Qué hacer cuando tu hijo dice “me aburro”: ideas sencillas para activar su creatividad sin pantallas
Ideas creativas para el “me aburro” sin pantallas
Publicado por Naiara Briones, Artista, docente y creadora de ‘Agujetas Maternales’, un proyecto que invita a las familias a recone
Creado: 28 de mayo de 2026 11:29 | Modificado: 28 de mayo de 2026 12:28
¿Por qué el "me aburro" nos incomoda tanto?
"Me aburro".
Una de las frases que más escuchan las familias durante las vacaciones. A veces aparece en mitad de la tarde. Otras, justo después de terminar un plan. Y, en muchos casos, viene acompañada de otra pregunta que se repite constantemente estos meses:
"¿Qué vamos a hacer luego?"
La pregunta aparece incluso antes de que exista el aburrimiento.
Y ahí parece activarse algo automático en los adultos: la sensación de que hay que responder enseguida, proponer algo o llenar ese vacío rápidamente.
Cada vez más niños parecen sentirse incómodos ante los espacios sin planificar, como si necesitaran saber constantemente cuál es el siguiente plan. Y no resulta extraño. Vivimos rodeados de estímulos, actividades y entretenimiento disponible en cualquier momento.

Índice
1. ¿Qué relación tienen las pantallas y el aburrimiento?2. ¿Puede el aburrimiento ser bueno para el cerebro?
3. El bote anti aburrimiento
4. Espacios que invitan a crear
5. ¿Y si el aburrimiento ayudara a descubrir sus pasiones?
6. Los hobbies también se comparten
7. Cambiar la mirada sobre el aburrimiento
¿Qué relación tienen las pantallas y el aburrimiento?
Actualmente las posibilidades de ocio y entretenimiento se multiplican. Actividades, estímulos, vídeos, juegos, contenido disponible en cualquier momento y a un clic de distancia. Y eso no afecta solo a los niños.
También los adultos recurrimos cada vez más a las pantallasen cuanto aparece un momento vacío: mientras esperamos, cuando nos aburrimos, cuando necesitamos desconectar o incluso cuando queremos evitar determinadas emociones.
Poco a poco, la capacidad de sostener espacios de pausa se ha ido reduciendo. Y, en ese contexto, no resulta extraño que muchos niños desarrollen cierta incomodidad ante los momentos sin planificar, como si necesitaran asegurarse de que siempre habrá algo preparado esperándoles.
El aburrimiento empieza entonces a interpretarse como un problema. Como un tiempo inútil que conviene rellenar rápidamente.
¿Puede el aburrimiento ser bueno para el cerebro?
Aunque resulte incómodo, el aburrimiento cumple una función importante. Desde la neurociencia se sabe que los momentos de pausa y baja estimulación permiten que el cerebro active procesos relacionados con la imaginación, la asociación de ideas y la reflexión interna.
Cuando no hay una tarea cerrada ni un estímulo constante ocupando la atención, la mente empieza a explorar posibilidades propias. Aparecen preguntas, juegos inventados, ideas inesperadas o intereses nuevos.
Por eso algunos expertos relacionan el aburrimiento con el desarrollo de la creatividad, la autonomía o incluso la capacidad de tolerar la frustración.
Eso no significa dejar a los niños solos ante esa sensación ni esperar que aprendan a gestionarla de un día para otro. Especialmente en verano, cuando desaparecen muchas rutinas y actividades del curso, es normal que necesiten algo de acompañamiento para atravesar esos momentos de vacío.
En algunos casos puede ayudar introducir pequeños apoyos que no dirijan demasiado, pero que sí desbloqueen.
El bote anti aburrimiento
Una idea sencilla es preparar un "bote anti aburrimiento" con palitos depresores de madera donde aparezcan propuestas accesibles y abiertas: escuchar música, leer un cómic, montar un puzzle, inventar una obra de teatro, hacer una construcción con piezas magnéticas o dibujar con rotuladores.
Cuando aparece el "me aburro", el bote se convierte en un pequeño punto de partida. A veces basta con sacar un palito para romper ese momento de bloqueo inicial y que aparezcan ideas nuevas a partir de ahí.
