10 trucos infalibles para evitar las peleas entre hermanos

Los mejores tips para acabar con las discusiones entre nuestros hijos.

Las peleas entre hermanos son habituales en todas las familias y un motivo de estrés para los padres. Las discusiones, amenazas y enfrentamientos entre los más pequeños de la familia son muy comunes. Los celos o la falta de atención son las causas principales.

Un caso real: Fran y Roberto

Fran y Roberto son dos hermanos de seis y cuatro años que discuten y se pelean prácticamente todos los días; cualquier situación es motivo para comenzar una pequeña trifulca entre ellos: el juguete es mío y sólo te lo dejé para un día, el bollito de chocolate te lo comiste tú ayer, tu pelota está más nueva que la mía… los papás tratan de evitar de la forma que mejor entienden este tipo de situaciones, pero el segundo hijo no viene con manual de instrucciones para optimizar la educación del primero, y de los dos niños por extensión. El mayor ve en el “advenedizo” a alguien que le está quitando su espacio vital y emocional y reacciona con actitudes muy dependientes o de pasividades extremas, con muchas rabietas y exigencias a destiempo consecuencia de  los celos que provoca el tener un hermanito más pequeño, que antes no estaba. Cuando los padres observan cómo juegan sus hijos, verifican aquello que han leído en tantos libros de educación, ven cómo aún estando uno al lado del otro, realmente están jugando por su cuenta, en su mundo, sin compartir realmente el juego,  por lo que lo más normal es que se interrumpan para quitarse los juguetes y acaben peleándose; su estado madurativo todavía no facilita la interacción entre ambos y es tarea de los padres acompañarles en este proceso de crecimiento con toda la paciencia y cariño que sean capaces. 

Los padres que se han dado cuenta de que, tanto los niños mayores como los pequeños, poseen algún grado de capacidad para compartir con los demás, cuidarlos y quererlos, tienen avanzado un paso muy importante para evitar tiranteces y discusiones frecuentes. 

La hiperprotección hacia los más pequeños, las continuas comparaciones que dejan de lado las cualidades individuales de cada niño, sus deseos y sus capacidades no ayudan mucho al desarrollo de posturas que faciliten la resolución de los conflictos a través de la comunicación y el perdón. 

Lógicamente los padres buscan y a menudo encuentran puntos en común con sus hijos, y eso fomenta cierta rivalidad desde el punto de vista de la simpatía que provoca la identificación en diversos aspectos; no obstante no supone ningún problema siempre que exista cierto equilibrio en este reparto de simpatía, siempre que se valoren la cualidades individuales de cada uno sin caer en las falsas comparaciones y además se aprecie todo lo positivo de su comportamiento y disposición para hacer las cosas. 

Cuando somos capaces de hacer ver a nuestros hijos que no son rivales, que no son tratados como tales, sino que se valora su individualidad y se les quiere por lo que realmente son, se crean importantes cimientos para que obtengan una visión más plena de la familia y  de la vocación de permanencia en el tiempo  de este núcleo como soporte para el desarrollo personal y colectivo. 

Para tener en cuenta:

  • La diferencia de edad: si dos hermanos se llevan más de seis años, aunque mantengan características de su posición dentro de la familia, tenderán a parecer de nuevo hijos únicos.
  • Si todos los hermanos son del mismo sexo menos uno, este último siempre será “el niño” y se le tratará como si fuera el benjamín aunque no sea el de menor edad.
  • Cuando uno de los padres tiene una nueva pareja o quizá los dos por segunda vez, pueden aparecer parecen nuevos hijos/as y  se produce otro reparto de papeles. 

¿Cómo evitar las peleas entre hermanos? 

Las peleas entre hermanos, especialmente si son del mismo sexo, son frecuentes. Según Carlos Goñi y Pilar Guembe en su libro ¡Es fácil ser padres! (Ed Ariel), la rivalidad fraterna es un elemento socializador que les prepara para la vida. Sacar provecho educativo de las peleas no es misión imposible, sigamos las pautas:

  1. Nunca implicarnos en el conflicto salvo que haya agresiones. Observaremos a distancia permitiendo que aprendan a solucionar sus diferencias.
  2. Mostrarnos totalmente imparciales.
  3. Proponer soluciones, no imponerlas. Podemos sugerirles pactos haciéndoles un seguimiento.
  4. Dejar claro que no nos gustan las peleas, nos entristecen.
  5. Cuando termine la tempestad y llegue la calma nos explicarán qué ha pasado y esto les ayudará a tomar distancia y a ser más objetivos.
  6. Enseñarles a pedir perdón. Es importante que reconozcan sus errores.
  7. Enseñarles a pactar, la solución de un conflicto se consigue llegando a un acuerdo.
  8. Evitar expresiones negativas, pesimistas…p.ej.”¡Ya estáis otra vez!”. Utilizar expresiones positivas que promuevan la confianza.
  9. Cuidar los tiempos muertos y la falta de planificación del horario escolar.
  10. No discutir delante de ellos frecuentemente.

Ana Roa, pedagoga y psicopedagoga
www.roaeducacion.com
roaeducacion.wordpress.com

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