El niño agresivo: factores que desencadenan la agresividad infantil

Agresividad en la infancia, ¿qué la desencadena?

Los humanos nacemos con un temperamento y unos factores genéticos. Nacemos distintos unos de otros pero desde que nacemos nos relacionamos con nuestro entorno asimilando rasgos de carácter de las personas que nos rodean, y experiencias que nos ayudan a construir nuestra personalidad y nos influyen definiendo nuestras actitudes y conductas.

Por eso unos niños reaccionan ante una frustración retirándose, otros buscando ayuda, otros esforzándose a superarlo y otros agresivamente (pegando, gritando, impidiendo que el otro consiga su objetivo o con negativismo, rebelión, rechazo). Todo depende de su experiencia previa particular.

Y es que, la agresividad en la infancia se aprende. Te explicamos cuáles son los factores que pueden hacer que el niño sea agresivo.

La agresividad en la infancia, ¿qué la genera?

agresividad en la infancia

La violencia se aprende durante los primeros años de vida, este aprendizaje negativo, puede venir de distintas circunstancias:

- Algunos niños y niñas tienen modelos agresivos: el padre que castiga, la madre que grita, el compañero que insulta...

- Muchos niños contemplan ciertos tipos de conductas agresivas en la televisión o en la calle.

- También el niño o niña observa las consecuencias de la conducta agresiva: el hermano obedece cuando el padre le regaña, él consigue que le compren la golosina cuando grita y tiene una rabieta, su compañero pegón consigue hacerse dueño de la pelota.

- Además hay circunstancias que sin darnos cuenta refuerzan la conducta agresiva en los niños, así es muy frecuente que los padres muy ocupados, sólo presten atención a los niños cuando estos empiezan a pelearse o que el profesor esté continuamente pendiente del niño revoltoso de la clase, incluso le ponga a su lado. Esta atención, aunque sea en forma de castigo los niños la perciben como beneficio y está contribuyendo a mantener esta conducta inadecuada.

Otras veces los educadores somos incongruentes, y amenazamos o pegamos a los niños para que dejen de pegarse. Otras somos inconsistentes, la misma conducta a veces la castigamos y otras la ignoramos. Y, en algunas, somos incoherentes, es decir, la madre les regaña y el padre no. 

- A veces al niño la familia, el colegio, le provoca mucha tensión, bien porque percibe unas relaciones entre los padres muy deterioradas o un adulto muy autoritario o muy exigente o muy impulsivo. Todo estos, son factores influyentes en el mantenimiento de la conducta agresiva.

Qué podemos hacer los padres ante una conducta agresiva

Los padres y educadores podemos ayudar a definir actitudes y conductas desde la infancia. Podemos enseñar a tolerar, a comprender al otro, a amarle, a desarrollar el sentido de la autocrítica. Les tenemos que explicar como sus acciones hacen sentirse a los otros.

Es nuestra obligación enseñar a los niños a identificar cuando son tolerantes, comprensivos, generosos, cariñosos, contarles la importancia que tiene ser así y los beneficios que se obtiene de ello, lo que nos gusta y nos complace y nos enorgullece, para que de este modo lo incorporen a la imagen ideal a la que aspiran.

De esta forma, podrá conocer cuándo su conducta es agresiva e inadecuada y, qué otra actitud más positiva puede tener hacia los demás.

Mar García Orgaz
Psicoterapeuta familiar

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