La historia de Peter Rabbit de Beatrix Potter. Cuento para niños desobedientes

Un cuento con moraleja para niños que no obedecen a sus padres

Beatrix Potter fue una escritora, ilustradora y fabulista de literatura infantil inglesa autora de la conocida fábula de Pedro el Conejo: La historia de Peter Rabbit (The tale of Peter Rabbit).

Su personaje sirve para ilustrar a los niños qué ocurre cuando no hacen caso a sus padres. Es un cuento perfecto para leer a niños desobedientes y traviesos. 

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Cuento sobre la desobediencia: La historia de Peter Rabbit

La fábula de Peter Rabbit

Érase una vez cuatro conejitos, sus nombres eran: Flopsy, Mopsy, Cottontail y Peter.

Vivían con su madre en el tronco de un abeto muy grande.

- Ahora, queridos míos, dijo la Sra. Conejo una mañana, podéis ir al campo o al sendero a jugar, pero no vayáis al jardín del Sr. McGregor. Vuestro padre se acercó por allí y terminó en el plato de la Sra. McGregor.

Entonces, la Sra. Conejo se marchó con su canastilla y su paraguas a la panadería. Compró una barra de pan integral y cinco bollos de grosellas.

Mientras tanto, Flopsy, Mopsy y Cottontail, que eran unos buenos y obedientes conejitos, bajaron por el sendero a recoger moras pero Peter Rabbit, que era muy travieso, no pudo evitar la tentación y corrió de inmediato al jardín del Sr. McGregor. 

Allí comió lechugas y judías verdes; y luego comió unos rábanos. Se llenó tanto su barriguita que fue a buscar perejil para hacer mejor la digestión pero antes de que diera un mordisco al perejil vio las piernas del Sr. McGregor que estaba plantando coles. 

Enfurecido, el señor MacGreggor corrió tras Peter agitando un rastrillo y gritando:

- "¡Detengan al ladrón!"

Peter Rabbit estaba terriblemente asustado,  corrió por todo el jardín tan rápido como pudo, sin conseguir salir de él porque había olvidado el camino de regreso a la puerta.

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Perdió uno de sus zapatos entre las coles y el otro entre las patatas pero siguió corriendo cuatro patas mucho más rápido, por lo que pensó que podría haberse escapado de aquel hombre. Sin embargo, de pronto se topó con una red de grosella espinosa y los botones de su chaqueta quedaron enredados en ella. 

Peter Rabbit se dio por perdido y comenzó a llorar a mares, sin embargo, antes de que el señor McGreggor le atrapara, unos amistosos gorriones que habían presenciado todo, volaron hacia él y le imploraron que dejara de llorar y se esforzara en zafarse de aquella planta.

Con energías renovadas, Peter consiguió escapar de la intrincada red de la grosella antes dejando la chaqueta enganchada en la planta. Corrió al cobertizo de herramientas y saltó dentro una lata. El señor McGreggor entró en el cobertizo bastante seguro de que Peter estaba allí, quizás escondido debajo de una maceta. Comenzó a girarasla vuelta con cuidado, mirando debajo de cada una de ellas.

En ese momento, Peter estornudó: "¡Aaaaachús!"

¡Le había descubierto otra vez! El Sr. McGregor fue tras él  y trató de poner su pie sobre Peter, quien saltó por una ventana, volcando tres plantas. La ventana era demasiado pequeña para el Sr. McGregor quien estaba cansado de correr detrás de Peter y volvió a su trabajo.

Peter Rabbit se sentó a descansar; estaba sin aliento y temblando de miedo, y no tenía la menor idea de qué camino tomar. Después de un tiempo, encontró una puerta en una pared; pero estaba cerrada y no había espacio para que un conejo gordito como él gordo se metiera debajo.

Un viejo ratón entraba y salía corriendo por el umbral de piedra, llevando guisantes y frijoles a su familia en el bosque. Peter le preguntó el camino a la puerta, pero ella tenía un guisante tan grande en la boca que no pudo responder. Ella solo negó con la cabeza. Petercomenzó a llorar.

Peter siguió tratando de encontrar su camino de vuelta a través del jardín, pero se sintió cada vez más desconcertado. Volvió hacia el cobertizo de herramientas, pero de repente, muy cerca de él, escuchó el ruido de una azada: scritch, scratch, scratch, scritch. Lo primero que vio fue al Sr. McGregor cavando cebollas. Estaba de espaldas a Peter, y más allá de él estaba la puerta... ¡por fin!

Peter comenzó a correr lo más rápido que pudo, por un camino recto detrás de unos arbustos de grosellas negras. El Sr. McGregor lo vio en la esquina, pero a Peter no le importó. Se deslizó por debajo de la puerta y por fin estuvo a salvo en el bosque fuera del jardín y no dejó de correr ni miró hacia atrás hasta que llegó a su casa.

Estaba tan cansado que se dejó caer sobre la arena suave y agradable del suelo de la madriguera y cerró los ojos. Su madre estaba ocupada cocinando; se preguntó qué habría hecho con su ropa. ¡Era la segunda chaqueta pequeña y el segundo par de zapatos que Peter había perdido en quince días!

Peter Rabbit no se encontró muy bien aquella tarde, su madre le acostó y le preparó una infusión de manzanilla, mientras, sus hermanos Flopsy, Mopsy y Cottontail tuvieron pan, leche y moras para cenar.

FIN

Qué enseña a los niños el cuento de Petter Rabbit

La moraleja de The Tale of Peter Rabbit de Beatrix Potter (El cuento de Peter Rabbit) es que siempre debes escuchar a tus padres. En la historia, la madre de Peter Rabbit le dice explícitamente que no debe ir al jardín del Sr. McGregor porque así es como murió su padre. 

Sin embargo, tan pronto como Peter se quedó solo, lo primero que hizo fue desobedecer a su madre e ir hacia allí. Esto le hace vivir una angustiosa aventura de la que termina escapando con su vida (pero sin su ropa). Sin embargo, resultó una experiencia aterradora y estuvo enfermo toda la noche por comer demasiadas verduras del granjero. 

Por tanto, seguro que le habría ido mejor si hubiera escuchado los consejos de su madre.

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