El mito japonés Amaterasu, la diosa del sol
Cuento mitológico para los niños
Publicado por Patricia Fernández, bloguera y periodista
Creado: 13 de abril de 2026 14:15 | Modificado: 14 de abril de 2026 12:06
La mitología japonesa está llena de dioses, espíritus, criaturas mágicas y relatos que explican el origen de la luz, la naturaleza, las estaciones o las emociones humanas. Sus historias tienen una belleza especial, porque mezclan poesía, misterio y enseñanzas sencillas que los niños pueden comprender muy bien. Un cuento mitológico para los niños no solo entretiene, también ayuda a hablar de la tristeza, la alegría, la convivencia, el valor de la luz y la importancia de que cada uno aporte lo mejor de sí mismo al mundo.
Índice
1. Amaterasu, la diosa que devolvió la luz al mundo2. Moraleja del cuento de Amaterasu
3. Preguntas de comprensión lectora
Amaterasu, la diosa que devolvió la luz al mundo
Hace muchísimos años, según cuenta la mitología japonesa, en el cielo vivía Amaterasu, la gran diosa del sol. Era luminosa, serena y bondadosa. Gracias a ella, el mundo amanecía cada día, los campos crecían, las flores se abrían y los hombres podían trabajar, jugar y vivir con alegría.
Amaterasu tenía un hermano llamado Susanoo, dios de las tormentas y del mar. Susanoo era fuerte, impulsivo y, a veces, muy difícil de controlar. Mientras Amaterasu iluminaba el cielo con calma, él se dejaba llevar por su enfado y provocaba desórdenes allá donde iba.
Un día, Susanoo subió al cielo para visitar a su hermana.
-Hermana Amaterasu -dijo con una sonrisa extraña-, he venido a verte.
Amaterasu lo observó con prudencia.
-Me alegra recibirte, Susanoo, pero deseo que vengas en paz. El cielo necesita calma.
-Claro que sí -respondió él, aunque en sus ojos brillaba la inquietud.
Al principio pareció comportarse bien, pero poco a poco empezó a causar problemas. Pisoteó los campos celestiales, asustó a los servidores de la diosa y rompió el orden que reinaba en aquel lugar. Amaterasu intentó mantenerse tranquila, pero cada vez estaba más triste y decepcionada.
-¿Por qué haces esto? -le preguntó con dolor-. Aquí todos vivimos en armonía.
-Porque nadie me entiende -contestó Susanoo, levantando la voz-. Todos admiran tu luz, pero nadie mira mi fuerza.
Amaterasu bajó la cabeza. No quería discutir. Quería paz. Pero Susanoo, dominado por su rabia, cometió una acción tan terrible y tan violenta que la diosa del sol ya no pudo soportarlo más. Herida en el corazón, decidió esconderse en una cueva profunda llamada Ama-no-Iwato.
Antes de entrar, dijo en voz baja:
-Si el mundo no sabe cuidar la luz, entonces la luz desaparecerá.
Y entró en la cueva. Después, cerró la enorme roca de la entrada.
En ese mismo instante, el cielo quedó oscuro.
La mañana no llegó. Los campos dejaron de brillar. Los ríos parecían más fríos. Los pájaros no sabían cuándo cantar. Los hombres encendían fuegos para no tener miedo, y hasta los dioses sentían preocupación.
-¿Qué ha pasado? -preguntaban unos a otros.
-Amaterasu se ha escondido -respondían con angustia-. Sin ella, el mundo vive en tinieblas.
Los dioses se reunieron a la entrada de la cueva. Uno tras otro intentaron convencer a Amaterasu.
-¡Amaterasu! -llamó uno-. Vuelve, por favor. El cielo está triste sin ti.
Desde dentro, la diosa respondió:
-Estoy cansada. Mi corazón también está oscuro.
Otro dios dio un paso adelante.
-Todos te necesitamos.
-Entonces debisteis proteger la paz -contestó ella.
Los dioses se miraron sin saber qué hacer. Ninguna súplica parecía bastante. La oscuridad seguía extendiéndose y el mundo estaba cada vez más silencioso.
Entonces apareció Ame-no-Uzume, diosa de la alegría, la danza y la risa. Tenía una idea distinta.
-Llorando no lograremos que salga -dijo-. La luz no siempre vuelve con tristeza. A veces vuelve con fiesta.
Los demás la miraron sorprendidos.
-¿Qué propones? -preguntó uno de ellos.
