¿Crees que sois unos hiperpadres?

Queremos ser los mejores padres y madres y, por supuesto, tener los mejores hijos. Incluso, seguro que conoces a padres que desean con todas sus fuerzas tener hijos perfectos. Entonces…¿somos unos hiperpadres? Resuelve este sencillo test para saberlo.

Cuando hablamos de hiperpaternidad hacemos referencia a aquellos padres y madres que practican una “crianza exagerada”, en la que la obsesión por la perfección y su dedicación a los hijos juega un papel protagonista. Eva Millet, periodista y escritora barcelonesa, definió el término en su libro ‘Hiperpaternidad’ (Plataforma Editorial) como "un fenómeno de crianza que se caracteriza por una atención excesiva a los hijos. Los padres entienden que, para ser unos buenos padres, han de estar pendientes de los hijos de una forma exagerada, resolviendo los problemas, anticipándose a ellos y haciendo las cosas en su lugar. En vez de criar y educar a los hijos, parece que estamos gestionándolos. Impiden que los hijos se enfrenten a sus miedos".

¿Cómo se comportan los hiperpadres?

Los hijos se convierten en el centro de la vida de sus padres, son un reto personal y están dispuestos a darles todo (y más). A priori, no debería parecer algo perjudicial para su educación, sin embargo, la línea que separa el ser unos padres preocupados o dejarse seducir por la hiperpaternidad es demasiado fina. Ejercer una crianza centrada en estar siempre encima de ellos, evitando su sufrimiento y resolviendo sus problemas, desembocará, irremediablemente, en la sobreprotección de los niños. ¿Y qué sucede cuando educamos a nuestros hijos en la sobreprotección? Que estaremos educando niños miedosos, dependientes y con poca (o ninguna) tolerancia la frustración. En definitiva, una generación de niños y niñas frágiles.

La sociedad actual parece querer imponer la necesidad de ser padres perfectos y tener hijos perfectos, generando una presión continua en nuestro día a día. Tal es esta presión que, a menudo, los hijos de los hiperpadres no disponen del suficiente tiempo libre para jugar, o incluso aburrirse, algo que es fundamental para su desarrollo. Quieren desarrollar tanto sus capacidades que les apuntan a infinidad de actividades extraescolares, academias, se vuelcan con la estimulación temprana y que sus calificaciones en todas las materias sean excelentes es una obligación. Las agendas de estas familias están tan repletas que actividades programadas poco espacio dejan a la improvisación, a ese ensayo-error que tanto ayuda al propio aprendizaje de los niños.

¿Cómo evitar caer en la hiperpaternidad?

Lo primero que debemos asumir es que ni nosotros somos padres o madres perfectos, ni nuestros hijos lo son. Y lo mejor es que… ¡no tenemos por qué serlo! No podemos, además, volcar sobre ellos nuestros frustraciones personales: “aquello que yo no logré, quiero que lo consigan mis hijos”. Ellos no son nosotros y sus anhelos y prioridades no tienen por qué coincidir con las nuestras, por lo que no debemos imponerlas.

Querer a nuestros hijos implica querer darles lo mejor, pero no es sinónimo de estar encima de ellos todo el tiempo. Debemos dejarles más a su aire, dejar de agobiarlos continuamente, de exigirles llegar a todo lo que consideramos necesario para que sean personas de provecho. Y con ello, debemos recordar que no estamos desatendiendo a nuestros hijos.  Nuestra labor será enseñarle a encontrar todas las herramientas necesarias para afrontar las dificultades, con amor, dedicación y respecto hacia sus propias experiencias, ayudándole a aprender de sus errores. ¡Y de los nuestros!

¿Quieres averiguar si practicas la hiperpaternidad? Resuelve este sencillo test y descúbrelo.

Patricia L. González
Redacción Conmishijos.com

Pregunta (1/5)

¿A menudo estás en desacuerdo con los profesores de tus hijos?

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