Espacios que invitan a crear
Cuando se aburren, los niños miran a su alrededor buscando posibilidades. El entorno también puede ayudar a que las encuentren.
En este sentido, es interesante crear pequeños espacios que inviten a los niños a sumergirse en distintas actividades según sus intereses.
Un rincón lector con libros accesibles, un cojín cómodo y una luz agradable pueden hacer que los niños vuelvan a explorar cuentos o cómics que llevan tiempo olvidados en una estantería.
Una mesa con materiales creativos y sin una consigna concreta -cartones, tubos de papel, pegamento, papeles de colores, cintas, rotuladores o elementos reciclados- invitan a experimentar desde la libertad, sin buscar un resultado concreto.
También es interesante crear una pequeña zona de juego simbólico preparada para inventar historias: disfraces, muñecos, telas, construcciones o elementos relacionados con aquello que más les interese en ese momento.
Muchas veces basta con que esas posibilidades estén visibles para que aparezcan ideas propias.
¿Y si el aburrimiento ayudara a descubrir sus pasiones?
El verano puede ser también una oportunidad interesante para observar qué aparece cuando el tiempo deja de estar completamente organizado. Durante el curso gran parte del día gira alrededor de horarios, clases y obligaciones. En cambio, los espacios más vacíos permiten detectar intereses que a veces pasan desapercibidos.
Hay niños que empiezan a dibujar durante horas. Otros descubren fascinación por construir cosas, escribir historias, cocinar, aprender trucos de magia, practicar un deporte o crear juegos. A veces basta con probar algo en un momento de aburrimiento para descubrir un interés que acaba acompañándolos durante años.
Hoy existen muchísimos recursos para explorar esas inquietudes. Desde libros específicos hasta cursospensados para niños donde pueden aprender dibujo, escritura creativa, música, ajedrez o cualquier tema que despierte curiosidad. No como una agenda llena de actividades para mantenerles ocupados constantemente, sino como oportunidades para experimentar y descubrir qué les interesa de verdad.
Los hobbies también se comparten
También merece la pena mirar hacia las aficiones de los propios adultos. Compartir tiempo cocinando, haciendo fotos, dibujando, practicando un deporte o explorando cualquier otro interés real que exista en casa, puede ser una vía para que los niños descubran actividades que les apasionan. Además, las pasiones compartidas son una forma estupenda de pasar tiempo de calidad en familia.
Cambiar la mirada sobre el aburrimiento
Quizá una de las ideas más importantes sea precisamente esa: entender que aburrirse no es algo negativo ni un problema que las familias tengan que solucionar constantemente. De hecho, lo extraño debería ser justo lo contrario: no aburrirse nunca.
Desde siempre, el aburrimiento ha sido parte natural de la infancia. Y de esos momentos han surgido juegos inventados, aficiones inesperadas y esa sensación de que el tiempo daba para todo.
¿Qué adulto no recuerda aquellas tardes larguísimas de verano en las que parecía no estar pasando nada y, sin embargo, acababan siendo el espacio perfecto para imaginar, explorar o descubrirse a uno mismo?
Hoy, en cambio, muchas familias sienten la presión de tener que rellenar continuamente el tiempo de sus hijos, como si siempre hubiera que tener un plan preparado. En medio de tantos estímulos, quizá el verdadero reto no sea ofrecer más planes, sino dejar espacio para explorar las propias aficiones.
Así que la próxima vez que aparezca un "me aburro", no hace falta vivirlo como un problema urgente que hay que solucionar. Basta con dejar cerca libros, materiales, juegos o propuestas sugerentes. Y también un poco de espacio.
Hay cosas que solo aparecen cuando no todo está decidido de antemano. El aburrimiento deja espacio para explorar intereses, descubrir pasiones y entender qué actividades disfrutan realmente los niños.
Y quizá sea en esos momentos, entre un "me aburro" y un "¿qué hacemos ahora?", donde empiezan a descubrir qué les mueve, qué les interesa y quiénes son.
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