Uzume sonrió.
-Hagamos que la cueva escuche la felicidad del mundo.
Los dioses colocaron un gran espejo frente a la entrada, adornaron los alrededores con joyas y ramas sagradas, y prepararon una celebración. Después, Ame-no-Uzume empezó a bailar de una forma divertida, exagerada y alegre. Daba vueltas, movía los brazos, zapateaba con energía y hacía gestos tan graciosos que todos los dioses comenzaron a reír.
-¡Ja, ja, ja! -retumbó la risa en el cielo.
-¡Más fuerte! -dijo Uzume-. ¡Que la cueva nos escuche bien!
Dentro, Amaterasu frunció el ceño.
-¿Cómo es posible? -se preguntó-. Si yo no estoy, el mundo debería estar triste. ¿Por qué se oyen risas?
La curiosidad pudo más que su pena. Muy despacio, se acercó a la entrada y habló desde dentro:
-¿Qué ocurre ahí fuera?
Uzume respondió con voz alegre:
-Ha aparecido una diosa más brillante que tú, y todos estamos celebrándolo.
Amaterasu se sorprendió.
-¿Más brillante que yo?
Movida por la curiosidad, apartó un poco la roca y asomó el rostro. En ese momento vio el espejo. Pero no sabía que lo que contemplaba era su propia imagen: luminosa, hermosa, radiante incluso en medio de la tristeza.
-¿Quién es esa diosa? -preguntó, admirada.
-Acércate y mírala mejor -respondió Uzume suavemente.
Amaterasu salió un poco más para observar. En ese instante, uno de los dioses apartó la roca del todo y la luz volvió a extenderse por el cielo y por la tierra.
Los campos recuperaron su color. Los pájaros cantaron otra vez. Los hombres respiraron aliviados. El mundo entero despertó de la oscuridad.
Amaterasu miró a los dioses. Ya no veía burla en sus rostros, sino esperanza.
-¿De verdad me habéis echado de menos? -preguntó.
-Muchísimo -respondieron todos a la vez.
Uzume se acercó sonriendo.
-La luz que das al mundo es única. Pero incluso la luz necesita cariño para no apagarse.
Amaterasu comprendió entonces que esconderse para siempre no curaría su dolor, aunque también supo que el desorden y la violencia no podían tolerarse. Los dioses prometieron proteger mejor la armonía del cielo, y Susanoo, castigado por su comportamiento, tuvo que marcharse y aprender de sus errores.
Desde aquel día, cada amanecer recuerda el regreso de Amaterasu, la diosa del sol.
Moraleja del cuento de Amaterasu
La moraleja principal de esta historia es que la alegría, la empatíay la inteligencia pueden devolver la luz cuando parece que todo se ha apagado. También enseña que nuestras acciones afectan a los demás. Susanoo actúa con egoísmo y provoca dolor, mientras que Uzume busca una solución creativa y amable.
Este cuento mitológico para los niños recuerda además algo importante: todos tenemos momentos de tristeza o de cansancio, como le ocurre a Amaterasu. A veces necesitamos tiempo, pero también necesitamos a personas que nos acompañen con cariño. No siempre se ayuda insistiendo o mandando. Muchas veces se ayuda comprendiendo, escuchando y trayendo un poco de alegría.
Otra enseñanza bonita es que cada persona tiene una luz propia. Amaterasu ilumina el mundo, pero por un momento olvida su valor. El espejo le devuelve su imagen y le ayuda a recordar quién es. Eso también puede explicarse a los niños: cuando uno se siente triste o inseguro, necesita que los demás le recuerden todo lo bueno que lleva dentro.
Preguntas de comprensión lectora
1. ¿Quién era Amaterasu en la mitología japonesa?
2. ¿Por qué decidió esconderse dentro de la cueva?
3. ¿Qué ocurrió en el mundo cuando Amaterasu dejó de salir?
4. ¿Cómo intentaron los dioses convencerla al principio?
5. ¿Qué idea tuvo Ame-no-Uzume para hacer salir a Amaterasu?
6. ¿Para qué colocaron un espejo frente a la cueva?
7. ¿Qué vio Amaterasu cuando asomó al exterior?
8. ¿Qué enseñanza nos deja el comportamiento de Susanoo?
Película familiar recomendada
9. ¿Qué valores transmite este cuento?
10. ¿Crees que Amaterasu hizo bien en esconderse? Explica tu respuesta.

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