar no sustituye la vigilancia. Los niños pequeños están entre los grupos de mayor riesgo de ahogamiento y suele haber situaciones frecuentes de peligro cuando los menores exploran lugares con piscinas no protegidas. 

La mejor enseñanza no es empujarle al agua para que "se espabile", sino acompañarle para que gane seguridad. Porque un niño que confía aprende mejor. Y en el agua, la confianza no es un capricho: también forma parte de la prevención.

 

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