El soldadito de plomo. Cuentos cortos de Navidad para niños

Versión corta del cuento navideño infantil de Hans Christian Andersen

¿Has oído hablar del cuento de La Sirenita?, ¿Y el patito feo?, ¿La reina de las nieves? Todos ellos parten de la misma pluma: la de Hans Christian Andersen. Un escritor danés especializado en literatura infantil que también escribió este cuento clásico infantil: El soldadito de plomo. 

Un cuento corto de Navidad para niños que puede servirte para explicarles que la voluntad lo puede todo. Por más dificultades y obstáculos que nos plantee la vida, como le sucedió al pequeño soldadito de una sola pierna, el esfuerzo, el trabajo y la fuerte decisión, pueden hacerte conseguir lo que deseas.

Versión corta del cuento de Navidad: El soldadito de plomo

el soldadito de plomo, cuento corto de navidad

Érase una vez un pequeño ejército de soldados de plomo que eran todos hermanos porque habían nacido todos de una vieja cuchara. Llevaban uniformes rojos y azules y mosquete al hombro. Eran todos iguales menos uno, al que le faltaba la pierna, seguramente porque no había quedado plomo suficiente para terminarlo. Pero, allí estaba con los demás, orgulloso de ser un soldado de plomo.

La primera voz que oyeron en su vida fue la de un niño pequeño gritando…

-¡Soldados de plomo!

Era el regalo de cumpleaños de un niño al que le hizo una gran ilusión ver a todos esos soldaditos nuevos y relucientes. Junto a la caja con soldaditos de plomo había otros muchos juguetes, entre ellos, un enorme un castillo de cartón, un cascanueces y una bella muñeca vestida de bailarina que en posición de baile, con una pierna extendida hacia atrás y los brazos extendidos hacia el cielo.

“Qué bella”, pensó el soldadido de plomo quien además se sintió identificado con aquella muñeca ya que pensó que, igual que a él, le faltaba una pierna. “Tengo que conocerla”, se decía para sí mismo mientras no podía apartar la vista de aquella delicada bailarina que seguía con una pierna en el aire sin perder el equilibrio. 

Al llegar la noche, el niño guardó a sus nuevos soldaditos de plomo en la caja por lo que, cuando salió de la habitación y todos los juguetes comenzaron a cobrar vida, los soldados se movían inquietos dentro de la caja sin poder salir, todos menos el soldadito de plomo que se había quedado fuera, escondido mirando a la bailarina. Mientras, el cascanueces daba saltos mortales, los lápices hacían bromas y los cisnes del estanque del castillo volaban por la habitación. 

Al día siguiente, el niño corrió a jugar con sus nuevos soldaditos, pero tuvo el descuido de dejar al soldadito de plomo con una sola pierna junto a la ventana. De pronto, una ráfaga de viento abrió la ventana y el soldado salió disparado hacia la calle. Cayó desde una altura de tres pisos y fue a estamparse contra los adoquines del suelo. El niño, que lo había visto caer, corrió a buscarlo junto con su criada pero, no le pudieron encontrar.

Enseguida, comenzó a llover y, unos niños que jugaban en la calle y sí habían visto al soldadito de plomo, le hicieron un barco con una hoja de periódico vieja y lo pusieron a navegar por en canal junto a la acera. En seguida, el barco con el soldadito, desapareció por un alcantarilla y allí giró, se sacudió y pareció naufragar hasta que, se topó con una gran rata que vivía en la alcantarilla. 

Quiso detenerle porque no llevaba pasaporte pero, la corriente iba tan fuerte que la rata y sus secuaces no pudieron alcanzarle. Y así fue como, el barco siguió navegando hasta que salió de la alcantarilla directo al gran canal.

Allí, el pequeño barco de papel comenzó a naugrafar, el agua le llegaba hasta el cuello, el papel se volvía cada vez más flácido y, mientras caía en el canal pensó en aquella bailarina a la que nunca volvería a ver. 

Pero allí no habían acabado las aventuras del soldadito, caía en las aguas del canal cuando un pez que pasaba por allí abrió la boca y se lo tragó. Allí estaban, en el interior de aquel pez cuando algo lo arrastraba con fuerza. De repente, vio algo que atravesó al pez como un relámpago y volvió a ver la luz del día. 

- ¡El soldadito de plomo! - escuchó decir a la criada

Estaba en el mercado y había comprado justo el pez. que había sido capturado, llevado al mercado, comprado y llevado a la cocina de la casa del niño propietario de los soldaditos. 

Cuando apareció de nuevo en la habitación de los juguetes, todos querían escuchar las aventuras del soldadito de plomo. Pero él, solo podía admirar conmovido a la bella bailarina que parecía haberse alegrado de su vuelta. 

Cuando todo parecía ir bien, el niño agarró el soldado de plomo y lo arrojó a la chimenea, no había razón para ello, solo lo hizo. Y allí el soldado comenzó a derretirse mientras miraba a la bailarina apenado por su suerte. 

Entonces la puerta se abrió de golpe. Una ráfaga de viento golpeó a la bailarina que voló directamente al fuego con el soldado, se encendió en un instante y desapareció. El soldadito de plomo se derritió, todo en un bulto junto a la bailarina. Al día siguiente, cuando un criado recogió las cenizas, lo encontró en forma de un pequeño corazón de hojalata. 

Moraleja del cuento el soldadito de plomo

¿Qué le ha parecido a tu hijo el cuento del soldadito de plomo? Es posible que se haya quedado un poco triste por el final del soldadito. Después de todas sus aventuras, termina fundido en una chimenea. Sin embargo, de toda lectura se puede extraer una enseñanza y, en este caso, Hans Christian Andersen nos explica que la voluntad de una persona lo puede todo.

El soldadito de plomo termina siendo un corazón de plomo porque, ni las caídas, las ratas, los naufragios o los peces pudieron acabar con el amor que sentía por la bailarina. 

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