Entrevista a Eva Millet

Periodista y escritora

“La lectura es un regalo, porque es una fuente de placer, entretenimiento y conocimiento inigualable”.

Periodista y escritora barcelonesa, autora de varios libros sobre educación infantil. Escribe a partir de sus experiencias y ha conseguido gran reconocimiento a partir de la creación de dos conceptos relacionados con la sobreprotección infantil: hiperpaternidad e hiperniños. Conferenciante y colaboradora, entre otros, del diario La Vanguardia, recopila sus reportajes y aprendizajes en su blog personal educa2.info. Tuvimos una conversación con ella para conocer más sobre su trayectoria y recomendaciones.

¿Qué te llevó a interesarte e iniciar profesionalmente en el mundo de la educación?

Soy periodista y madre (tengo dos hijos, niño y niña, nacidos en 2002 y 2005), como no soy una corresponsal de guerra, escribo de lo que veo a mi alrededor y me parece interesante. Cuando me convertí en madre empecé a ver cosas muy curiosas en el modo en el que mi entorno (¡y yo misma!) estábamos educando a nuestros hijos. Me sorprendió la sobreprotección, la obsesión de supervisar al hijo constantemente, la comparación de los hijos y la competencia indisimulada entre familias. Me empecé a topar también con madres que se autodenominan “de apego” o “respetuosas” porque practicaban una serie de cosas determinadas (implicando que tu no lo eras porque no hacía esto o aquello). Y, a medida que mis hijos crecían, me asombraba también la oferta, cada vez más sofisticada y costosa, de extraescolares, viajes, ‘experiencias mágicas’ y cursos para niños. Me sorprendía que mis hijos tuvieran amigos, muy pequeños, sin una tarde libre para jugar en el parque. ¡La hiperactividad! Incluso en vacaciones.

Me quedaría muy contenta si gracias a mis libros, artículos y charlas algún padre o madre logra relajarse y entender que la crianza es un proceso a largo plazo.

También, una persona muy cercana a mí que trabaja con estudiantes universitarios estadounidenses que vienen a Barcelona me contaba sobre su experiencia con ellos. Son adultos que supuestamente están muy preparados, pero me llamaba la atención su falta de autonomía y su necesidad, casi constante, de supervisión ante cualquier problema. El caso más célebre es sobre una joven que se quedó encerrada en un ascensor del centro de Barcelona y llamó a su madre a Florida para que le resolviera la situación. Son los “hiperniños” a los que he dedicado mi segundo libro.

Así, empecé a publicar en suplementos del diario La Vanguardia y pensé que sería una buena idea montar un blog (www.educa2.info) recopilando mis reportajes y otras noticias interesantes que ayudarán a educar. Uno de los reportajes que más éxito tuvo fue uno dedicado a la hiperpaternidad, titulado “¿Les hacemos demasiado caso a los hijos? (https://bit.ly/2K6JOwq) Ahí se gestó mi primer libro y, hasta ahora.

¿Cuál consideras que es tu misión dentro de este ámbito?

No considero que tenga una misión, en absoluto. Pero me quedaría muy contenta si gracias a mis libros, artículos y charlas algún padre o madre logra relajarse y entender que la crianza es un proceso a largo plazo en el que no se puede controlar todo y que estamos en un entorno hipercompetitivo que nos complica aún más la tarea, con una oferta inacabable que nos inclina a hacer de nuestros hijos lo que queramos. Y si, gracias a esta conciencia, logró contribuir a que los críos jueguen más —que es la actividad más enriquecedora de la infancia, su patrimonio y su forma de vida—, y no estén de extraescolar en extraescolar ni todo el día frente a las pantallas, pues me siento aún más contenta.

Al actuar como secretarios (...) de nuestros hijos lo que estamos haciendo es arrebatándoles un proceso clave: la adquisición de autonomía.

Has desarrollados dos conceptos muy importantes ligados a la sobreprotección de los padres hacia los hijos, hiperpaternidad e hiperniños, ¿cuál crees que son las consecuencias negativas de esta inclinación?

