9 consejos para no pagar un mal día con tus hijos

¿Sabes controlar tu estrés diario con tus hijos?

El día a día, con las tensiones cotidianas, desemboca en situaciones y momentos no deseados. El estrés y la ansiedad laboral pueden ser desencadenantes de malos ratos en el hogar y vencer el mal humor se convierte en una tarea complicada.

Llegamos a casa cansados y nuestro hijo no ha hecho los deberes, no quiere merendar y además está enfadado… entonces explotamos y perdemos el control. Es conveniente tener claro qué esperamos de los niños y saber tratar estas situaciones cuando suceden, ya que nos sentimos agotados de un día tenso en el trabajo.

¿Siempre estresada/o en tu día a día?

El estrés en sí mismo no es un concepto negativo dado que lo que importa es tener un nivel óptimo de estrés que nos dinamiza sin hacernos daño, y que está muy relacionado con el umbral de tolerancia que tiene cada individuo; sin embargo, para llegar a un estado de equilibrio muchas madresy padres, tienen que sufrir un arduo periodo de aprendizaje  para poder atender al trabajo, pareja, hijos, amigos… y sin que esto llegue a afectar a la solidez de la familia. Por norma general, los padres implicados en la educación de sus hijos tienen la sensación de que el día no tiene horas suficientes, que siempre se está corriendo para llegar siempre tarde y que en la práctica es muy difícil llegar a conciliar, saludablemente, familia y trabajo. Desde luego, se hace necesario llevar a cabo un análisis lo más objetivo posible de cómo utilizamos nuestro tiempo y de cómo está organizado nuestro hogar para poder eliminar aquellos elementos innecesarios que hacen imposible poder estar presente en todos los lugares en los que somos, de alguna manera, necesarios.

Se ha escrito mucho sobre las “supermamás”, aquellas mujeres capaces de llevar casa y trabajo más allá de la media esperable, con un altísimo nivel de autoexigencia y organización para atender su entorno familiar sin descuidar sus muchas obligaciones profesionales.  La idea principal que nunca debería olvidarse tiene que ver con saber delegar en muchos de los ámbitos de actuación, saber diferenciar lo urgente y lo importante y gestionar de forma adecuada las situaciones diarias, dándonos cuenta de qué es aquello que nuestros hijos necesitan realmente.De esta manera trabajaremos el control sobre el estrés y reduciremos de manera muy significativa el injusto sentimiento de culpabilidad de muchas madres y padres conscientes de sus responsabilidades familiares. Y tratar de seguir aquello que subrayaba Shakespeare: “Es perder la vida el llenarla de demasiadas preocupaciones”.

Los niños tienen sus propios ritmos para aprender y desarrollar lo aprendido, y una fuerte presión para alterar ese ritmo solamente llevará a que el desarrollo de ciertas habilidades e incluso su aprendizaje se vean mermados considerablemente; los niños estarán más nerviosos y absorberán como esponjas los estados de ánimo y los agobios de sus padres, que en definitiva constituyen para ellos el primer ejemplo a seguir. Si por querer correr más los padres les atan los cordones de los zapatos, les lavan las manos, les dan la comida en la boca… los niños serán cada vez menos autónomos y más dependientes, en contra por tanto de la evolución natural del proceso de  aprendizaje.

Algunas pautas de comportamiento

Los niños tienen una enorme capacidad para captar el estado anímico de sus padres; por lo tanto es aconsejable para los adultos tener presentes unas pautas de comportamiento que hagan más fácil la relación con sus hijos y contribuyan  a la estabilidad emocional dentro de la familia, entre ellas podemos destacar:

  • La necesidad de que los padres se adapten a los horarios y ritmos propios del niño,  planificando las actividades en función de su edad y de su desarrollo madurativo, con hábitos saludables en alimentación, higiene, cuidado… y pautas que se cumplan cada día.

  • La conveniencia de gestionar óptimamente el tiempo que pasan juntos, haciendo que sea un tiempo de calidad, de crecimiento,  de estar verdaderamente presentes (sin pensar en otros múltiples asuntos que ya ocupan suficiente tiempo, pero en otro momento) y donde el niño perciba que es querido y deseado.

  • Es muy recomendable que los padres reconozcan los momentos duros por los que pueden estar pasando los niños e interiorizar que son parte de su propio desarrollo y que la interpretación que realicen de sus vivencias cotidianas depende en gran parte de ellos mismos, pues siempre hay gente que situación similar que sobrelleva sus obligaciones con alegría y dinamismo.

  • El hecho de buscar ciertas comodidades (médico y colegio cercanos al domicilio o al menos al trabajo, eliminar ciertas actividades sociales superfluas, utilizar internet para hacer compras…) dejarán más tiempo disponible para estar con los hijos y disfrutar de su proceso de crecimiento físico, intelectual y social.

9 consejos para no pagar un mal día con tus hijos

  1. Realiza respiraciones siempre que puedas.
  2. Reconoce que estás de mal humor y por qué.
  3. No impongas tus criterios si no es tan necesario y se puede variar el orden de hacer las cosas.
  4. Busca un espacio de soledad al llegar a casa para calmarte durante unos minutos.
  5. Cierra los ojos y desconéctate brevemente de tu trabajo antes de estar con los niños.
  6. Dedícate tiempo para ti, crea tu espacio personal al menos una vez a la semana. Recuerda que hacer deporte libera del estrés.
  7. Asegúrate de que tus hijos han comprendido lo que motivó tu enfado para que no se sientan culpables.
  8. Evita descalificaciones sobre tus hijos, se sentirán únicos responsables de la situación.
  9. Hazles saber que siempre es posible empezar de nuevo.

 Ana Roa, pedagoga y psicopedagoga
www.roaeducacion.com
roaeducacion.wordpress.com
 

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