El Príncipe Feliz. Cuento clásico para niños sobre el amor y la bondad

Cuentos con valores para niños

El Príncipe Feliz es un cuento clásico escrito por el afamado autor Oscar Wilde. Es un bello pero también triste cuento que trata sobre el amor y la bondad. A pesar de no tener un final feliz al más puro estilo de los cuentos infantiles, es un relato que puede servirnos para hablar con nuestros hijos de aquellas personas que son capaces de darlo todo a los demás sin pensar en las consecuencias que ello tiene para sí mismos. Son personas para las que el egoísmo no existe y prima el bien de los desfavorecidos antes que el suyo propio. Un ejemplo muy bonito para las demás personas.

Cuento con valores para niños: El Príncipe Feliz

Cuento, el príncipe feliz

Sobre una columna muy alta, dominando toda la ciudad, se alzaba la estatua del Príncipe Feliz. Estaba recubierta de oro fino y sus ojos eran dos grandes zafiros. 

Una noche de invierno llegó a la ciudad una golondrina y se refugió a los pies de la estatua. Cuando metía la cabeza bajo el ala, le cayó una gota de agua.

- ¡Qué raro!, pensó, No hay nubes en el cielo, y sin embargo, llueve.

Cayó una segunda gota y luego otra. La golondrina miró hacia arriba y vio que por las doradas mejillas del Príncipe rodaban gruesas lágrimas.

- ¿Por qué lloras?, le preguntó.

- Cuando estaba vivo, dijo la estatua, todo lo que veía en mi palacio era hermoso y alegre, por eso me llamaban el Príncipe Feliz. Pero ahora que ya no estoy vivo y me han colocado en este lugar tan alto, puedo ver la pobreza que hay en la ciudad y no puedo evitar llorar.

- ¿Y qué es lo que ves ahora?, preguntó la golondrina.

- Una casa muy pobre. Dentro hay una mujer bordando, y en un rincón está su hijo enfermo y hambriento. Pero la pobre, no tiene alimento que darle. Golondrina, ¿podrías llevarle el rubí de mi espada? Yo no puedo moverme de aquí.

Aunque hacía mucho frío, la golondrina aceptó y arrancando el rubí, salió volando con él en el pico. Llegó a la casa de la costurera, depositó el rubí sobre la caja de la costura de la mujer y abanicó la frente del niño con sus alas.

La golondrina volvió con el Príncipe Feliz y allí pasó la noche. Al día siguiente, le dijo al Príncipe.

- ¡Adiós! Mis compañeras me esperan para emigrar al sur.

- Por favor, golondrina, quédate, - le pidió el príncipe. Allá en una buhardilla veo a un joven escribiendo una obra de teatro para los niños. No tiene qué comer y se ha desmayado de hambre.

- Vale, me quedaré. ¿Qué debo llevarle?

- El zafiro de uno de mis ojos, respondió el príncipe.

La golondrina, con gran pesar, le arrancó el rubí del ojo al Príncipe y se fue volando a la buhardilla. Cuando el escritor volvió en sí, exclamó: 

- ¡Oh, debe ser un regalo de algún admirador! Por fin podré terminar mi obra.

Al día siguiente la golondrina quiso marcharse a tierras más cálidas, el invierno estaba cerca, pero el Príncipe volvió a pedirle un favor más para ayudar a una niña muy pobre que vendía cerillas en una plaza

- ¡Quítame el rubí del otro ojo! Me quedaré ciego pero la niña tendrá con qué calentarse.

La golondrina accedió al deseo del Príncipe y se lo llevó a la niña que corrió emocionada a entregárselo a su madre. 

Al regresar junto al Príncipe, la generosa golondrina, le dijo al generoso Príncipe: 

- Ahora que estás ciego, no podré abandonarte. Volaré por la ciudad y te contré lo que vea.

- Arranca el oro que me cubre y dáselo a los pobres, le pidió el príncipe.

La golondrina así, repartió día tras día el oro de la estatua entre los pobres de toda la ciudad y así, llegaron las primeras nieves. La pequeña golondrina cada vez tenía más frío y procuraba calentarse batiendo las alas. Un día, sintió que iba a morir, se tumbó en el hombro del Príncipe y le dijo.

- ¡Querido Prínicipe! Ya no podré ir a Egipto, voy a morir, solo quiero decirte lo mucho que te amo. 

La golondrina besó al príncipe y cayó muerta a sus pies. En ese mismo momento, se escuchó un crujido dentro de la estatua del príncipe. Era su corazón de plomo, partido en dos.

Al día siguiente, el alcalde de la ciudad mandó retirar aquella estatua gris tan fea y la mandó fundir, sin embargo, todo quedó reducido excepto el corazón de plomo que quedo intacto y partido.

En ese momento, Dios le pidió a uno de sus ángeles que le llevara las dos cosas más valiosas de la ciudad. El ángel no lo dudó, le llevó el corazón de plomo y el cuerpo de la golondrina. 

- Has elegido bien, dijo Dios, ambos representan el amor y la bondad.

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Comentarios (1)

10 sep 2020 06:42 hola

hola