La primera es el estrés, que afecta seriamente al bienestar familiar. La segunda es la pérdida de la seguridad, ya que al actuar como secretarios, guardaespaldas, mánagers, chóferes y asistentes personales de nuestros hijos (las muchas caras de la hiperpaternidad), lo que estamos haciendo es arrebatándoles un proceso clave: la adquisición de autonomía. De esta manera, los hiperniños (o hiponiños, como me señaló un psiquiatra) tienen, por un lado, una inflada noción de ellos mismos porque desde críos les han dicho que son “lo más” y se les ha dado y consentido todo (la hiperpaternidad implica una inversión económica fuertísima). Por tanto, se sienten muy especiales y consideran que están destinados a grandes gestas, pero, por otro lado, tienen el ‘yo no puedo hacerlo sin mis padres’ incorporado. No se sienten autónomos. Esto es una combinación un poco perversa que, entre otras cosas, genera mucha ansiedad.

Hay muchos padres que no son conscientes de su comportamiento sobreprotector, ¿qué herramientas crees que pueden utilizar para identificarlo?

Todos somos un poco hiperpadres (yo mucho más hipermadre que lo fue mi madre conmigo), pero hay grados. ¿Cómo identificarlo? Pues preguntándonos algo tan básico como: ¿es necesario esto que le doy/compro/hago con mi hijo? En mi primer libro mi editora me encargó un test para determinar la intensidad de la hiperpaternidad de cada uno. Son 30 preguntas pero estas son las 5 que puntúan más alto:

  • Antes de que nacieran, ¿tenía ya un plan trazado para las vidas de sus hijos?

  • ¿Suele hablar en plural cuando se refiere a sus hijos?

  • ¿Les ayuda (o hace) los deberes con ellos por sistema?

  • ¿Ha excusado alguna vez a sus hijos diciendo «es que tiene una baja tolerancia a la frustración»?

  • ¿Discrepa a menudo con maestros, entrenadores, abuelos y otros educadores de sus hijos?

Siempre digo que si han contestado que «sí» a las cinco preguntas, ¡han de comprar mi libro!

A mí, como a tanta gente, leer me hizo y me hace muy feliz. Solo por ello hay que seguir fomentando la lectura.

Además, eres de autora de una novela infantil, La última sirena https://bit.ly/2I0bvoq¿En qué medida consideras que es importante fomentar la lectura en los más pequeños?

El que te guste la lectura es un regalo, porque es una fuente de placer, entretenimiento y conocimiento inigualable. Lo sé porque de niña fui una lectora voraz y los libros me hicieron (aún me hacen) muy feliz. Desde comics como Asterix y Tintin (que aún releo), tebeos (Disney) y Enid Blyton a Guillermo Brown (el anti-hiperniño, que me descubrió el humor inglés) hasta La isla del tesoro . Mis padres eran muy lectores, mi primer libro de adulta fue Diez Negritos, de Agatha Christie. Luego vinieron Stephen King y toda la literatura de terror y fantasmas, que me fascinaba: H.P. Lovecraft, Machen, Poe y, más adelante, El señor de los anillos, que simplemente me deslumbró. Sin olvidar algunas lecturas obligadas del colegio que ahora agradezco me pusieran como Crimen y Castigo, de Dostoievsky, que es maravilloso.

A mí, como a tanta gente, leer me hizo y me hace muy feliz. Solo por ello hay que seguir fomentando la lectura. Es una felicidad relativamente barata, además.

Una casa con libros y unos padres que leen son el mejor ejemplo.

¿Qué consejos le darías a los padres para impulsar la lectura desde el hogar?

Una casa con libros y unos padres que leen son el mejor ejemplo. Mis hijos (17 y 13 años) viven en una casa con muchos libros y unos padres que leen. De pequeños siempre les leímos antes de ir a dormir cuentos maravillosos como El Gruffalo y luego ellos leyeron Tintín, Ásterix y sus primeras novelas cortas. Los suscribimos a Reporter Doc, por cierto.

¿Consejo? Mientras escribo estas líneas llevamos ocho días sin wifi en casa. Hace cinco noches que, cuando voy a darle las buenas noches, mi hija está con su libro en la cama, encantada de la vida o resignada, no lo sé, pero con un libro.

 

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